CATÓLICOS EN SALAMANCA – Lourdes, una experiencia de fe, servicio y esperanza para los peregrinos

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Los testimonios de sacerdotes, voluntarios y peregrinos reflejan cómo la XLI Peregrinación Diocesana ha dejado una profunda huella entre los 193 fieles de la Diócesis de Salamanca

 

SERVICIO DIOCESANO DE COMUNICACIÓN

La peregrinación a Lourdes es una de esas experiencias que cuesta explicar con palabras si no se ha vivido alguna vez. Cada peregrino la resume de una manera distinta, pero todos coinciden en algo: regresan con el corazón transformado. Del 2 al 6 de julio, 193 peregrinos de la Diócesis de Salamanca, y un grupo de Ciudad Rodrigo, han participado en la XLI Peregrinación Diocesana a Lourdes, presidida por el obispo, Mons. José Luis Retana. Cinco días marcados por la oración, el servicio, la convivencia y el encuentro con la Virgen que, un año más, han dejado una profunda huella en quienes los han vivido.

La peregrinación ha reunido a 28 enfermos, acompañados por 49 voluntarios, además de sacerdotes, sanitarios, jóvenes y familias que han compartido celebraciones tan significativas como la misa en la Gruta de las Apariciones, la procesión mariana de las antorchas, el Vía Crucis, la procesión eucarística y la misa internacional en la basílica de San Pío X.

Durante la misa con los enfermos, Mons. José Luis Retana recordó que, incluso en medio del sufrimiento, la Virgen sigue siendo un signo de esperanza. “En la sonrisa que nos dirige María se refleja nuestra dignidad de hijos de Dios”, afirmó el obispo, quien animó especialmente a quienes sufren a volver su mirada hacia ella, convencido de que”en la sonrisa de la Virgen está misteriosamente escondida la fuerza para continuar la lucha contra la enfermedad y a favor de la vida”.

“El brazo de la Iglesia servidora”

El obispo tuvo también palabras de agradecimiento para quienes hacen posible esta peregrinación año tras año. Dirigiéndose a voluntarios, acompañantes y sacerdotes, destacó que su entrega constituye “el brazo de la Iglesia servidora” y les recordó que el servicio que realizan es un auténtico “servicio mariano”, invitándoles a llevar a todos la sonrisa de María.

Ese espíritu es precisamente el que se respira durante toda la peregrinación. Así lo resume el delegado diocesano de Liturgia, Emilio Vicente de Paz, al inicio del Vía Crucis: “Estamos encontrándonos con Jesús, con la Virgen y con la Iglesia de todo el mundo”. Una sencilla frase que resume el sentido profundo de estos días en Lourdes.

Para muchos jóvenes era la primera vez que participaban en esta experiencia. José Javier reconoce que han sido “unos días muy intensos”, marcados por el acompañamiento a los enfermos y por descubrir una Iglesia joven y viva. “Nos vamos mucho más fuertes”, afirma, después de compartir la fe con cientos de jóvenes llegados de distintos lugares.

Con el deseo de volver

Una sensación que comparte también Paula, quien describe Lourdes como “estar en familia sin conocer a nadie”. Después de un curso intenso, asegura que estos días le han permitido detenerse, reflexionar sobre lo verdaderamente importante y regresar “en paz”. Ambos coinciden en que el deseo de volver nace prácticamente desde el primer día.

José Javier y Paula.

El servicio a los enfermos es otra de las experiencias que más marcan a quienes peregrinan hasta Lourdes. Rafael, voluntario con una larga trayectoria, asegura que el mayor milagro que ha descubierto estos días es “la alegría de servir y la alegría de dejarse servir con humildad”. Para él, la hospitalidad enseña que el amor se expresa ayudando a los demás sin esperar nada a cambio y destaca el ambiente de fraternidad que se crea entre quienes forman parte de la peregrinación.

También María Luisa, médica de profesión y voluntaria por primera vez, reconoce que este viaje ha cumplido un sueño personal. Confiesa que la experiencia “ha removido algo por dentro” y le ha permitido redescubrir sentimientos que creía olvidados. “He aprendido que igual que ayudo también me tengo que dejar ayudar”, explica, al tiempo que destaca la paz que transmite el santuario y el ambiente de familia vivido junto a la Hospitalidad de Lourdes de Salamanca.

Más allá de las celebraciones y de los lugares emblemáticos del santuario, Lourdes deja en los peregrinos una invitación a continuar viviendo en el día a día aquello que han experimentado durante estos días: una fe compartida, el servicio generoso a los demás y la esperanza que nace del encuentro con Cristo a través de María.

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