CATÓLICOS EN SALAMANCA – «Y tú, ¿quién dices que soy yo?»

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El Evangelio de este domingo, XXI del tiempo ordinario, nos sitúa ante la pregunta de Jesús a sus discípulos, que sigue interpelando hoy a cada cristiano: no basta con saber quién es Cristo, estamos llamados a conocerle, creer en Él y dejar que transforme nuestra vida

 

Después de haber predicado algún tiempo, quizás año y medio, y de haber hecho muchos signos o milagros, Jesús preguntó a sus discípulos que opinaba la gente de él.

Muchas veces, aunque en Jesús no es el caso, el interesado es el que menos conoce la situación y, por eso, es conveniente preguntar —hoy haríamos encuestas— para saber la opinión de los demás.

Hoy debemos preguntarnos todos: ¿quién es Jesús para cada uno de nosotros? Es muy importante que, en una cuestión tan fundamental para un cristiano, nos demos una respuesta clara y precisa. ¿Quién es para mí Jesús?

La respuesta no debe ser solo teórica, según aprendimos en el Catecismo desde pequeños. Ciertamente, debemos conocer y creer que Jesús es el Hijo de Dios, como contestó san Pedro.

Y Jesús felicitó a Pedro porque el Padre celestial le hubiera revelado el misterio de su personalidad. Este reconocimiento es lo primero. Pero no debemos quedarnos en el simple saber o conocer. Debemos, en consecuencia, llevar una relación de amistad, de amor, de confianza total. Jesús, el Hijo de Dios, se ha hecho hombre por nosotros, para nuestro bien. Jesús nos ha iluminado con sus palabras, con su vida, con sus milagros y, sobre todo, con su entrega hasta dar la vida por todos y cada uno de nosotros. Este Jesús, Dios y Hombre, en quien creemos, debe llenar toda nuestra vida. No solo debemos conocerle y creer en él sino orientar toda nuestra vida hacia Él. “Ya no soy yo —dice san Pablo— quien vive, es Cristo quien vive en mi”. La fe en Jesús nos debe llevar a una transformación interior, como llegó a experimentar el mismo Pablo. Y si llegamos a ese grado de unión con Cristo, Él dará plenitud a nuestra existencia. Por eso, exclamará el mismo apóstol Pablo: “Todo lo considero pérdida comparado con Cristo, mi Señor”.

¡Qué importante es conocer, creer y vivir en Cristo! La vida cristiana no nos dirá nada si Cristo Jesús no ha entrado, mediante una experiencia viva y profunda, en nuestra vida.

Oremos, tratemos de amistad con aquel que sabemos que nos ama, que diría santa Teresa, y Cristo llenará y será nuestra vida.

Leandro Lozano Escribano, sacerdote diocesano

La entrada «Y tú, ¿quién dices que soy yo?» se publicó primero en Diócesis de Salamanca.

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