CATÓLICOS EN MADRID – El cubo de basuraFernando Gallego

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Llegue el otro día a casa, me dijo un amigo, y no sabes lo que me encontré en la puerta: bolsas y bolsas de basura. La chica que tenemos contratada se ha ido de vacaciones y la mayor, Lucía, que tiene el encargo de llevar la basura, se le ha olvidado de hacerlo: ¡Que desastre! Había hasta cucarachas.

Cuando no hacemos limpiezas periódicas al final se acumula la basura. Al principio pensamos que es una suerte no tener que limpiar, pero después cuando vemos la cantidad de porquería nos damos cuenta del disgusto.

Lo mismo pasa con el alma. Cuando no se limpia periódicamente al final se lleva de porquería y nos da más vergüenza ir a la lavandería a decir que todo lo que vamos a echar es nuestro. Por eso te animo a que cuides tu limpieza periódicamente. Logras que la casa sea más acogedora y que estés en paz con Dios.

Date cuenta de lo impresionante que supone lavar los pecados que hasta el mismo pueblo judío se sorprende: quién puede perdonar los pecados, sino Dios. Y es que la confesión es una de las innovaciones y regalos más grandes que nos ha dado Jesucristo.

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