CATÓLICOS EN SALAMANCA – La Diócesis cierra la Semana de Pastoral enviada a ser “constructora de comunión”

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La Catedral Vieja acogió la celebración de envío del nuevo curso pastoral, en la que el obispo, Mons. José Luis Retana, recordó que «la comunión es el lenguaje más convincente del Evangelio» e invitó a sacerdotes, consagrados y laicos a llevar la luz de Cristo a todos los ambientes

 

SERVICIO DIOCESANO DE COMUNICACIÓN

“Id a vuestras parroquias. Id a vuestras comunidades. Id a vuestras familias. Id a vuestros pueblos. Id a los lugares donde trabajáis”. Con esta llamada a salir y llevar la luz de Cristo concluyó la celebración de envío del nuevo curso pastoral, celebrada en la Catedral Vieja de Salamanca y presidida por el obispo, Mons. José Luis Retana.

La celebración puso el broche final a la XVIII Semana de Pastoral, desarrollada del 17 al 20 de septiembre bajo el lema “Que todos sean uno en Cristo para que el mundo crea”, y reunió a miembros de las diferentes realidades de la Iglesia diocesana para renovar juntos su disponibilidad para la misión.

Parroquias y comunidades, pueblos y ciudad, movimientos, asociaciones, congregaciones y servicios estuvieron representados en una celebración concebida precisamente para visibilizar la diversidad de vocaciones y carismas que conforman la Diócesis. “Hoy estamos aquí porque Cristo nos ha reunido. Él nos ha llamado. Él nos ha dado su Espíritu. Él nos hace hermanos y hermanas”, se recordó al comienzo.

“Que todos sean uno”

La celebración comenzó a media luz con una recreación de los capítulos 13 al 17 del evangelio de san Juan, desde el lavatorio de los pies y el mandamiento del amor hasta la oración de Jesús al Padre: “Que todos sean uno”. Un recorrido que recordó que el camino propuesto por Cristo “no es el camino del poder” ni de la grandeza, sino “el camino del amor que sirve”.

La petición de Jesús por la unidad atravesó toda la celebración: “Que también ellos sean uno en nosotros, que el mundo pueda creer, que el mundo pueda descubrir que el amor es posible”. Tras este primer momento, el obispo entró acompañado por el cirio pascual y por el mapa de la Diócesis dividido por arciprestazgos, portado por diferentes miembros de la comunidad diocesana, como signo de una Iglesia formada por realidades distintas pero llamada a caminar en una misma misión.

Una Iglesia que escucha, acoge y sale al encuentro

La invocación al Espíritu Santo recogió algunas de las prioridades que han marcado estos días de trabajo pastoral. Se pidió ser una Iglesia que “escucha, discierne y camina unida”, capaz de generar comunidades donde nadie viva la fe en soledad y de abandonar una “pastoral de mantenimiento” para salir al encuentro de quienes todavía no conocen el amor de Jesús.

También hubo una petición especial por la acogida de las personas migrantes, con una llamada a pasar “de una pastoral para migrantes a una pastoral con migrantes”, escuchando sus historias, acogiendo sus dones y haciendo de las comunidades espacios “donde nadie sea extranjero”.

El evangelio proclamado fue precisamente el texto de san Juan que ha inspirado el lema de la XVIII Semana de Pastoral: “Que todos sean uno, como tú, Padre, en mí y yo en ti, que ellos también sean uno en nosotros, para que el mundo crea que tú me has enviado”.

“La comunión es el lenguaje más convincente del Evangelio”

En su homilía, Mons. José Luis Retana, recordó que comenzar un nuevo curso pastoral no supone únicamente organizar tiempos y trabajos, sino que es una oportunidad que Dios ofrece para “recomenzar de nuevo”.

El obispo invitó a mirar “el pasado con gratitud”, preparar “el futuro con esperanza” y vivir “el presente con apasionada responsabilidad”, desde la certeza de que la Iglesia no camina sola, sino acompañada por el Señor y por su Espíritu.

Retana centró buena parte de su intervención en la misión evangelizadora. Recordó que anunciar a Jesucristo no es una tarea accesoria de la Iglesia y señaló que, cuando alguien ha descubierto el amor de Dios, “sería una injusticia, pero sobre todo una falta de amor, no comunicarlo a los demás”.

El encuentro con Él

“Si amamos al mundo hemos de hablarle de Cristo“, afirmó, para insistir en la necesidad de facilitar a los demás los caminos que conducen al encuentro con Él y recordar que esa es la misión de los discípulos misioneros.

