El obispo de Getafe, Mons. Ginés García Beltrán, ha presidido en la mañana del domingo 1 de febrero, la celebración de apertura del Año Jubilar franciscano en la parroquia San Pedro Bautista en Alcorcón.
En la multitudinaria eucaristía ha participado también el canciller secretario, Guillermo Fernández, el párroco, Juan Pedro Ortega y la comunidad franciscana junto a sacerdotes y trinitarios del arciprestazgo, así como miembros de la corporación municipal y de hermandades y cofradías.
En su homilía, el obispo ha señalado la importancia de la celebración del Año Jubilar concedido por el Papa León XIV a la orden franciscana con motivo del 800 aniversario de la muerte de San Francisco de Asís.
García Beltrán ha subrayado que la apertura del Año Jubilar ha sido «un regalo que el Señor nos ha concedido hoy a la Iglesia», al abrir solemnemente este tiempo de gracia «concedido por el Papa León XIV y ha recordado la figura del santo de Asís como «el pobre de Asís, el santo universal», que hace ocho siglos «abrazó a la hermana muerte en el encuentro definitivo con Jesucristo».
El obispo ha presentado a san Francisco como «signo de la fraternidad universal de todos los hombres y de toda la creación», destacando que su vida y su testimonio «saben a Evangelio». En este sentido, ha afirmado que el secreto de su santidad fue sencillo y radical: «Francisco escuchó un día el Evangelio y se lo creyó», una actitud que le llevó a vivirlo «sin glosa, sin explicación, con obediencia y confianza».
Mons. García Beltrán ha explicado que, a partir de esa escucha creyente, la pobreza dejó de ser para san Francisco una renuncia para convertirse en amor: «la llamó Dama Pobreza y quiso desposarse con ella como quien encuentra un tesoro escondido». Una pobreza que, según ha señalado, «es libertad, ligereza y la certeza de que solo quien no tiene nada puede poseerlo todo».
San Francisco, testigo de paz
El obispo de Getafe ha insistido también en la dimensión de paz del carisma franciscano, recordando palabras del Papa León XIV en su reciente carta a la familia franciscana: «en tiempos de división y violencia, la figura de Francisco resplandece como testigo de la paz que nace del Evangelio y que se construye con manos desarmadas y con corazón reconciliado». En esta línea, ha afirmado que san Francisco «no llevaba armas porque no tenía enemigos» y que su vida fue un reflejo de Cristo vivido con transparencia.
Finalmente, Mons. García Beltrán ha destacado que este Año Jubilar «no es solo un aniversario, sino una llamada», una invitación a volver a lo esencial del Evangelio y a dejarse alcanzar por la misma gracia que transformó la vida del santo de Asís.
La celebración ha concluido con la encomienda del Jubileo a la Virgen María, «tan amada por Francisco», para que enseñe a la comunidad de esta parroquia «a escuchar, creer y vivir el Evangelio con alegría, sencillez y corazón fraterno».
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