CATÓLICOS EN MADRID – La libertad de las vasijas de barroSin Autor

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Claves de santidad en el Stade de France

Por Eloy Asenjo Carpintero

Nos venden que la libertad es hacer lo que nos da la gana, pero la realidad es que muchas veces terminamos atados a las pantallas, al qué dirán y a una profunda soledad. Frente a eso, en su reciente encuentro en el Stade de France, el Papa León XIV dejó a un lado los discursos formales para proponerles a los jóvenes una ruta de altura.

Agarrándose a san Pablo, el Pontífice nos sacudió con una verdad luminosa: la santidad no es un listón imposible para almas rígidas, sino una aventura de libertad auténtica que se juega en tres verbos de alto voltaje: huir, tender y luchar.

Vivimos rodeados de pantallas y redes que prometen la felicidad al instante, pero que casi siempre dejan una sensación de soledad tremenda. Frente a ese señuelo de un bienestar hueco que nos empuja a «tenerlo todo pero a no ser nadie», la propuesta del Papa empieza por el primer paso: huir. No se trata de escapar cobardemente de la realidad, sino de plantar cara y rechazar el orgullo, la vanidad y esa avaricia que devora los vínculos con los demás sin dejar nada bueno. Solo cuando uno se quita de encima esas cadenas invisibles puede respirar de verdad y experimentar la libertad que viene de Cristo.

Una vez limpio ese terreno por dentro, la vida cristiana toma impulso con el segundo verbo: tender. No vale con quedarse cruzados de brazos evitando lo malo; la libertad madura cuando uno elige el bien de verdad, que no es una teoría bonita, sino el rostro del amor hecho carne. En ese entrenamiento constante hacia lo bueno —del que nos dejó ejemplo el beato Marcel Callo—, los grandes valores de la justicia y la fraternidad recuperan su sentido auténtico. Dejan de ser palabras bonitas para quedar en carteles y se convierten en decisiones valientes de alguien que apuesta por la verdad.

Por último, el Papa nos llama sin rodeos a la lucha. Una batalla que no tiene nada que ver con imponerse a la fuerza ni con la violencia, sino con el buen combate de la fe. Mirando el coraje de santa Juana de Arco en suelo francés, el Pontífice nos recuerda que la única arma del cristiano es un amor que se entrega hasta el final. Con la ayuda de la gracia y arropados por los santos, descubrimos que la libertad de las vasijas de barro consiste precisamente en eso: en aceptar nuestra fragilidad no como un fallo, sino como el sitio exacto donde la misericordia de Dios vence y custodia un tesoro gigantesco, convirtiendo cualquier miedo en una esperanza firme.


 

Eloy Asenjo Carpintero

(Madrid, 1965) es Licenciado en Ciencias Físicas por la Universidad Autónoma de Madrid (1988) y docente de Enseñanzas Medias en las áreas de Matemáticas, Física e Informática. Con experiencia como consultor en e-learning e implantación de tecnologías educativas, actualmente imparte clases en el Colegio María Teresa de Alcobendas y desarrolla recursos didácticos interactivos para la enseñanza de las ciencias en Secundaria y Bachillerato.

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