En la tradición católica, el día de la muerte de un santo no se ve de forma trágica, sino como su dies natalis (día de nacimiento para el Cielo). Por esta razón, cuando el papa san Juan Pablo II canonizó a san Josemaría Escrivá en el año 2002, la Santa Sede fijó el 26 de junio en el santoral universal como su fiesta litúrgica oficial. Con este motivo, esta tarde a las 20:00 horas, el obispo de la diócesis, don Sebastián Chico, celebrará una Misa en la catedral de Jaén.
Fue un 2 de octubre de 1928 cuando la providencia divina hizo que un joven sacerdote de veintiséis años recibiera en Madrid la inspiración de fundar el Opus Dei. A dos años del primer centenario de esta institución de la Iglesia, el prelado de la Obra, don Fernando Ocáriz, acaba de escribir una carta a todos los miembros y personas que participan de los medios de formación para preparar este aniversario.
Así, en la página web de la Obra (opusdei.org), se puede leer una valiosa información sobre este acontecimiento, la reciente visita del papa León XIV a España, su encíclica Magnifica humanitas, y diversos recursos para hacer oración como la meditación diaria, la lectura espiritual, los mensajes del prelado, el Evangelio del día, testimonios y entrevistas. Durante esta centuria, la Obra ha experimentado una gran expansión por todo el mundo.
Actualmente forman parte del Opus Dei alrededor de 93 600 personas, de las cuales 2122 son sacerdotes. De este total de fieles, el 60 % son mujeres y el 40 % hombres. La labor apostólica del Opus Dei está extendida en cerca de 70 países, incluyendo lugares tan diversos como Kazajistán, Japón, Sri Lanka, Rusia, Estonia, Letonia, Lituania, Trinidad y Tobago, Líbano, Jerusalén o Indonesia. Su distribución por continentes es la siguiente: África, 4 %; América, 36 %; Asia, 4,5 %; Europa, 54,5 %; y Oceanía, 1 %.
En Jaén tenemos la inmensa suerte de que san Josemaría recorrió nuestra ciudad un 2 de abril de 1945 para visitar al entonces obispo, don Rafael García y García de Castro. En aquella ocasión, aprovecharía para saludar a Jesús Sacramentado en la imponente catedral renacentista. También estuvo almorzando en el «Ideal Bar» —el actual edificio Cervantes de la calle Bernabé Soriano—, un detalle que nos sirve de vivo recordatorio cada vez que pasamos por ese lugar. Treinta años más tarde, el Señor lo llamaría a su presencia «exprimido como un limón», como invitaba a gastar de forma santa la vida, cargada de trabajo, oración y apostolado.
Las casualidades providenciales de la vida hicieron que san Josemaría trabara una honda amistad con el linarense san Pedro Poveda, quien murió mártir en Madrid durante la guerra civil española. Ninguno de los dos podía imaginar entonces que, con el paso de los años, recibirían veneración pública en la misma catedral que mandó construir san Fernando. Ambos nos animan a una vida plena y coherente, tal como expresa el punto 755 de Camino, uno de sus libros espirituales: «De que tú y yo nos portemos como Dios quiere —no lo olvides— dependen muchas cosas grandes».
El mensaje que san Josemaría recibió de Dios para servir a la Iglesia iba dirigido tanto a los laicos (98 %) como a los sacerdotes (2 %), personas que trabajan en sus ocupaciones habituales según su propio estado. Puede parecer que esta «organización desorganizada» —manifestación de espontaneidad apostólica— resulte novedosa en la historia de la Iglesia. Sin embargo, en una entrevista concedida en 1967 al corresponsal de Time (Nueva York), Peter Forbath, el fundador respondía: «La Obra aspira a promover la plenitud de la vida cristiana en medio del mundo»; y añadía que «la manera más fácil de entender el Opus Dei es pensar en la vida de los primeros cristianos».
Por eso, «la actividad principal del Opus Dei consiste en dar a sus miembros, y a las personas que lo deseen, los medios espirituales necesarios para vivir como buenos cristianos en medio del mundo». Ya sea «en el laboratorio, en el quirófano de un hospital, en el cuartel, en la cátedra universitaria, en la fábrica, en el taller, en el campo, en el hogar de familia, y en todo el inmenso panorama del trabajo, Dios nos espera cada día» (Homilía Amar al mundo apasionadamente, 8-X-1967).
Cien años, dentro de los dos mil que lleva la Iglesia desde que la fundara Nuestro Señor Jesucristo en el año 33, son pocos. Recordemos que los benedictinos trabajan apostólicamente desde el año 529; los franciscanos, desde 1209; los dominicos, desde 1216; y los jesuitas, desde 1540. En el horizonte de este centenario, la Obra se plantea desafíos y oportunidades en tres ámbitos fundamentales: familia, trabajo y formación. De esta manera, continuará sirviendo a la Iglesia como ella quiere ser servida, acompañando a quienes nos rodean con amistad y confidencia para transformar la sociedad, siendo auténticos sembradores de paz y de alegría.
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