CATÓLICOS EN SALAMANCA – Derramando gracia como para una boda

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El Evangelio que se proclamará este domingo, 11 de octubre, XXVIII del Tiempo ordinario, presenta la parábola del banquete de bodas, con la que Jesús recuerda que todos estamos invitados a participar de la fiesta de Dios, pero que acoger su llamada exige renovar nuestra vida y revestirnos de justicia y santidad

En Caná de Galilea, en el contexto de una boda, se manifestó por primera vez la gracia de Dios en el Hijo, que procura el vino bueno y nuevo para que la fiesta sea verdadera fiesta.

En las Bodas del Cordero, que esperamos, Cristo celebrará definitivamente la unión esponsal con la Iglesia, revestida con las buenas obras de los santos de todos los tiempos, también las que nosotros hayamos hecho o podamos hacer.

Entre boda y boda, este domingo nos regala la parábola de aquella boda a la que nadie parecía querer acudir.

Los primeros invitados declinaron sin más, cerraron sus oídos ante la llamada. Los segundos, pese a saber que se trataba de un banquete apetitoso, pusieron excusas, rechazando la convocatoria, o incluso mataron a los mensajeros, pues sabemos que llevar esta buena noticia no pocas veces conlleva riesgo y persecución.

Finalmente, nos sigue contando Jesús, la invitación a esta boda es ya indiscriminada, y la sala del banquete se llena de comensales, pero el anfitrión se fija en uno que no llevaba el vestido de fiesta y lo sacó de aquella boda, concluyendo que “muchos son los llamados pero pocos los elegidos”.

En aquella boda se derramó la gracia de Dios, desde el primer momento en que fue anunciada, porque era una boda para todos. Esa gracia, usando palabras de Pablo a los Efesios, nos dice también a nosotros: Despojaos del hombre viejo y de su anterior modo de vida, corrompido por sus apetencias seductoras; renovaos en la mente y en el espíritu y revestíos de la nueva condición humana creada a imagen de Dios: justicia y santidad verdaderas.

Así ha de ser nuestro traje de gala, con el que compareceremos en el juicio misericordioso de Dios, una fiesta nupcial a la que no se cansa de invitarnos.

Tomás González, médico y cofrade la Veracruz

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