CATÓLICOS EN SEVILLA – 
El sacerdote sevillano Elías Domínguez Teba obtiene el doctorado en Teología con una investigación sobre la afectividad en san Bernardo de Claraval. Su tesis reivindica el papel del corazón y de los afectos como lugar donde actúa la gracia de Dios y propone al Doctor Melifluo como un interlocutor imprescindible para comprender los desafíos afectivos del siglo XXI.
¿Qué puede decir un monje del siglo XII a una sociedad dominada por las emociones, las relaciones virtuales y la búsqueda constante de experiencias intensas? Mucho más de lo que podría parecer. Esa es una de las principales conclusiones de la investigación doctoral del sacerdote diocesano Elías Domínguez Teba, párroco de Nuestra Señora de Belén, de Gines, que el pasado mes de junio defendió en la Facultad de Teología San Isidoro de Sevilla su tesis doctoral. Su trabajo sostiene que el ser humano no cambia simplemente porque conoce el bien, sino cuando aprende a amarlo, una intuición del abad cisterciense que, nueve siglos después, sigue ofreciendo claves para comprender la vida espiritual, las relaciones humanas y la propia experiencia de Dios.
Reproducimos la entrevista íntegra.
- ¿Cuál es el título completo de la tesis y qué significa la expresión latina Sic affici, deificari est?
El título completo de la tesis es Sic affici, deificari est. Estudio de la afectividad en la teología de san Bernardo de Claraval. Se trata de una frase literal del famoso tratado de san Bernardo Sobre el Amor a Dios. El contexto de esta expresión se enmarca en el desarrollo de los cuatro grados del amor, como un proceso de unión con Dios hasta alcanzar la divinización. Estos son, amarse así mismo por sí mismo, amar a Dios por uno mismo, amar a Dios por Él mismo, amarse a sí mismo por Dios. Éste último expresa el grado en el que todos los afectos, y los movimientos interiores del hombre quedan divinizados por el don de la presencia de Dios. Se podría traducir como “ser afectado así, es la deificación”, es decir, llegar a ese grado de amor, es estar ya divinizado, lo que expresa un camino de transformación en el que nos introduce san Bernardo por medio del amor, en una pedagogía que alcanza la intimidad divina. Se ha preferido mantener el título en latín, para respetar la idea del autor y expresar con más fuerza dicho proceso de ascensión en los grados del amor.
- ¿Cómo explicaría el contenido de su tesis a alguien que no tiene formación en Teología?
Se podría decir, que una constante en la tradición de la Iglesia es manifestar que el amor tiene una fuerza transformadora que implica la integridad de la persona. Para san Bernardo dicha capacidad del amor radica en los afectos y el modo cómo Dios mismo actúa en el interior de ellos. El estudio trata de poner de relieve cómo san Bernardo ha desarrollado dicha dimensión de la afectividad. A su vez, responde a un marco cultural específico en el que el amor adquiere unas connotaciones concretas que, en ocasiones, suponían una contradicción con la dinámica amorosa revelada por Cristo. Es el caso del amor cortés, lo que supuso una auténtica revolución sexual ya en el siglo XII.
- ¿Por qué decidió investigar precisamente la afectividad en san Bernardo de Claraval?
Es un recorrido largo. En mis años de estudio de Teología Moral, cursé una asignatura que se llamaba Teología del amor impartida por el profesor D. Juan José Pérez Soba, cuyos apuntes recogen en el libro El amor: Introducción a un misterio. En ella, se trataba de dilucidar la verdad del amor a lo largo de toda la tradición de la Iglesia y de desentrañar su profundo carácter teológico, en tanto que aguarda en sí un misterio que toca la intimidad divina. En este estudio, conocí los grados del amor en san Bernardo, y la dimensión afectiva desde la que el abad presentaba la dinámica amorosa. A su vez, estaba en total continuidad con la manera en la que se presentaba la moral partiendo de la experiencia del amor recibido de Dios.
- ¿Qué le llamó más la atención cuando comenzó a estudiar a san Bernardo?
