CATÓLICOS EN MADRID – Tener una madre es tener un tesoroSin Autor

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Todos nos llenamos de ternura al pensar en esa persona que nos lleva acompañando toda la vida y que lo hará hasta su último momento, nuestra madre. La mujer que con cariño nos dio su mano para caminar, la que con paciencia nos educó, la que con dulzura nos consolaba el llanto, y la que con ilusión nos enseñó a rezar. Una madre católica es el mayor ejemplo de la alegría en el servicio a los demás.

Ella es la que en sus últimos años de juventud te vio nacer, la que durante su madurez te ayudó a crecer y la que en su vejez seguirá solucionando tus problemas. Y te preguntarás, ¿cómo no se agota la paciencia en toda una vida? Es fácil, una madre católica sigue los pasos de Jesús y, a su vez, hace que sus hijos crezcan guiados por él; por ello, la paciencia no se agota, al contrario, crece, porque el amor de una madre aumenta en el día a día.

Sinceramente, no es de extrañar el amor natural y sincero de una madre. Si una mujer católica se compromete en matrimonio con el hombre de su vida ¿qué puede llegar a amar más que el fruto de ese amor? Dios es la clave en la madre cristiana, Dios es la clave en el padre cristiano y Dios es la clave de la familia, porque no hay familia más cristiana que aquella que se forma con amor.

Así, si nos paramos a pensar… ¿qué hijo no quiere una madre católica?, ¿qué hombre no quiere una mujer que le complemente a formar una familia cristiana? Aún estamos a tiempo, somos jóvenes y estamos cargados de amor, no nos sentemos, no nos durmamos… Dios nos está esperando y nos está dando todos los medios para que en el futuro seamos nosotros los que fomentemos una familia cristiana cargada de amor. Hoy nos toca el papel de hijos, pero algún día nos tocará el papel de padres… ¡Llevémoslo bien aprendido!

Eso sí, hoy eres hijo, y si tienes la suerte de tener a tu madre al lado… Dios sólo te pide una cosa: ¡Cuídala! Porque puedes dar amor y recibir amor, pero nunca encontrarás en nadie un amor tan servicial y sincero como el de una madre. Un hijo es fruto del amor más puro y más sincero entre un hombre y una mujer; y, por tanto, si un hijo es amor sólo puede responder con amor, a su madre, a su padre y a Dios.

Simplemente una cuestión más, ¿no os parece insuficiente tener sólo un día de la madre cuando ella se encarga que todos los días sean el día del hijo? Deberíamos levantarnos y hacer que todos los días sean el día de nuestra madre, porque con ello haremos que todos los días sean también el día de Dios.

NOELIA

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