Pero ese anuncio, subrayó, comienza por la propia vida. “Tenemos que ser discípulos antes que apóstoles”, señaló el obispo, quien llamó a una verdadera conversión personal y comunitaria, recuperando la oración, la sobriedad, el servicio y una comunión fraterna asentada en el perdón, la humildad y el amor sincero. Y regresó entonces al gran hilo conductor de toda la Semana de Pastoral: la unidad.

“Si alguien nos preguntara cuál fue el último gran deseo de Jesús antes de entregar su vida en la cruz, la respuesta no admitiría dudas”, afirmó. Ese deseo fue la comunión. Ante una sociedad fragmentada, Mons. Retana aseguró que “la comunión no es un simple adorno de la Iglesia ni un complemento estético. La comunión es el lenguaje más convincente del Evangelio, su primera catequesis y su testimonio más revolucionario”.

Por ello, reclamó “constructores de comunión y servidores de la comunión eclesial”, capaces de escuchar y de acoger “con compasión y misericordia”, porque la unidad «no nace de la ausencia de dificultades, sino de la presencia del perdón, de la humildad y de la gracia del Espíritu Santo».

“La Iglesia de Salamanca os necesita”

En el tramo final de su homilía, el obispo agradeció el trabajo de quienes participaron y colaboraron en la preparación de la XVIII Semana de Pastoral y tuvo unas palabras especialmente dirigidas a los agentes de pastoral.

“Yo sé que cuento con vosotros. Yo también os necesito. El obispo necesita y la Iglesia de Salamanca os necesita para hacer llegar a otros el mensaje de amor de Dios, los valores del Evangelio y ser fermento en medio de vuestros ambientes”, expresó.

Finalmente, encomendó el nuevo curso a la Virgen de la Vega para que mantenga viva “esa sed de Dios” que permita seguir buscando su rostro, anunciarlo y transmitirlo a los demás.

“Sí, quiero”

Uno de los momentos más significativos de la celebración llegó después de la homilía. La asamblea fue invitada a renovar públicamente su disponibilidad para el nuevo curso pastoral.

El obispo preguntó a los presentes si querían vivir como miembros de una misma Iglesia; acoger la diversidad de carismas, ministerios y vocaciones como un don; cuidar la comunión en parroquias, comunidades, delegaciones y movimientos; aprender a escucharse, acogerse, perdonarse y caminar juntos; y llevar la luz de Cristo allí donde viven y sirven. A cada una de esas llamadas, la asamblea respondió: “Sí, quiero”.

La celebración alcanzó entonces su sentido más explícito: el envío. “Habéis escuchado la oración de Jesús: “Que todos sean uno”. Habéis reconocido que la comunión es un don que debemos acoger y cuidar. Ahora sois enviados“, proclamó el obispo.

Y la llamada se extendió a todos los lugares y personas que forman parte de la vida cotidiana de la Diócesis: “Id a vuestras parroquias. Id a vuestras comunidades. Id a vuestras familias. Id a vuestros pueblos. Id a los lugares donde trabajáis. Id a los jóvenes. Id a los niños. Id a los mayores. Id a los pobres. Id a los que sufren por la enfermedad, la soledad, el sinsentido. Id a quienes buscan una vida plena. Id a quienes se han alejado”.

Cierre de la Semana de Pastoral

Una misión acompañada por una última encomienda que resume buena parte de lo vivido durante los cuatro días de la XVIII Semana de Pastoral: “Allí donde estéis, sed constructores de comunión. Llevad la luz de Cristo. No caminéis solos. Buscad a los hermanos. Escuchad. Acoged. Compartid. Perdonad. Servid juntos”.

“Y haced visible, con vuestra vida, que Cristo sigue reuniendo a sus hijos dispersos. Para que, viendo vuestra comunión, el mundo pueda creer”.

La bendición final pidió que Dios hiciera de los participantes “instrumentos de su comunión y de su paz” durante el nuevo curso pastoral. Tras el canto final, la comunidad salió hacia el Patio Chico, donde concluyó el encuentro.

Más de 1.800 euros a favor de Ranquines

La XVIII Semana de Pastoral concluyó con la merienda solidaria a beneficio de Ranquines, celebrada en los jardines de la Casa de la Iglesia. La iniciativa logró recaudar este año 1.891,90 euros, superando los 1.520 euros de la edición anterior. La recaudación se destinará, a través de Cáritas Diocesana de Salamanca, a apoyar este recurso dirigido a personas en situación de vulnerabilidad con trastorno de salud mental, favoreciendo su atención, autonomía e inclusión social.

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