Prácticamente hasta entonces, apenas había tenido algún tímido acercamiento a un autor de la llamada teología monástica, a la que pertenece san Bernardo. Es un término que acuñó Jean Leclercq con el que agrupa la teología propia de los monasterios medievales, principalmente en los siglos XI-XII. Me pareció una gran novedad hacerlo de la mano del Doctor Melifluo. En primer lugar, me sorprendió el conocimiento de las Sagradas Escrituras, como han dicho algunos autores, es un lenguaje bíblico, en el que los recursos a las distintas citas se emplean con gran naturalidad y fluidez. Al mismo tiempo, me parecía algo complicado tratar de asumir las ideas que se proponen en los tratados y sermones, dado que el discurso que desarrolla es un estilo muy libre, no busca simplemente enseñar unos conceptos, sino ante todo transmitir una experiencia, es más, la misma lectura es experiencia para Bernardo. Merecen especial mención el estudio sosegado de los Sermones Litúrgicos y de los Sermones al Cantar de los Cantares en los que el abad introduce al lector en esta experiencia del misterio de Dios. Se trata de unos escritos muy vivenciales, en el que la belleza y la verdad de Dios están íntimamente unidas. De este modo, en el mismo estilo se expresa el carácter unitario de esta teología monástica, donde la moral, la cristología, la mariología, la eclesiología, la espiritualidad y las demás ciencias teológicas, se desarrollan como un todo unificado. Hay que recordar que nos encontramos a las puertas de la sistematización de la teología por medio de la escolástica. Otro aspecto que me pareció muy sugerente son las preguntas a las que responde en sus tratados, en torno al amar a Dios, la consideración, la libertad, la humildad y demás temas que trata. Son cuestiones que ha de responder la teología en cada momento histórico, para que realmente sea interlocutora de Dios, y no mera abstracción de ideas, o repetición principios. Por añadir algo más, me llamó la atención también el modo como san Bernardo se dirige en las cartas a los amigos, las expresiones y recursos que utilizan no son mero artificio literario, sino expresión de un alma que realmente comunica lo que vive y vive lo que comunica. En ella se descubre la figura propia de san Bernardo que siente, que reza, sufre, se alegra y en todo se complace en la presencia de Dios que actúa en su intimidad y por la que se entiende profundamente amado por Él. Por último, quisiera destacar también lo que se ha denominado el humor cisterciense, mediante el uso de la ironía, la sátira o la caricatura, o también la actitud de buen humor que se desprende en muchas cartas y escritos, lo que define un estilo propio de las personas que aman a Dios. Además de ello, descubrir multitud de artículos, tesis doctorales, publicaciones, libros, congresos, y conferencia de teólogos fascinados por la figura y los escritos del abad, en todas las épocas hasta la actualidad.
- ¿Cuál cree que es la principal aportación original de esta investigación?
Diría que la aportación principal es estudiar la afectividad desde la perspectiva teológica. Concretamente, la remisión a san Bernardo ofrece unos rasgos muy originales al respecto. Nos encontramos en el siglo del amor por excelencia, en el que se convierte en un ideal central de la cultura. El abad aparece no solo como un pensador sobre el amor y el afecto, sino como una figura que en sí misma, en su persona, en sus escritos, en su alcance eclesial y social, asume una gran relevancia histórica en la comprensión de la afectividad, en el pensamiento y en la teología.
Podría destacar muchas ideas al respecto, pero lo que considero como un auténtico descubrimiento es el lugar que ocupa la experiencia en la teología, en cuanto lugar de la revelación y manifestación de Dios, y al mismo tiempo, descubrir que la teología es en sí misma experiencia de Dios, lo que se expresa bellamente en los escritos de san Bernardo.
San Bernardo y la afectividad
- Cuando hablamos de «afectividad» en san Bernardo, ¿estamos hablando de sentimientos, emociones o de algo más profundo?
Más que diferenciarlos y distinguirlos, san Bernardo hace justamente lo contrario, trata de integrarlos en la propia experiencia. Al respecto, muchas vivencias afectivas que el abad expresa en los Sermones, vienen acompañadas también de referencias a los sentimientos que les reporta. En este sentido, en san Bernardo las emociones y los sentimientos juegan un papel importante, pero necesitan saber interpretarlos, de lo contrario puede convertirse en una dificultad para la consecución del bien. Es decir, lo determinante en ellos no depende de la intensidad con lo que se vive, sino a bien a que se dirigen. Por ejemplo, San Bernardo hace una exégesis interesante de las negaciones de Pedro. Afirma que él no negó al Señor por falta de amor sincero, sino por excesivo amor a sí mismo. En este sentido aparece la experiencia denominada por San Bernardo como curvatura, en la que las intenciones, y por ende los sentimientos, emociones y todos los dinamismos internos del hombre si dirigen hacia uno mismo, y necesitan de purificación. En definitiva, se podría decir que la diferencia que existe entre ellos radica fundamentalmente en el grado de interioridad como la cosa o la persona afecta a la persona, es decir, dentro, en el interior o en la intimidad. Tanto los sentimientos como las emociones quedan en una dimensión más externa de la persona, en cambio los afectos tocan la intimidad.
