CATÓLICOS EN SEVILLA – Lecturas del III Domingo de Cuaresma (Ciclo A)

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CATÓLICOS EN SEVILLA –

Primera lectura

Lectura del primer libro de Samuel 16, 1b. 6-7. 10-13ª

David es ungido rey de Israel

En aquellos días, el Señor dijo a Samuel: «Llena tu cuerno de aceite y ponte en camino. Te envío a casa de Jesé, el de Belén, porque he visto entre sus hijos un rey para mí».

Cuando llegó, vio a Eliab y se dijo: «Seguro que está su ungido ante el Señor».

Pero el Señor dijo a Samuel: «No te fijes en su apariencia ni en lo elevado de su estatura, porque lo he descartado. No se trata de lo que vea el hombre. Pues el hombre mira a los ojos, más el Señor mira el corazón».

Jesé presentó a sus siete hijos ante Samuel. Pero Samuel dijo a Jesé: «El Señor no ha elegido a estos».

Entonces Samuel preguntó a Jesé: «¿No hay más muchachos?».

Y le respondió: «Todavía queda el menor, que está pastoreando el rebaño».

Samuel le dijo: «Manda a buscarlo, porque no nos sentaremos a la mesa mientras no venga».

Jesé mandó a por él y lo hizo venir. Era rubio, de hermosos ojos y buena presencia. El Señor dijo a Samuel: «Levántate y úngelo de parte del Señor, pues es este».

Samuel cogió el cuerno de aceite y lo ungió en medio de sus hermanos. Y el espíritu del Señor vino sobre David desde aquel día en adelante.

Salmo

Salmo 22, 1-3a. 3b-4. 5. 6

R/. El Señor es mi pastor, nada me falta

El Señor es mi pastor, nada me falta: en verdes praderas me hace recostar, me conduce hacia fuentes tranquilas y repara mis fuerzas.
Me guía por el sendero justo, por el honor de su nombre. Aunque camine por cañadas oscuras, nada temo, porque tú vas conmigo: tu vara y tu cayado me sosiegan.
Preparas una mesa ante mí, enfrente de mis enemigos; me unges la cabeza con perfume, y mi copa rebosa.
Tu bondad y tu misericordia me acompañan todos los días de mi vida, y habitaré en la casa del Señor por los años sin término.

Segunda lectura

Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Efesios 5, 8-14

Levántate de entre los muertos y Cristo te iluminará.

Hermanos: Antes erais tinieblas, pero ahora, sois luz por el Señor.

Vivid como hijos de la luz, pues toda bondad, justicia y verdad son fruto de la luz. Buscad lo que agrada al Señor, sin tomar parte en las obras estériles de las tinieblas, sino más bien denunciándolas.

Pues da vergüenza decir las cosas que ellos hacen a ocultas. Pero, al denunciarlas, la luz las pone al descubierto, descubierto es luz.

Por eso dice: «Despierta tú que duermes, levántate de entre los muertos y Cristo te iluminará».

Evangelio del día

Lectura del santo evangelio según san Juan 9, 1. 6-9. 13-17. 34-38

Él fue, se lavó, y volvió con vista

En aquel tiempo, al pasar, vio Jesús a un hombre ciego de nacimiento.

Entonces escupió en la tierra, hizo barro con la saliva, se lo untó en los ojos al ciego, y le dijo:

«Ve a lavarte a la piscina de Siloé (que significa Enviado)».

Él fue, se lavó, y volvió con vista. Y los vecinos y los que antes solían verlo pedir limosna preguntaban: «¿No es ese el que se sentaba a pedir?».

Unos decían: «El mismo».

Otros decían: «No es él, pero se le parece».

Él respondía: «Soy yo».

Llevaron ante los fariseos al que había sido ciego. Era sábado el día que Jesús hizo barro y le abrió los ojos. También los fariseos le preguntaban cómo había adquirido la vista.

Él les contestó: «Me puso barro en los ojos, me lavé y veo».

Algunos de Los fariseos comentaban: «Este hombre no viene de Dios, porque no guarda el sábado».

Otros replicaban: «¿Cómo puede un pecador hacer semejantes signos?».

Y estaban divididos. Y volvieron a preguntarle al ciego: «Y tú, ¿qué dices del que te ha abierto los ojos?».

Él contestó: «Que es un profeta».

Le replicaron: «Has nacido completamente empecatado, ¿y nos vas a dar lecciones a nosotros?».

Y lo expulsaron.

Oyó Jesús que lo habían expulsado, lo encontró y le dijo: «¿Crees tú en el Hijo del hombre?».

Él contestó: «¿Y quién es, Señor, para que crea en él?».

Jesús le dijo: «Lo estás viendo: el que te está hablando, ese es».

Él dijo: «Creo, Señor».

Y se postró ante él.

Comentario bíblico de Álvaro Pereira

La Cuaresma nació como tiempo de preparación de los catecúmenos para recibir el bautismo en la Vigilia Pascual. El evangelio de hoy era explicado a los candidatos como una de las catequesis previas. Así como el ciego de nacimiento fue sanado por Jesús, también los neófitos iban a ser iluminados en la Pascua. Las aguas de Siloé eran figura del bautismo.

Además, el milagro realizado por Jesús es descrito como una nueva creación. Al igual que Dios formó a Adán del polvo de la tierra y exhaló sobre él un aliento de vida (cf. Gén 2,7), así también Jesús “escupió en la tierra, hizo barro con la saliva y se lo untó en los ojos al ciego” (Jn 9,6). El cristiano, como el ciego sanado, se convierte de este modo en una nueva criatura, rescatada del pecado y de la muerte.

El nuevo discípulo, a diferencia de los padres del ciego, que actúan movidos por el miedo, cree en Jesús como Señor y cobra fuerzas para dar testimonio de él, a pesar de las insidias de los judíos. El proceso de la fe se completa: el hombre, necesitado de salvación, es curado-bautizado, recibe el don de la fe y da un testimonio valiente de Jesús, hasta llegar a identificarse con su destino sufriente.

La carta a los Efesios desarrolla también la metáfora de la luz en un claro contexto bautismal. El bautismo conduce a abandonar las obras estériles de las tinieblas y a producir los frutos de la luz: bondad, justicia y verdad. La frase final recoge una hermosa sentencia que quizá se proclamaba a los neófitos: “Despierta tú que duermes, levántate de entre los muertos y Cristo será tu luz”.

En la primera lectura y en el salmo aparece otro tema bautismal: la unción con aceite del rey David y del orante que se sabe cuidado por el Buen Pastor. Iluminados y ungidos: esta es la nueva condición que Cristo resucitado nos regalará en la Pascua.

Preguntas

Dios prefiere al pequeño, a David. Dice Samuel que “el hombre mira las apariencias, pero el Señor mira el corazón”. ¿En qué te fijas tú?
Lee la segunda lectura: en este tiempo de conversión, ¿caminas como hijo de la luz o tomas parte en las obras de las tinieblas?
Fíjate en el itinerario de fe que recorre el ciego. ¿Cuáles son sus etapas?

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