España ha vivido la visita del Papa León XIV durante estos días, siendo una oportunidad única para reivindicar la importancia del valor de una fe compartida, viva y abierta. Bajo el lema, “alzad la mirada”, Madrid fue la encargada de recibir a millones de personas, entre ellas, jóvenes con una sed de Dios inmensa y con las ganas de hacer ver que el mensaje de Dios es una realidad.
Este regalo del que hemos podido disfrutar, nos ha brindado momentos y palabras que deben de ser el trampolín para continuar en nuestro camino y vida de fe, empezando por lo cotidiano, sin olvidar al otro. Para muchos, fue la primera que han vivido una experiencia de este tipo y ojalá no sea la última, que el amor de Dios haya calado un poquito más en ellas. Si tuviésemos que definir a Dios con una palabra sería esta: humano. Y eso es precisamente lo que el Papa nos pide: “sed humanos”, brindemos nuestro amor, una mano amiga, un ánimo o un simple gesto, que transmita verdad, nada de máscaras, al igual que hizo Cristo. Ahí nace nuestra misión y la forma en la que debemos seguirle.
Para todo ello, se requiere de una cierta voluntad que es renovada constantemente, aunque a veces no se sienta, pero, tranquilos, yo sí lo veo: en organizar con meses de antelación una visita, en madrugar para viajar muchas horas en autobús, en hacer largas colas de espera, en cantar con personas de otros puntos del país, en pernoctar juntos al raso, en compartir vivencias, en reír y disfrutar y, en definitiva, en vivir la fe. Y ahí está Él.
¿Y qué se siente al ver al Papa? En ese corto espacio de tiempo en el que cruzas una mirada con él, notas la calidez del amor, aquella en la que Dios se hace presente entre todo el ruido y que te demuestra que sí te escucha. Esto es lo que realmente permanece, la verdad (busquémosla, así se produce el cambio), pasarán las ideologías, el odio, la indiferencia, la mentira…Y Dios siempre encontrará la forma de estar.
No es tan difícil, solo queda alzar la mirada y ver aquello que nos rodea, con el corazón abierto, confiando en el plan que nos tiene guardado para nosotros. Sin dejar que nuestra atención se desvíe por lo superficial y pasajero. Es así como se cambia la historia, es así la respuesta que nos da Dios.
Ninguno de nosotros nació siendo maestro, y ante el Señor, todos somos discípulos- Papa León XIV en su visita a Madrid en 2026.
José Alberto Suárez Torres
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