- ¿Qué lugar ocupa el amor en la teología de san Bernardo?
En el marco de la teología Bernardiana, el amor no es solo una virtud más entre las demás, o una vivencia subjetiva y puntual, sino que es la experiencia por excelencia en la que se revela el don de Dios y atrae al hombre hacia la unión con Él. Desde esta perspectiva el amor aparece unido a una forma original de conocimiento, lo que se ha denominado como conocimiento afectivo. No es un conocimiento individual o subjetivo, sino que es un conocimiento amoroso y por ello, unitivo, lo cual desarrolla más ampliamente en Los Sermones al Cantar de los Cantares. Esto es esencial para la teología, ya que, por medio de este modo de conocimiento, deja de ser un ejercicio meramente especulativo para convertirse en una inteligencia que brota del encuentro con Cristo y que culmina en la caridad.
- ¿Por qué afirma san Bernardo que amar a Dios transforma al ser humano?
Hay una frase de Los Sermones al Cantar de los Cantares que expresa de manera sintética esta idea: somos transformados en la medida en que somos conformados. (SCt 62,5). Precisamente, uno de los rasgos del este conocimiento afectivo del que nos hemos referido es su carácter transformativo por la acción de la presencia divina en los afectos. El estilo pasivo con el que está escrita la frase alude a la primacía de la acción de la gracia sobre los afectos, a través del don de su presencia en la intimidad, lo que resulta una constante en estos sermones. Esto explica el sentido profundo por el que el hombre actúa, que no lo hace por el hecho de cumplir un ideal de vida en base a unos principios predeterminados, ni tampoco impulsado por una inercia que predetermina sus acciones, sino principalmente las acciones nacen de dicha intimidad la cual se va configurando mediante los afectos y necesitan de la gracia para su transformación en Cristo.
- ¿Qué significa exactamente que «ser afectado es ser divinizado»?
La frase que se utilizó como guía del estudio y de la que ya hemos aludido al principio, se encuentra en el marco de esta afirmación en el tratado Sobre el Amor a Dios, y se refiere al último grado del amor a Dios que define como deificación o divinización. Pero como se ha comentado, es el culmen de un proceso amoroso que entraña una auténtica dinámica afectiva, por medio de la cual comprende el afecto como un modo de ser afectado. Por ello, para san Bernardo, como han comentado algunos autores, el hombre es radicalmente seno divino, es decir, es capacidad de ser afectado por Dios y de conocerle por medio de los sentidos (se refiere a los sentidos espirituales). Por ello, la persona humana es radicalmente esposa, lo que se podría decir lo mismo que la Iglesia. Esto constituye la base de la comprensión de Los Sermones al Cantar de los Cantares.
- ¿Qué importancia tiene Cristo en esa transformación interior?
Para san Bernardo, Cristo no es solo se presenta como un modelo de vida moral a imitar, sino que la unión con Él supone una profunda transformación. Aquí radica fundamentalmente la doctrina de la conformación con Cristo, que desarrolla a lo largo de los Sermones al Cantar de los Cantares. Es una unión espiritual con Él en el que se da una identificación de los afectos, que se materializa en querer y no querer lo mismo. Esta comunión es eminentemente trinitaria, pues se da por medio del Espíritu Santo, lo que san Bernardo expresa bellamente como “el beso del beso de su boca”, aludiendo al pasaje poema bíblico. Entiende que el beso de su boca es la unión íntima entre el Padre y el hijo, y el beso del beso de su boca, es la acción del Espíritu Santo en el creyente, que le hace partícipe de este misterio de amor, o en lenguaje de san Bernardo, de este desposorio entre el alma y el Verbo, “amando como es amada” (SCt 83,3).
