INFOMADRID – Luis Miguel Modino
La misión es un elemento importante en la vida de la Iglesia de Madrid. Una dimensión que cobra especial importancia en la Solemnidad de la Ascensión del Señor, cuando se celebra el Día del Misionero Diocesano. En este día, «la Iglesia en Madrid recuerda a los que han dejado todo por llevar el Evangelio a los lugares donde la fe no está implantada o los cristianos no tienen medios para vivir su fe», como recordaba el delegado de Misiones, el diácono Manuel Cuervo, en la Eucaristía celebrada en la Catedral de la Almudena, presidida por el vicario de Pastoral, José Luis Segovia.
Llevar la alegría de la Pascua
«Son nuestros misioneros: sacerdotes, religiosas y religiosos, seglares, incluso familias enteras, que, dejando su vida estable y segura en Madrid, han oído el mandato del Señor», señalaba el delegado de Misiones. Movidos por «un gran amor a Dios y a los más necesitados han ido donde la Iglesia les ha enviado a llevar la alegría de la Pascua», decía Manuel Cuervo.
En esta celebración, como es costumbre a lo largo de los años, 14 misioneros han recibido la cruz que les recuerda que son enviados a llevar el anuncio de que Cristo ha resucitado y quiere encontrarse con todos los hombres. Han recibido su envío en un día que el vicario de Pastoral ha definido como «el comienzo de una nueva presencia». Cristo entrega el mundo a los discípulos misioneros.
Más de 500 misioneros en 84 países
Un día para recordar «a tantos madrileños que han sido enviados a tierras de misión, y que al mismo tiempo le pidamos al buen Dios, siga suscitando vocaciones misioneras en nuestros jóvenes», afirmó José Luis Segovia, que recordó a «esos más de 500 hombres y mujeres, sacerdotes, religiosos, religiosas, contemplativos, contemplativas, seglares también, de diversas instituciones, congregaciones, institutos, carismas de la Iglesia que hacen presente la buena noticia de Dios en 84 países de todos los que continentes».
Comentando el texto de los Hechos de los Apóstoles leído en la primera lectura, que ve como un programa de vida, hizo ver que «Jesús no promete el poder, ni prestigio, ni seguridades, ni siquiera, y eso seguro que a todos nos fastidia un poco más, no nos promete el éxito, nos promete el Espíritu y nos encomienda la misión». Y les llama a no quedarse detenidos en el recuerdo, sino a volver a la vida, caminar, anunciar, servir, pues «eso es la esencia del ser misionero porque un misionero es el que ha dejado de mirar al cielo para empezar a descubrir que en cierta medida cachitos de cielo comienzan ya cuando el Evangelio, toca la tierra: cuando una persona es escuchada, cuando una comunidad recibe educación, cuando un enfermo es cuidado, cuando se recupera la esperanza, cuando a los pobres se les anuncia la noticia del Evangelio».
En palabras de José Luis Segovia, «la historia de nuestra Iglesia está llena de hombres y mujeres que tomaron en serio este mandato de Jesús», citando ejemplos diversos de las labores de los misioneros, que más allá de actitudes heroicas, destacan por «tratar de parecerse a Jesús y transparentar su esperanza, caminar con los últimos, vivir con sencillez evangélica, sin hacer ruido». Algo que interpela a todos, también a los no creyentes, que se admiran ante la misión cuando es vivida con radicalidad, pues «expresa como nada ni como nadie el amor, la generosidad y la gratuidad que son atributos de nuestro buen Dios», enfatizó.
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