CATÓLICOS EN MADRID – «¿Qué tierra encuentra Cristo en mí?»Sin Autor

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Hoy, XV Domingo del Tiempo Ordinario, Jesús nos presenta la parábola del sembrador. La semilla es siempre buena. La diferencia está en la tierra que la recibe. Dios habla, pero el fruto depende también de cómo lo escuchamos.

1️⃣ La Palabra de Dios no es una opinión más entre tantas. Isaías afirma que sale de la boca de Dios y cumple siempre su misión. Puede tardar en germinar, pero nunca vuelve vacía.

2️⃣ Dios actúa como la lluvia. No hace ruido, no fuerza la tierra ni arranca inmediatamente el fruto. Penetra poco a poco, ablanda el corazón y prepara una vida nueva.

3️⃣ El sembrador siembra con una generosidad sorprendente. No reserva la semilla únicamente para la tierra buena. La arroja también sobre caminos, piedras y abrojos. Dios no se cansa de ofrecernos su gracia.

4️⃣ El borde del camino representa el corazón endurecido. Se escucha la Palabra, pero no se le permite entrar. Todo resbala. El alma termina impermeable a Dios.

5️⃣ El terreno pedregoso es el entusiasmo sin raíces. Se recibe el Evangelio con alegría, pero se abandona cuando llegan las dificultades. La fe no puede vivir solo de emociones.

6️⃣ Los abrojos son los afanes, las preocupaciones y la seducción de las riquezas. No siempre rechazamos a Dios directamente. A veces dejamos que mil cosas pequeñas lo ahoguen lentamente.

7️⃣ La tierra buena no es una persona perfecta. Es quien escucha, comprende, guarda la Palabra y permite que Dios transforme su vida. La santidad comienza por escuchar de verdad.

8️⃣ San Pablo recuerda que toda la creación gime con dolores de parto. También nosotros sufrimos y esperamos. Pero el dolor cristiano no es una agonía sin sentido: es una espera orientada hacia la gloria.

9️⃣ Los sufrimientos presentes no tienen la última palabra. Dios está preparando la plena libertad de sus hijos y la redención de nuestro cuerpo. La esperanza cristiana abraza también nuestra historia concreta.

🔟 Hoy conviene preguntarnos: ¿qué tierra encuentra Cristo en mí? ¿Un camino endurecido, un corazón superficial, una vida ahogada por preocupaciones o una tierra disponible para dar fruto?

La semilla ya ha sido sembrada. Dios sigue hablando. No culpemos a la semilla ni al sembrador. Pidamos un corazón humilde, profundo y perseverante, capaz de dar fruto para la vida eterna.

@SacerdosMariae

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