CATÓLICOS EN SALAMANCA – Mercedes Bayo: «Mirar a los pobres como Jesús y hacerlo en comunidad es la fuerza de nuestra esperanza para transformar la realidad»

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Los delegados episcopales Mercedes Bayo, ss.cc y Juan Pedro Melgar compartieron, en el programa diocesano Iglesia Noticia, una mirada creyente sobre la esperanza, la pobreza y la misión comunitaria de la Iglesia con ocasión de la IX Jornada Mundial de los Pobres

 

SERVICIO DIOCESANO DE COMUNICACIÓN

La IX Jornada Mundial de los Pobres, que se celebró este domingo, 16 de noviembre, centró la edición del programa Iglesia Noticia emitido en COPE Salamanca. En esta ocasión fueron entrevistados la delegada episcopal para una Iglesia Samaritana y de la Caridad, Mercedes Bayo,ss.cc, y el delegado episcopal de Cáritas diocesana de Salamanca, Juan Pedro Melgar, quienes compartieron, desde su experiencia pastoral y el acompañamiento cotidiano a personas y familias en situación de fragilidad, una mirada creyente sobre la pobreza, la esperanza y la misión comunitaria de la Iglesia.

Su diálogo ayudó a iluminar el sentido de esta jornada, que este año se ha celebrado en el marco del Jubileo, y que la Iglesia universal vive cada año como una oportunidad para escuchar el clamor de los pobres, redescubrir en ellos el rostro de Cristo y renovar el compromiso de toda la comunidad cristiana que nace del Evangelio.

A ello se refirió Mercedes Bayo, que recordó que “hacer visible la esperanza en medio de tantas pobrezas que nos rodean supone poner de relieve y optar por el estilo de vida de Jesús de Nazaret”, como resalta el papa en su mensaje para esta jornada. Jesús “nos da las claves”, insiste. “Él fue pobre y anduvo entre pobres con unos sentimientos y actitudes que nos siguen empujando a hacer lo mismo”.

Para esta religiosa, hacer visible la esperanza en nuestras parroquias supone “mirar como Jesús miraba a los pobres, acogerlos para vivir juntos y acompañados”, reconociendo que “todos tenemos nuestras pobrezas pero contamos con la gran riqueza de la comunidad creyente”. De ahí que remarcara que la comunidad de hermanos y hermanas, unida puede responder y trabajar para “impulsar cambios que transformen y eliminen esas causas de pobreza”.

Poner a la persona en el centro

En la misma línea, el delegado episcopal de Cáritas diocesana, Juan Pedro Melgar, destacó que la jornada invita centrar la mirada en cada persona  “no sólo en quienes atendemos en cada una de nuestras comunidades, sino en todas las personas, las que cada día nos encontramos y con las que caminamos juntos”.

Este sacerdote señaló que este enfoque inspira el trabajo de las parroquias y de Cáritas, donde se procura acompañar las situaciones de fragilidad desde la cercanía y la dignidad que merece cada ser humano.  A su juicio, el llamamiento del papa consiste en “apostar por sembrar este espíritu de comunidad, poniendo a la persona en el centro y apostando por la riqueza que cada uno tenemos”.

Melgar aclaró que este compromiso no se limita a “atender las carencias materiales de las personas y de las familias” sino que implica “acompañar” procesos que “las ayuden a desarrollar sus capacidades y vayan recobrando el sentido de la vida”.

Recordó también que el santo padre pide “no resignarnos a las nuevas oleadas de empobrecimiento” y que, atendiendo al lema de la jornada,  “Tú, Señor, eres mi esperanza”,  todos los cristianos estamos llamados a “vivir con este convencimiento, con esta actitud, ante las situaciones de pobreza, de violencia, de desplazamientos forzosos,…”.

