CATÓLICOS EN SALAMANCA – Eduardo Agosta: “Cuidar la creación es prolongar el amor de Dios”

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El carmelita y experto en ecología integral compartió en el programa diocesano El Espejo de COPE Salamanca el sentido cristiano del cuidado de la casa común y propuso algunos gestos concretos para vivir este compromiso durante el Tiempo de la Creación

 

SERVICIO DIOCESANO DE COMUNICACIÓN

El pasado 1 de septiembre comenzó el Tiempo de la Creación, que la Iglesia celebra hasta el 4 de octubre, fiesta de san Francisco de Asís. Con este motivo, el pasado viernes entrevistamos el carmelita Eduardo Agosta Scarel, director del Departamento de Ecología Integral de la Conferencia Episcopal Española, en el programa diocesano El Espejo de COPE Salamanca.

El P. Agosta, que residió durante tres años en Salamanca, en el convento de San Andrés, explicó durante la entrevista por qué el cuidado de la creación forma parte también de la fe cristiana. “Creemos en un Dios creador”, señaló, y recordó que el universo visible y no visible es “expresión del amor de Dios”.
Desde esa convicción, afirmó que la creación es “el mayor don que Dios ha hecho” al ser humano y que respetarla supone también respetar a su Creador. Además, recordó que la propia Escritura presenta el mundo como una realidad confiada al cuidado de las personas.

En este sentido, aludió al relato del Génesis, cuando Dios pone al ser humano en el jardín “para que lo cuide y lo cultive”. Para Agosta, ese pasaje contiene “una instrucción, un mandamiento” que tiene que ver con “esta prolongación del amor de Dios en el cuidado de las cosas”.

Recuperar una mirada creyente

Este responsable se refirió también al concepto de ecología que tiene que ver con “el mundo de las relaciones” y con las “armonías presentes en los ecosistemas”, mientras que lo integral hace referencia a las múltiples interconexiones que existen entre ellos.

La Iglesia incorpora además la dimensión espiritual y la relación de la criatura con su Creador. Por eso, para Agosta, la ecología integral significa “volver a mirar el mundo creado, la naturaleza, el ambiente, con ese estupor, con ese gozo, porque es obra del Creador”.

Se trata de “recuperar esa mirada creyente, esa mirada trascendente también hacia Dios a través de sus criaturas”. En este punto recordó a san Juan de la Cruz, de quien este año se celebra un doble centenario, y su referencia a Dios pasando por las criaturas y dejándolas “vestidas de hermosura”.

“Un tiempo de reflexión, de oración, pero también de acción”

El Tiempo de la Creación propone profundizar también en esta forma de relacionarse con la casa común. Eduardo Agosta recordó que el papa León XIV celebró el pasado 1 de septiembre la misa por el Cuidado de la Creación en el Borgo Laudato Si’, en Castel Gandolfo, y resumió estas semanas como “un tiempo de reflexión, de oración, pero también de acción”.

A su juicio, no se trata únicamente de realizar determinadas prácticas ecológicas, sino también de comprender que “cuidar de la creación implica también cuidar del hermano”.

durante su intervención en la mesa redonda “Ecología, espiritualidad y Biblia”, que tuvo lugar en septiembre de 2020 en la Catedral de Salamanca

En este sentido, recordó que lo social y lo ambiental están estrechamente relacionados. “No hay dos crisis separadas, sino una única y compleja crisis socioambiental”, señaló. Por eso, cuidar al prójimo supone también procurar unas condiciones dignas de vida y preservar bienes como el agua, el aire o los bosques.

Agosta invitó además a recuperar una actitud más contemplativa ante una vida que, en muchas ocasiones, transcurre demasiado deprisa. “Vivimos tan acelerados y tan tapados de cosas artificiales que nos olvidamos de que el agua, la nube, el árbol, el pájaro, la tierra que nos sostiene son obras de Dios”, afirmó.

Gestos concretos en parroquias y comunidades

Esta llamada puede traducirse también en acciones sencillas que el P. Agosta detalló. En primer lugar, la necesidad de “formar, educar a nuestros fieles” mediante una catequesis específica que ayude a relacionar estas cuestiones con la teología de la creación.

También propuso revisar algunos hábitos cotidianos relacionados con el consumo: optar por productos locales y cercanos cuando sea posible, evitar el desperdicio de alimentos, reutilizar, reciclar y vivir con mayor sobriedad.
“No hay que caer en el sobreconsumo, en el uso y tire de las cosas”, advirtió. Junto a ello, invitó a “dar gracias a Dios” por los bienes de la tierra que utilizamos cada día y que muchas veces damos por garantizados.

En el ámbito parroquial, puso como ejemplo el consumo energético y recordó que ya existen parroquias y diócesis que han instalado paneles solares, una medida que contribuye a reducir las emisiones de dióxido de carbono.

Eduardo Agosta recordó además que este compromiso tiene también una dimensión litúrgica y espiritual, que se expresa en la oración, la acción de gracias y el recuerdo de quienes sufren las distintas catástrofes, como parte de “nuestro cuidado mutuo”.

El agua, un donde la vida

Eduardo Agosta también se refirió al lema del Tiempo de la Creación 2026, “Agua viva”, elegido de forma ecuménica y en diálogo con las distintas Iglesias cristianas. Explicó que pone la mirada en la crisis del agua y en las dificultades que muchos territorios encuentran para acceder a este bien debido a las sequías, la falta de precipitaciones o su mercantilización.

Esta preocupación coincide además con la intención de oración del papa León XIV para este mes de septiembre, dedicada precisamente al cuidado del agua y a la necesidad de reconocerla como un don de Dios y un bien al alcance de todos.

Agosta recordó también el significado que tiene el agua en la tradición cristiana, especialmente en el bautismo y en otros signos vinculados a la purificación. Sobre todo, subrayó, “es un don de vida” y “es fundamental para la vida en nuestra tierra”.

Paz y cuidado de la casa común

Durante la entrevista, Eduardo Agosta abordó también la relación entre el cuidado de la creación y la paz, una cuestión que el papa León XIV ha puesto de relieve este año en su mensaje para la Jornada Mundial de la Creación.

El carmelita recordó la imagen del profeta Isaías de transformar las espadas en arados y las lanzas en podaderas, y habló de “la importancia de la paz como garantía también del cuidado de las personas y del ambiente”. Porque como subrayó,  la guerra no afecta únicamente a las personas, “aunque no se diga mucho, repercute en los ecosistemas” y puede dejar consecuencias durante generaciones. “Lo que se destruye a nivel natural repercute en el presente, en la vida de la gente y en el futuro”. Y puso como ejemplo la destrucción o contaminación de ríos y montañas.

 

El Tiempo de la Creación 2026 pone el foco en el agua como fuente de vida

 

 

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