Ante una sonrisa ajena, un comentario peyorativo, una actuación no demasiado clara nos importa demasiado el qué dirán. El otro día, sin ir más lejos, me llega una interpretación muy desafortunada e ignorante sobre una persona que quiero bien. Le doy vueltas, como otras veces me ha pasado personalmente, y aunque procuro prescindir del qué dirán, me importa y mucho, demasiado.
Qué fácil reconocerse ante Dios que no vales nada, pero ante la inexactitud o la superficialidad de un juicio ajeno, salto como pantera. Si me, si te pagan en esta tierra qué dejas para la otra, ni siquiera merece la pena llevar la cuenta de las deudas perdonadas por Dios. Su misericordia vale mucho más que mi memoria.
Jesús fue un Maestro, ajeno al que dirán. Los pecados de la lengua son frecuentes y poco valorados,: mentiras, chismorreos, cotillas, aves carroñeras que comen de los demás. Es que, cuando dije, quería decir…asumir nuestras palabras es bueno e incluso una dieta sana lleva a tragarse lo que uno dice, de vez en cuando.
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