CATÓLICOS EN SALAMANCA – La fe se educa también en el tiempo libre

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El campamento Umaidón concluyó este domingo en Gil García, el mismo día en que comenzó en Espinosa de los Monteros la undécima edición del Campamento Diocesano, dos propuestas que muestran cómo la Iglesia acompaña a niños y adolescentes también durante el verano

 

SERVICIO DIOCESANO DE COMUNICACIÓN

Los juegos, las canciones, las rutas por la naturaleza y las veladas llenan los días de un campamento. Entre una actividad y otra, los niños y adolescentes hacen nuevos amigos, ganan autonomía, aprenden a cuidar a los demás y descubren valores que les ayudan a crecer.

Ese modo de vivir el tiempo libre está presente en muchas de las propuestas que las parroquias y la diócesis impulsan durante estas semanas. Entre ellas se encuentran el Campamento Umaidón, promovido por el grupo de tiempo libre de la Unidad Pastoral San Mateo y La Anunciación, y el Campamento Diocesano, organizado por el grupo Jerut de la Pastoral Juvenil Diocesana.

Aunque cada uno tiene sus propias características, ambos son propuestas educativas y evangelizadoras que buscan  acompañar a niños y adolescentes durante el verano y ayudarles a crecer a través del juego, la convivencia, la naturaleza y el encuentro con Jesús.

Participantes del campamento Umaidón, de la Unidad pastoral San Mateo-La Anunciación, en Gil García (Ávila)

Una continuidad de la vida parroquial

El campamento Umaidón concluyó este domingo, 19 de julio, en Gil García (Ávila). La propuesta reunió a medio centenar de niños y niñas de entre 7 y 12 años, procedentes principalmente de las parroquias de San Mateo y la Anunciación y de otros lugares. Las plazas se ofrecen primero a las familias vinculadas a ambas parroquias y después se abren hasta completar el grupo de cincuenta participantes

Este año, las películas de Walt Disney y los personajes de animación han servido como hilo conductor de los juegos y las actividades. A partir de sus historias, los monitores han trabajado con los niños distintos valores humanos y cristianos.

Más allá de la diversión, Umaidón busca prolongar el acompañamiento que las parroquias realizan durante el curso. “Queremos dar continuidad al trabajo de la catequesis y al trabajo de las parroquias”, explica Ignacio Gómez,  párroco de esa unidad pastoral. Para este sacerdote, estos días permiten transmitir la fe en un ambiente distinto al de los encuentros habituales: “Es una educación de la fe en el tiempo libre, que es lo que creo que las parroquias debemos ofrecer a los niños”.

Compartir casi toda la jornada

Una de las mayores riquezas del campamento está, a juicio de Nacho, en la posibilidad de permanecer cerca de los niños durante prácticamente todo el día. “Es un ámbito no reglado. No es el colegio ni la catequesis a la que van de seis a siete o antes de la misa del domingo”, afirma. “Aquí los tienes casi las veinticuatro horas del día, intensamente, durante ocho o diez días”. En ese ambiente, los valores no se presentan únicamente mediante una explicación. Se descubren en la convivencia.

Este año han trabajado las emociones, “la alegría, la tristeza, la humildad, la sinceridad, la verdad o el perdón”, enumera Nacho. El hilo conductor del campamento permite abordar cada uno de estos aspectos de una forma cercana y comprensible para los pequeños.

También resulta esencial la entrega de los monitores, que realizan su labor de manera voluntaria y acompañan a los participantes durante todas las actividades. Su forma de ayudar, hablar, organizarse y cuidar a los niños se convierte en una parte importante de la propuesta educativa. La fe se vive así en los momentos de oración, pero también en la amistad, el servicio, la alegría y el cuidado de quienes comparten esos días.

Valorar el mundo rural

La Unidad Pastoral San Mateo y La Anunciación ha desarrollado además una propuesta para adolescentes de 3º ESO. Durante la semana anterior a Umaidón participaron en un campo de trabajo en Villaseco de los Reyes y otros núcleos del municipio.

El servicio desinteresado, el esfuerzo y el conocimiento del mundo rural ocuparon un lugar importante durante esos días. “Intentamos que empiecen a valorarlo, porque Salamanca es mayoritariamente un mundo rural”, señala Nacho Gómez.

Los adolescentes fueron recibidos por los vecinos y colaboraron en distintas tareas, centradas principalmente en la limpieza, la pintura y el acondicionamiento de distintos espacios. “Ver cómo te acogen y cómo puedes colaborar de una forma desinteresada también les aporta”, señala.