Actualidad
- Vivimos en una sociedad muy emocional. ¿Cree que san Bernardo puede aportar algo al hombre del siglo XXI?
Hoy en día, en nuestra sociedad occidental, quizás más que nunca se pone en valor el papel de las emociones y de los sentidos en la vida de las personas. Prueba de ello es la nota doctrinal que ha emitido recientemente la Conferencia Episcopal Española sobre el papel de las emociones en el acto de fe denominada “Cor ad cor loquitur”, el corazón habla al corazón. El peligro al que asistimos y que también el documento recuerda, es la absolutización de las emociones donde la grandeza de la afectividad se reduce a la emoción, lo que se ha denominado como emotivismo. En este contexto, el hombre se experimenta fragmentado, pues es incapaz de construir su propia existencia, haciéndolas dependiente tan solo de la intensidad con la que se experimenta las emociones, como único criterio de verdad, lo que debilita tremendamente a las personas. Esto afecta a todos los niveles de la vida, a la educación, al conocimiento, a los compromisos adquiridos, a la familia, y también a la espiritualidad. Hay que entender de dónde procede dicha reducción de la afectividad, por lo que deberíamos remontarnos a la edad moderna donde se priva de racionalidad al afecto y cuya crisis aún está presente. Esto supone un rechazo, o en el mejor de los casos, una sospecha sobre los mismos que ha recluido la afectividad a la esfera de los meramente privado o subjetivista. En este contexto, leer a san Bernardo, sus sermones, sus tratados y sus cartas, supone un gran apoyo en el camino por recuperar la verdad del afecto, y puede constituir una ayuda inestimable para abandonar el analfabetismo afectivo en el que nos encontramos, a partir de la cual realmente se generan las personas, y por ende, el sujeto cristiano, que es el mayor reto de la Iglesia en la actualidad. Puedo poner un ejemplo. Es el caso sorprendente de las cartas dirigidas a distintas mujeres a las que san Bernardo estima, en las que utiliza expresiones afectivas que a nosotros nos resultarían impropias de un consagrado hacia una mujer, pero que en el contexto del s. XII están totalmente justificadas, pues el afecto estaba liberado de dicha carga subjetivista y por ello, exento de cualquier tipo de insinuación, sino que antes bien, expresan la grandeza del corazón de un hombre que realmente sabe querer.
- ¿Qué puede aprender una persona creyente de esta obra?
Podría enumerar algunas de las ideas que un creyente podría descubrir en esta obra. Leer a san Bernardo siempre será un camino de acceso a la verdad de la fe y una revitalización de la vida espiritual de todo creyente, y hacerlo desde la perspectiva de la afectividad que ofrece este estudio supone una manera de traer los escritos de un monje del siglo XII a la actualidad. También es interesante conocer la enseñanza moral que se desprende de la misma vida de san Bernardo, que es una enseñanza para todos los tiempos, no solo en los temas que trata en sus escritos, sino también en la vivencia de su propia vida. Otra aportación es que en san Bernardo podemos encontrar claves necesarias para la evangelización y el papel de la Iglesia en el contexto actual, principalmente en el marco del relativismo moral actual. Frente a la revolución sexual del amor cortés en el siglo XII, y mediante el espíritu de reforma que identificó la vida del abad, fundamentado en el redescubrimiento de la verdad del afecto, comenzó la gran expansión del Císter por toda Europa. Así, la Iglesia logró evangelizar e impregnar espiritualmente aquel continente, encauzando y transformando esa corriente profana del amor. Por último, los escritos de san Bernardo adquieren gran actualidad también por su relación con la piedad popular y las manifestaciones de fe del pueblo de Dios. A lo largo de toda la historia, ha acompañado a todos los pueblos en el proceso de evangelización, lo que revela no solo su papel instrumental sino también esencial en la transmisión de la fe. Junto a los Sermones sobre la Virgen, el valor de la piedad popular se manifiesta también en Los sermones al Cantar de los Cantares y en Los Sermones Litúrgicos, donde el abad destaca el carácter afectivo del amor de Cristo, lo que merece una gran repercusión en los escritos posteriores de muchos autores quienes profundizan en la devoción a la humanidad de Cristo. También subraya el interés por la piedad de los santos, junto con la importancia que adquieren en esta época las reliquias y los lugares santos.
