CATÓLICOS EN MADRID – Un descanso integralSin Autor

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El verano ya está aquí. Unos ya están de vacaciones, otros siguen contando los días, pero todos tenemos la cabeza en modo verano. Y antes de que aparezca el famoso “síndrome postvacacional”, vale la pena pensar cómo descansar de verdad.

Me acuerdo de un chico que se comió su pastel favorito tan rápido que terminó llorando… porque no lo disfrutó. A veces nos pasa igual con las vacaciones: queremos exprimirlas tanto que se nos escapan sin dejarnos nada.

El ser humano no es solo cuerpo. También tiene alma, emociones, corazón. Si solo cuidamos la parte “visible” —sol, playa, chiringuito, fiestas, viajes y fotos para redes— no olvidemos el cuento de la Cenicienta: haciendo todo el trabajo y olvidándonos de la parte más valiosa. Y entonces, por mucho que nos movamos, no encontramos al “príncipe”: la paz, la alegría, el sentido.

Jesús lo dice claro: “Venid a mí los que estáis cansados y agobiados, y yo os aliviaré.” El descanso no es desconectar sin más; es conectar con lo que nos hace bien de verdad.

Benedicto XVI explica que el ser humano vale infinitamente porque está creado por Dios. Tu valor no depende de likes, dinero o éxito. Estás hecho para amar y ser amado. Tu cabeza busca verdad, no solo pantallas. Tu libertad necesita responsabilidad. La creación no es un juguete: somos sus cuidadores. Y sin un “para qué” grande, la vida se queda vacía.

Todo esto también cuenta cuando hablamos de descansar.

Hay quien busca a Dios y naturaleza haciendo el Camino de Santiago. Otros se pierden en la montaña o en lugares tranquilos. Y otros madrugan para pillar un hueco en la playa. Todos tienen derecho a un descanso que sea integral, que toque cuerpo y alma.

San Josemaría lo decía así: “Descanso significa acopiar fuerzas, ideales, planes… cambiar de ocupación para volver con nuevos bríos.”

Por eso, en verano también puedes darle un rato a Dios: un momento de oración, leer un trocito del Evangelio, pasar por el Sagrario, ir a misa (no solo el domingo). La paz que buscas solo te la puede dar Él.

Y no olvides lo más importante: tiempo con la familia, conversaciones sin prisa, paseos, música, una serie juntos… y un buen libro que te acompañe.

Descansar bien es cuidar el cuerpo, sí, pero también el alma. Si lo haces, el verano no solo será divertido: será transformador.

Juan Luis Selma

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