La realidad de pobreza hoy

A la luz del IX Informe FOESSA sobre exclusión y desarrollo social en España, el delegado episcopal de Cáritas señaló que las  realidades de exclusión que se observan en Salamanca,  “son las mismas que se están detectando en todo el territorio nacional e incluso a nivel mundial”. Explicó que el informe “advierte de un proceso inédito de transformación social”  y describe una  “sociedad vulnerable, anímicamente desasosegada y socialmente desgarrada”. Los datos muestran que “la integración social se erosiona y la exclusión permanece por encima de los niveles de 2007,  situándose en el 52%”.  Ante esta situación, Juan Pedro Melgar identifica dos motores claros de exclusión: una vivienda cada vez más  inaccesible y el empleo precario, cuyos ingresos, incluso con trabajo, “no alcanzan para vivir dignamente”. A esto se suman dificultades cada vez más frecuentes de salud mental, que afectan a la estabilidad personal y familiar.

Signos de esperanza

En este contexto, Juan Pedro Melgar señaló que, a pesar de las situaciones de vulnerabilidad que acompañan en la entidad también se perciben signos de esperanza. Así, en las personas atendidas percibe “una gran fuerza interior” y una “resiliencia” sorprendente, que se manifiesta en su lucha por salir adelante y afrontar los procesos que inician.

Actividad del Centro Espacio Abierto, para personas en situación de vulnerabilidad social, acompañada por voluntarios de Cáritas diocesana

También destacó la generosidad de los voluntarios que colaboran con Cáritas: “El tiempo, la acogida, el acompañamiento… son signos de esperanza que testimonian esa acogida fraterna”. Juan Pedro mencionó también que  el Informe Foessa alerta de “cómo nuestra vida comunitaria se va debilitando”, precisamente donde más se necesita. Por eso, aboga por “tejer muchos vínculos” y sostener los procesos de acompañamiento que fortalecen a las personas. En este sentido, valoró la respuesta que ofrecen cada día “la cantidad de voluntarios que son el puntal en nuestras comunidades y en Cáritas”.

Caridad samaritana: un compromiso de toda la comunidad

Por su parte, Mercedes Bayo reconoció que las parroquias y comunidades “hacen mucho. Hay instituciones, grupos, personas que dan lo mejor de sí mismas para llegar a comprometerse y transformar la vida de muchas personas”. Y recordó que este camino “es tarea de todos”, porque Jesús llama a cada creyente a implicarse.

Taller en el Centro de Día “Ranquines” para personas con problemas de salud mental

Insistió en que la caridad samaritana es una misión que involucra a toda la comunidad eclesial y que “es fundamental que tejamos relaciones con las personas que sufren para aliviarlas. En un mundo despersonalizado, que nosotros seamos punteros en crear relaciones nuevas con los que sufren”.  Por eso hizo un llamamiento “a dar nuestro tiempo, a no dejar de hacer voluntariado, a servir en instituciones y proyectos que necesitan nuestras manos”.

A nivel institucional, añadió que “tenemos que seguir discerniendo qué nueva respuesta debemos dar ante situaciones que son muy sangrantes, que nos gritan, que nos piden una respuesta rápida”, afin de que la Iglesia continúe siendo signo de cercanía, consuelo y transformación.

Orar juntos para escuchar, acoger y transformar

Mercedes Bayo explicó también el gesto de la oración diocesana preparada para celebrar esta jornada el domingo por la tarde, con un guion elaborado por la Delegación para una Iglesia Samaritana y de la Caridad junto con Cáritas diocesana. Una propuesta que, como señaló,  pretendía ser “un signo de comunión y fraternidad que ayude a toda la diócesis a conocer y escuchar a quienes sufren, a reflexionar en clima de oración sobre las causas y consecuencias de la pobreza y a orar juntos”.

Señaló que “la mayor pobreza es no conocer al Señor, vivir como sin Dios, cuando es la mayor riqueza que podemos tener”.  Por eso, esa oración común nace de la convicción de que toda oración llega al Señor, “el Señor de la vida”, y puede suscitar frutos de mayor compromiso  “con las necesidades de los pobres y de la amistad de unos con otros”. Una “amistad social”, dijo, a la que “invitaba el papa Francisco y ahora el papa León” que nos anima a “dejarnos de ideas peyorativas y deshumanizantes y hacer que afloren los sentimientos de amor, de compasión, que nos lleven a la ayuda mutua, al compromiso con la transformación de la sociedad y a luchar por eliminar las causas de la pobreza”.

Oración diocesana celebrada el 16 de noviembre en la capilla de las Hermanitas de los Pobres con ocasión de la IX Jornada Mundial de los Pobres

 

 

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