- ¿Y una persona no creyente?
Trataré de enumerar algunas de las enseñanzas que un no-creyente podría extraer de la disertación. El estudio supone una valoración positiva de los afectos, sobre todo destacando su dimensión cognoscitiva, lo que supone una aportación relevante frente a la situación actual que los reduce a mero sentimiento. La visión amplia de la racionalidad de la reflexión medieval, y concretamente del pensamiento monástico es una aportación frente a los prejuicios que se extienden en el ámbito académico sobre el desarrollo de las ciencias en el siglo XII. De hecho, se ha denominado también este siglo como un auténtico renacimiento, sobre todo en el lugar central que ocupa la cultura, el hombre, y la recuperación de los autores de la filosofía clásica. Otra contribución que un no creyente podría desprender de este estudio es el valor de la imagen. En los escritos de san Bernardo, se utiliza constantemente el recurso de los símbolos y las imágenes para expresar la verdad de la experiencia. Sin embargo, en relación con el amor cortés, el abad siempre insistirá en el realismo de la encarnación frente a cualquier tipo de idealización. Esto tiene una gran relevancia en la cultura actual, en la que las relaciones se llevan a cabo, cada vez más, mediante la imagen y la idealización. Al respecto, destaca fundamentalmente las relaciones virtuales, y también las virtualidades y los límites de la inteligencia artificial, cuyos alcances ha desarrollado de manera eminente el Papa León en su reciente encíclica «Magnifica humanitas». Precisamente es el conocimiento afectivo lo que dicha herramienta nunca podrá sustituir. Por último, se ofrece a san Bernardo como un compañero de un viaje interior, del descubrimiento de la propia verdad y del conocimiento de uno mismo mediante la humildad, como un principio de trascendencia y de de apertura a los demás y a Dios.
- ¿Por qué un monje del siglo XII sigue teniendo algo que decir en pleno siglo XXI?
Concretamente, la figura de san Bernardo tiene gran actualidad, pues hoy más que la nunca hemos de continuar el recorrido que el abad empezó acerca del redescubrimiento de la afectividad, para lo que tenemos un camino ya iniciado a través de la verdad de la humanidad de Cristo. Urge por tanto devolver la racionalidad del afecto, y al mismo tiempo sanar el emotivismo contemporáneo mediante el orden de los afectos.
Dimensión espiritual
- ¿Qué significa para san Bernardo la experiencia de Dios?
Para Bernardo, la experiencia por excelencia es la experiencia del amor a Dios, y concretamente, la experiencia de la unión y conformación con Cristo. Ésta solo puede ser vivida y cuando es comunicada, y a su vez se comunica en la medida en que se vive. Esto es lo que afirma en el Sermones 3 del Cantar de los Cantares comienza con la afirmación: «hoy leemos en el libro de la experiencia». En estos sermones, el abad entiende que la experiencia solo puede ser vivida en la medida en que es leída. En este sentido, el abad encuentra en el poema bíblico del Cantar de los Catares, el modo cómo comunicar y expresar la afectividad, que no es solo describir un acontecimiento interno o la narración de una vivencia, sino que es en sí misma experiencia amorosa, es decir, un conocimiento vivencial y afectivo.
- ¿Cómo entiende san Bernardo el proceso de crecimiento espiritual?
San Bernardo tiene varias maneras de expresar el crecimiento espiritual. Fundamentalmente, se desarrolla como un proceso en el que se integra la psicología y la experiencia mística. Por el interés respecto del tema que estamos tratando merece especial mención el Sermón 20 del Cantar de los Cantares, que inicia con la frase «aprende de Cristo, cristiano, cómo debes amar a Cristo» en el que invita a pasar de un amor carnal a Cristo a un amor espiritual. En primer lugar, el amor carnal a Cristo, al principio, el alma se conmueve ante la humanidad de Jesús: sus sufrimientos en la Cruz, el pesebre, sus milagros. Bernardo considera que este afecto es un don de Dios para atraer los corazones humanos todavía carnales, pero es una etapa que debe superarse. Posteriormente, el amor espiritual, a medida que el monje madura, se une al Verbo no solo por la emoción sensible de su humanidad, sino por la conformidad con su Espíritu. El alma ya no busca el consuelo de Dios, sino al Dios de los consuelos. En definitiva, lo entiende como una purificación y transformación del afecto mediante la presencia de la acción de la gracia divina en ellos.
