Después de un merecido tiempo de descanso, hemos comenzado este mes de septiembre. Con el comienzo del mes, se dan inicio a muchas actividades en nuestras vidas: para unos el trabajo, para otros las escuelas, institutos y universidades, para muchos actividades de deporte o formativas. Con todas ellas, también muchos regresáis a vuestra parroquia, después de haber celebrado la fe en vuestros lugares de vacaciones. Con la parroquia nos encontramos, también, con nuestra comunidad.
Providencialmente, hoy la liturgia de la Palabra nos propone diversas enseñanzas sobre la vida comunitaria.
Si tu hermano peca, repréndelo a solas
El evangelio nos habla sobre las relaciones con el hermano de comunidad que ha cometido un pecado. En nuestra sociedad nos estamos acostumbrando a estar pendientes y hablar de las vidas de los demás, la redes sociales exhiben la privacidad de las personas y nosotros, queramos o no, tendemos a hacer juicos. Pero, al mismo tiempo, cada vez somos menos capaces de corregir con caridad a un hermano que hace algo malo. Pensamos muchas veces: “¿quién soy yo para meterme en la vida de esta persona…?” En el libro de Ezequiel se nos recordaba como tenemos que ser “atalayas” para velar por la vida, el bien y la santidad de nuestros hermanos. En el Evangelio se nos daban las claves de cómo hacer esta corrección fraterna: a solas y con caridad.
Si dos de vosotros se ponen de acuerdo para pedir…
Otra de las enseñanzas, que nos regala Jesús, este domingo trata sobre la comunión en la oración, sobre el estar de acuerdo para orar. Os aseguro además que si dos de vosotros se ponen de acuerdo en la tierra para pedir algo, se lo dará mi Padre del cielo. Recomenzar el tiempo de actividad más reglada es un buen momento para revisar cómo va nuestra vida de oración. Y en esto hay una jerarquía: es más importante la oración comunitaria que la personal. En la oración comunitaria nos encontramos, sobre todo con las celebraciones litúrgicas e los sacramentos y de la liturgia de las horas. Cuidemos nuestra vida sacramental y no descuidemos la dimensión comunitaria, de celebración de familia eclesial, que tiene la liturgia. Sobre todo, convirtamos la celebración del la Misa Dominical en el centro y el acto más importante de toda la semana. Junto con la oración comunitaria buscaremos, también, ratos de intimidad con el Señor. Para descansar con él. En esta oración más íntima no olvidemos a los hermanos. Pidamos por ellos. Pongámonos de acuerdo para orar por intenciones comunes. Que la oración sea personal no quiere decir que sea privada. La oración siempre está abierta al hermano y a las necesidades de la comunidad.
Tanto en la corrección fraterna como en la oración comunitaria se manifiesta que el amor a Dios, como dice la carta a los Romanos, nos lo jugamos en nuestra forma de comportarnos con el prójimo.
Donde dos o tres están reunidos en mi nombre, allí estoy yo en medio de ellos
Todo lo que estamos hablando nos lleva a descubrir la otra de las enseñanzas de la liturgia de la Palabra de hoy. Cuando nos reunimos los hermanos en el nombre de Jesús, él se hace presente en medio de ellos. La clave de todo esto es no hacer algo juntos, sino que lo que hagamos unidos, lo hagamos “en su nombre”. Así la celebración litúrgica, la vida de caridad, la vida de familia, el trabajo en común… todo cobra una dimensión nueva. Jesús se hace presente de verdad. Es su palabra y la cumple.
Le pedimos al Señor, como hemos orado con el salmo 94, que escuchemos su voz y no endurezcamos el corazón. Que escuchemos la palabra que ha sido proclamada y no cerremos nuestras entrañas a nuestros hermanos.
La celebración de la Eucaristía es la celebración de la mayor de las presencias del Señor entre nosotros. El está en medio de nosotros cuando nos reunimos en asamblea, cuando su palabra se proclama, cuando se entrega en el Sacramento del Amor para darnos vida. Vivamos, hermanos, este encuentro con Cristo en actitud de alabanza a quien nos lo ha dado todo:
Venid, aclamemos al Señor,
demos vítores a la Roca que nos salva;
entremos a su presencia dándole gracias,
aclamándolo con cantos.
Álvaro Asensio Sagastizábal
Vicario General y Delegado Diocesano de Liturgia
————————————————————————————————————————————————————————————
El anterior contenido fue publicado en: