Decenas de sacerdotes diocesanos se han reunido esta mañana en el seminario diocesano de Monte Corbán en el tradicional retiro de Cuaresma de este curso, dirigido y animado por nuestro Obispo, D. Arturo Ros. La Cuaresma nos hace a todos una invitación a retirarnos al desierto del corazón y de la vida; también a hacer silencio y oración y volver a colocar a Dios en el centro. Para los sacerdotes es fundamental aceptar esta invitación para identificar por dónde se pueden desviar del camino marcado por el Señor.
El encuentro se ha celebrado en la iglesia del seminario, donde, en presencia del Señor, los sacerdotes participantes han podido rezar, reflexionar y vivir, por unas horas, esos momentos de desierto interior tan necesarios. D. Arturo ha impartido las dos pláticas del encuentro, relacionadas con el tiempo litúrgico en el que estamos inmersos y en las que ha compartido reflexiones y ha hecho referencia a las Escrituras en diversas ocasiones.
«Conviértete y cree en el Evangelio». Con esta frase tradicional de la Cuaresma, que está conectada de forma directa con la llamada de Jesús a la conversión y a la fe en el Evangelio: «El tiempo se ha cumplido…» (Marcos 1:15), comenzaba nuestro Obispo la primera de las pláticas de la jornada y este concepto, el de la conversión, ha sido el hilo conductor de esta. Ha enfocado esta cuestión animando a «permitir que Jesús, por el soplo imprevisible del Espíritu, defina la conversión y no nuestras expectativas», afirmando, al tiempo, que «sin apertura al Espíritu y a la sorpresa de Dios, no habrá verdadera conversión».
Ha propuesto una pregunta a los presentes: «¿Cuáles son nuestras urgencias espirituales en este inicio de Cuaresma?» y ha afirmado que, «las urgencias no se abordan desde la culpa o una visión negativa, sino como búsquedas necesarias que disponen el corazón a la gracia». En este sentido, ha definido dos urgencias principales: convertirse a la humildad y a la confianza. En lo que respecta a la primera, la ha definido como «vivir en la verdad» y ha vinculado como «inseparables» la humildad y la sinceridad. Para ello, ha propuesto a Jesús como modelo: «Somos discípulos del Humilde por excelencia». En cuanto a la confianza, ha aplicado un eje teológico clave: Dios es Padre y la conversión de la confianza es volverse a Dios, que nos ama y camina con nosotros. Ha llamado a creer y a descansar en ese amor del Padre: «¿Quién nos va a separar del amor de Dios?», se preguntó, con referencia clara a Romanos 8:35-39, que nos invita a sentir esa seguridad del creyente en el amor de Dios manifestado en Cristo.
Ha finalizado esta exposición compartiendo una idea nuclear para cualquier cristiano, que puede parecer sencilla, pero que en ocasiones olvidamos y que se nos compartía en el Evangelio del Miércoles de Ceniza (Mateo 6:1-6.16-18): «Tu Padre», un enfoque repetido por Jesús en este extracto del Evangelio sobre ayuno, limosna y oración. Parece claro que la fuerza no está en el secreto ni en la acción ritual, sino en la relación con el Padre. La recompensa verdadera es la conversión ofrecida por el Padre cuando nos volvemos a Él. D. Arturo ha mostrado su confianza en el Padre y ha instado a los sacerdotes a mostrar con la vida y la palabra que Dios es «mi Padre, tu Padre, el Padre».
Ha sido este, pues, un retiro de oración y reflexión en presencia del Señor, que sirve para reordenar las prioridades y encauzar los objetivos que, en ocasiones, en el apresurado día a día, se diluyen en lo más cercano. Que la Cuaresma nos sirva a todos para alcanzar esa conversión, para ser humildes, como el Maestro, y para seguir confiando en su amor verdadero.
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