El párroco de Santa Marta de Tormes, Mariano Montero, reflexiona a partir del eclipse total de sol sobre la creación, el “eclipse de Dios” y la misión de la Iglesia de reflejar, como la luna, la luz de Cristo

El miércoles 12 de agosto de 2026 ha habido un ECLIPSE total reconocido, seguido y celebrado por todos. La luz del sol se apagó, mejor dicho, quedó tapada por la luna, en buena parte de nuestro país. Este hecho ha suscitado expectación, curiosidad, miedo, entusiasmo, novedad… Tú, ¿cómo lo viviste?
Para mí ha sido sobre todo OPORTUNIDAD:
– Oportunidad de aceptar con asombro renovado y paz la realidad que somos: “PEQUEÑAS CRIATURAS”, dentro de un universo grandioso que se mueve más allá de nuestro control, desbordando nuestras tallas de espacio y tiempo. Como cristiano, esto me lleva a la humildad existencial y al agradecimiento ante la creación de Dios, aún tan por descubrir por parte nuestra. Me vienen ganas de cantar con Francisco de Asís: “Alabado seas, mi Señor, por el hermano Sol y por la hermana Luna “. Alabado seas por la hermana Poesía y la hermana Ciencia.
– También ha sido oportunidad de recuperar el dicho de Benedicto XVI: vivimos una época de “ECLIPSE DE DIOS”. Como el sol, Él esta ahí, pero muchas veces no se le percibe. Lo tapan o pretenden suplantarlo los ídolos de hoy, como el dinero, el poder, la guerra, el bienestar, el éxito, la autosuficiencia o la apariencia. Como cristiano esto me llama a decirme y decir a todos con Jesús: “no se puede servir a Dios y al dinero”. Que el conocimiento no sirva a las guerras o al enriquecimiento de unos pocos, sino al bien de la Humanidad y al cuidado de la Casa común, en alabanza al Espíritu creador.
– Por último, es oportunidad de asumir con más decisión la imagen del “MISTERIO LUNAR”, que nos viene de la enseñanza del Concilio Vaticano ll. La misión de la iglesia es reflejar cada día, como la luna, la luz de Dios en la humanidad. “No se enciende una luz para esconderla bajo la mesa, sino para que alumbre toda la casa”, advierte Jesús. Como cristiano esto me mueve a pedir perdón por mis inconsecuencias y comprometerme a recibir y transmitir la luz de Jesús y su Evangelio en mi día a día. Gritando con mi vida que la grandeza de la Luna no es eclipsar al Sol, sino difundir su Luz. Amén.
Mariano Montero, párroco de Santa Marta de Tormes

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