CATÓLICOS EN MADRID – TempusJavier Pereda Pereda

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El santoral cierra el año con san Silvestre, que durante su papado convirtió al emperador Constantino y formuló el Credo de Nicea (325), que definió la divinidad de Jesucristo. Desde hace un siglo, en distintos lugares del mundo, se despide el año con una carrera popular de deportistas, como la tradicional “vallecana” en Madrid.

El transcurso del tiempo, de la vida, ha llevado a los hombres a reflexionar sobre este ineluctable hecho. Con la expresión “Memento mori”, que se usaba con frecuencia en la Edad Media, se recordaba una realidad inexorable: la fugacidad de la vida, la muerte de los hombres. Tiene su origen en la Antigua Roma, cuando el general desfilaba victorioso, un siervo tenía el encargo de susurrarle de forma repetida al oído, para que no incurriese en la soberbia y se creyera un dios omnipotente: “¡Mira tras de ti! ¡Recuerda que eres un hombre!”.

Si “Veinte años no son nada”, según el icónico tango “Volver” de Carlos Gardel, otro tanto sucede con cuatro veces esa cifra: lo que suele durar una vida.

En la época de la literatura judía (siglos X-VIII a.C.) hasta el exilio de Babilonia, se refleja la sabiduría de la cultura persa, y en el Libro de Job del Antiguo Testamento, se constata estas imágenes poéticas: “el tiempo se escapa como la nube, como una sombra o como las naves”.

El poeta precristiano Virgilio acuñó la locución latina “tempus fugit”, traducido como el tiempo huye, el tiempo se fuga, el tiempo vuela o el tiempo es fugaz. El poeta lírico Horacio se permite dar un paso más: Si “tempus fugit, carpe diem”, si el tiempo vuela, aprovechemos la ocasión y el momento. Se ha interpretado esta versión de aprovechar a tope el momento, de forma negativa, siguiendo el pensamiento hedonista del filósofo griego Epicuro: “comamos y bebamos que mañana moriremos”; pero su verdadera acepción es positiva, porque la inevitabilidad de la muerte lleva a vivir con mayor plenitud el momento presente.

Unos cuantos siglos antes, en 701 a.C., el profeta Isaías criticaba la falta de arrepentimiento del pueblo judío, pues estando asediado y a punto de la muerte, “el Dios de los ejércitos hizo un llamamiento al llanto y al duelo, a raparse el pelo y vestirse de saco. Sin embargo, ¡hala!, alegría y algazara, a matar vacas, a degollar ovejas, a comer carne y a beber vino: Comamos y bebamos que mañana moriremos”.

Esta expresión le da la vuelta Pablo de Tarso a los de Corintio, porque les explica que, si Jesucristo no hubiera resucitado, la vida sería vana, carecería de sentido trascendente y no tendría esperanza futura. Por eso aconsejaba: “Tempus breve est”, porque es corto el tiempo que tenemos para querer a los demás, para hacer cosas buenas.

Dicho de otra forma, por el escritor Dostoievki en “Los hermanos Karamázov”: “Si Dios no existe, todo está permitido”. Solzhenitsyn lo utilizaría para criticar el nihilismo y la pérdida de fundamento moral que surge de la ausencia de un orden trascendente, refiriéndose al régimen soviético. “El libro negro del comunismo” de Stéphane Courtois establece que el régimen comunista ha matado a cien millones de personas.

Esta responsabilidad de hacer fructificar los talentos recibidos, de aprovechar el tiempo, nos invita a hacer balance de lo bueno y de lo malo, para rectificar y corregir el rumbo de nuestra vida. Los verdaderos protagonistas y constructores de la historia somos cada uno de nosotros, a quienes nos toca, con nuestra vida coherente, contribuir a la paz y a la alegría, a contribuir con nuestro trabajo a la transformación de la sociedad y del mundo.

Sería una omisión grave dejar que el bombardeo político marque la agenda de nuestra biografía, pues en ocasiones estas ideologías resultan parciales y dibujan panoramas negativos.

En este año pasado podemos hacer recuento de todos los aspectos positivos que hemos experimentado. Ahí tenemos la beatificación de los 124 mártires de Jaén. Que nada ni nadie nos robe la esperanza. Se presentan por delante 52 semanas, en donde surgen retos apasionantes, a modo de prueba de obstáculos, en donde podemos empeñarnos en ser mejores personas.

Ante la polarización social, un propósito podría ser entrenar la comprensión y el respeto a la libertad y las ideas de los demás. Como dice el proverbio: El tiempo es oro, pero sobre todo es gloria.

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