Hay reencuentros que sirven para medir el paso del tiempo, pero sobre todo, para testificar la fidelidad a una misma causa. El pasado 14 de mayo, nuestro programa ‘Viaje en globo’ volvió a acoger a un invitado muy especial, Mons. Vicente Martín Muñoz. Para el programa, el encuentro contenía una carga simbólica innegable. Hace aproximadamente cinco años, el 29 de abril de 2021, un entonces sacerdote Vicente Martín inauguraba la andadura de este espacio; por aquel entonces lo hacía como delegado episcopal de Cáritas Española. Hoy, media década después, regresaba al mismo plató virtual portando la mitra y el báculo de obispo auxiliar de Madrid, pero con idéntica mirada hacia las periferias.
La conversación fluyó no desde la rigidez del cargo eclesiástico, sino desde la cercanía de quien se reconoce deudor de sus orígenes. El propio lema episcopal elegido por Martín, ‘Deus Caritas est’ (Dios es amor), sirvió como declaración de intenciones y punto de partida. Al ser preguntado sobre cómo asume la transición desde el activismo de Cáritas a la vida la curia, el obispo fue tajante: la vida cambia, la agenda se aprieta con visitas pastorales y gestiones administrativas, pero el hilo conductor permanece intacto.
La sensibilidad del prelado no es un barniz académico ni un mero apéndice teológico. Durante la entrevista, Vicente Martín buceó en su propia biografía para situar el nacimiento de su vocación social en el seno de su familia, en el pequeño pueblo pacense de Mirandilla. “Vengo de una familia sencilla de trabajadores. Mi padre era obrero del campo y mi madre trabajaba en el servicio doméstico”, recordó con orgullo. Fue esa escuela de la realidad, complementada más tarde con su labor como voluntario de Cáritas en el seminario y su posterior experiencia sacerdotal en las barriadas de extrema exclusión de El Gurugú y Los Colorines en Badajoz la que forjó su mística. De los más pobres, aseguró haber aprendido tres lecciones que no figuran en los manuales de teología: que la vulnerabilidad nos es común a todos, que los últimos poseen una resiliencia inquebrantable y que la exclusión no es un territorio para el optimismo ciego, pero sí el suelo más fértil para la esperanza.
El núcleo de la entrevista abordó la traducción de la Doctrina Social de la Iglesia a la vida cotidiana de las parroquias madrileñas. Mons. Martín abogó por desmantelar la falsa disyuntiva entre la asistencia urgente y la transformación estructural. Recuperando y ensanchando el célebre proverbio chino, el obispo explicó que la Iglesia no solo debe dar el pez (asistencia primaria transitoria) ni limitarse a enseñar a pescar (promoción y formación), sino que debe implicarse en conseguir los permisos de pesca y, si es necesario, limpiar el río si este baja contaminado. “Esto implica un cambio de estructuras sociales que obstaculizan la dignidad”, aseveró, defendiendo que la caridad no es una ONG interna de la Iglesia, sino su motor nuclear: “No se puede ser espiritual sin ser social, y para ser social desde el Evangelio, hay que ser muy espirituales”.
Al analizar las “heridas sociales” de la España actual, el obispo auxiliar diagnosticó una crisis que va más allá de lo puramente monetario. Apuntó al individualismo y a la desvinculación comunitaria como los verdaderos generadores de la desigualdad, lo que se traduce en un desencanto social lacerante. Al poner nombre y rostro a la pobreza del siglo XXI, Martín no dudó en señalar la precariedad laboral, la soledad no deseada de los mayores en las grandes urbes, las familias monoparentales y, de manera muy destacada, el rostro de la mujer migrante con hijos a cargo.
Fue en este bloque donde la crónica de la entrevista alcanzó su punto de mayor audacia profética y posicionamiento político-pastoral. El obispo criticó con severidad el discurso de la “prioridad nacional” defendido por ciertas corrientes políticas, calificándolo como una postura “triste, peligrosa y contraria al bien común”. En un alegato en favor de la regularización ordenada pero digna de los flujos migratorios, recordó la contradicción social de aquellos discursos que criminalizan al migrante mientras dependen de mujeres extranjeras para cuidar a sus ancianos o sostener la hostelería. Frente al concepto político de “interés general” —que a menudo representa solo el beneficio de las mayorías, dejando a las minorías “en tierra”—, Monseñor Martín contrapuso la categoría teológica y social del “bien común”.
En el segundo tramo del programa, el tono se volvió más íntimo con la entrada del religioso claretiano Jorge Domínguez, misionero al frente de la Unidad Pastoral ‘Corazón de María’, en la zona norte de la capital de España. Domínguez propuso un viaje en tres tiempos: pasado, presente y futuro. El pasado brotó con la memoria viva y la visible emoción del obispo al recordar a Monseñor José Antonio Álvarez, el obispo auxiliar con quien compartió apenas un año de ministerio y una estrecha vida en comunidad (rezando, comiendo y viviendo bajo el mismo techo) hasta su prematuro fallecimiento en octubre de 2025. El presente se vistió con los ecos del proyecto Convivium, la gran asamblea presbiteral que está repensando el modelo de sacerdote que Madrid necesita para el futuro inmediato, una archidiócesis en plena expansión que roza ya los cuatro millones y medio de habitantes y que proyecta la construcción de casi una decena de nuevas parroquias en sus nuevos desarrollos urbanos.
Finalmente, el horizonte del viaje en globo vislumbró el futuro más inmediato: la inminente visita a España del papa León XIV, programada para dentro de tres semanas, con paradas clave en Barcelona, Canarias y Madrid. Monseñor Martín, implicado en los engranajes de la organización, subrayó que más allá de la compleja logística, el verdadero reto es la preparación del corazón de los fieles. “Madrid será una ventana para toda la Iglesia de España y el mundo”, afirmó, augurando que la llegada del pontífice será un bálsamo de ánimo, revitalización de la fe y un abrazo fraterno en un momento histórico convulso y marcado por la crisis.
Tras casi cincuenta minutos de diálogo denso, transparente y exento de respuestas prefabricadas, Vicente Martín se despidió de la tripulación de Viaje en globo para reincorporarse a sus tareas en la capital, dejando en el aire una última convicción: los últimos no son un añadido al mensaje de Jesús; ir al corazón del Evangelio es, inevitablemente, encontrarse cara a cara con Cristo y con los pobres.