Hubo también momentos para la celebración y la reflexión. Así, durante los seis días que compartió con los adolescentes, Nacho abordó algunas parábolas de Jesús, “entre ellas, las del hijo pródigo, los talentos y la oveja perdida”. A través de ellas buscaba, “que se encuentren con Jesús”. Un acompañamiento que no termina al concluir el campo de trabajo, ya que esos días son solo una parte de un camino que necesita continuidad en la familia, la parroquia y la vida cotidiana.

 

140 Niños y jóvenes participan en la undécima edición del Campamento Diocesano, en la localidad burgalesa de Espinosa de los Monteros

 

XI Campamento Diocesano

Monitores del campamento diocesano

El mismo domingo en que Umaidón llegaba a su fin, alrededor de 140 niños y adolescentes comenzaban en Espinosa de los Monteros (Burgos), el XI Campamento Diocesano. La propuesta se celebra hasta el 31 de julio,  acoge a participantes desde 1º de Educación Primaria hasta 2ºde ESO, y en esta edición lleva por lema “Tienes magia, ¡a ver si te enteras!”.

Daniel Pablos, uno de los monitores del grupo Jerut, explica que los participantes están encontrando una propuesta llena de momentos diferentes, con “nuestras yincanas, actividades al aire libre y rutas”, pero también con espacios para detenerse, reflexionar y “encontrarse un poquito con Jesús, escuchar qué les quiere pedir a cada uno y oírse también a sí mismos”.

“Dios te ha hecho alguien muy especial”

El lema de esta undécima edición, “Tienes magia, ¡a ver si te enteras!” invita a los niños y adolescentes a descubrir sus dones, reconocer todo lo que llevan dentro y sentirse amados tal como son. “Como dice nuestro himno de este año, Dios te ha hecho alguien muy especial”, señala Daniel.

Esa magia representa los talentos que cada persona ha recibido. “Somos especiales, tenemos mucho que decir y mucho que dar”, afirma este joven. Son dones que, recuerda, “no nos podemos guardar” y que están llamados a compartirse con los demás. Este mensaje recorrerá los juegos, las canciones, las celebraciones y los momentos de reflexión durante los trece días del campamento.

La convivencia como base

La convivencia ocupa un lugar central en el Campamento Diocesano y comienza en el propio equipo de monitores. Antes de recibir a los niños, dedican tiempo a conocerse y fortalecer sus vínculos, conscientes de que su manera de relacionarse se refleja después en los participantes. “Cómo nos hablamos, cómo nos cuidamos y todo lo que compartimos entre nosotros es algo que luego se ve mucho en los niños y en el propio campamento”, explica Daniel.

Para ellos, añade, “la convivencia es prácticamente el campamento”. Compartir las comidas, las habitaciones, los juegos, las canciones y las rutas les permite conocerse mejor y crear nuevas amistades. “La convivencia es la base: que compartan unos con otros, que se conozcan y, sobre todo, que disfruten y expriman la experiencia al ciento uno por ciento”, resume.

Dejarse sorprender

Después de varias ediciones celebradas en La Legoriza, el Campamento Diocesano se ha trasladado este año a Espinosa de los Monteros. El cambio permitirá a los participantes conocer nuevos paisajes y disfrutar de un entorno diferente. Daniel suele hacerles una recomendación antes de comenzar: “Que se dejen sorprender”.

Durante estos días están descubriendo “un campamento nuevo y lugares nuevos”, además de conocer a los monitores que se han incorporado este año al equipo.

La música y la naturaleza forman parte de la identidad del Campamento Diocesano. Las canciones acompañan los juegos, las celebraciones, la oración y muchos momentos de convivencia, mientras que las rutas permitirán descubrir el entorno de Espinosa de los Monteros. Daniel Pablos destaca también el campamento volante previsto para participantes los más mayores, durmiendo una o dos noches fuera.

Una carrera de fondo

Daniel participa por quinto año en el Campamento Diocesano y afronta su segunda edición como monitor. El cambio de papel le ha permitido conocer desde dentro la entrega que requiere acompañar a los niños a lo largo de trece días. “Es una pasada”, asegura, aunque reconoce que se trata de “una carrera de fondo” en la que “hay que dosificar para aguantar bien hasta el final, cuidando el descanso y gestionando las energías”.

El esfuerzo forma parte, sin embargo, de una vivencia que transforma también a los monitores. “Muchas veces descubrimos hasta más nosotros que ellos”, reconoce Daniel. Junto a los niños y adolescentes, quienes los acompañan redescubren el valor de la convivencia, el servicio y una fe que se hace presente en todo lo que comparten.

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