- ¿Qué papel desempeña el amor en la santidad?
La mejor respuesta a esta cuestión la encontramos en los Sermones de la festividad de todos los santos, fundamentalmente en el sermón 5. En ellos, el amor aparece ahora bajo la experiencia del deseo de Dios, que une directamente a la felicidad. En el sermón, con ocasión de esta fiesta litúrgica, contempla al conjunto de los santos en el cielo. A lo largo del sermón el abad se detiene a considerar el recuerdo y la memoria de esta fiesta, enmarcada por las alabanzas que merecen los santos por sus acciones, y compara la felicidad de los santos respecto de la felicidad de la vida presente. Dicho deseo, está precedido por deseo mismo de los santos, por lo que insiste en la idea de que “los santos nos desean”, lo que expresa una unión afectiva que experimenta el cristiano como una llamada a la santidad.
- ¿Qué le llevó a dedicarse a la investigación teológica?
Fundamentalmente la obediencia, pues fue una petición del Arzobispo la que me dispuso a continuar ampliando estudios, primero en Madrid, y luego en nuestra Facultad de Sevilla. Pero siempre he visto la investigación teológica un modo propicio de cuidar la dimensión intelectual de la formación sacerdotal, y así como una oportunidad de profundizar en las verdades de la fe. Así, como también un servicio a la Iglesia, que me ha ayudado a amarla más.
- ¿Ha habido algún momento especialmente emocionante durante estos años de trabajo?
Aunque el recorrido no ha sido largo y arduo, la tesis no ha sido únicamente fruto del estudio y la elucubración, sino que también ha venido acompañada de la vida de oración y de piedad, que ha ido configurándose con el paso de los años, también de la experiencia de compartir otros ámbitos académicos, además de nuestra Facultad de San Isidoro, como ha sido la Universidad de San Dámaso de Madrid. Otro momento especial ha sido el poder compaginar el estudio con la vida pastoral, tanto como Capellán universitario, como en las parroquias a las que he sido enviado, lo cual lo he vivido como una riqueza para la maduración del pensamiento y una ayuda inestimable para comprender su propia vigencia. Pero, en definitiva, lo que más pienso que me ha aportado durante estos años de trabajo ha sido el apoyo, el cariño, la compañía de muchos sacerdotes que me han sostenido con sus oraciones, consejos, pero sobre todo con su amistad, por lo que he vivido a través de ellos una auténtica Schola Caritatis en la actualidad, contagiándome cada día el amor al Señor.
- ¿Qué espera que aporte esta tesis a la Iglesia y al mundo académico?
Desde el punto de vista académico, además de los numerosos estudios sobre el amor, la mística y la espiritualidad bernardiana, la tesis ofrece una lectura sistemática de la afectividad como categoría unificadora del pensamiento de san Bernardo. Por eso se ha intentado estudiar las mayorías de las obras de san Bernardo a lo largo de la disertación. Además de ello, supone también la apertura de un diálogo entre la tradición medieval y monástica, y el conocimiento moral en favor de la formación de la persona. Al mismo tiempo que implica una aportación académica, el hecho mismo de poner en valor los textos de la teología monástica, y concretamente de san Bernardo, es de gran riqueza para la Iglesia, pues encontramos en su misma tradición un bagaje muy desconocido de la visión integrada de la vida cristiana, lo que san Bernardo expresa mediante el corazón. Éste es el lugar donde se realiza la experiencia moral, y que se expresa simbólicamente mediante el claustro, como anticipo del paraíso. Del mismo modo que el claustro representa la Jerusalén celestial, comprende que la caridad necesita de un lugar donde crece y se desarrolla la acción de Dios en la vida del monje. Lejos de ser una visión meramente intimista e individual, nos encontramos ante una antropología eminentemente relacional, que en la experiencia claustral se verifica a través de la amistad. Esto ofrece una ayuda inestimable para comprender las relaciones intraeclesiales en la actualidad.
- ¿Cuál cree que sería el mensaje que san Bernardo dirigiría hoy a nuestra sociedad?
San Bernardo nos ofrece también un tratado que puede constituir una tarea para el hombre de todos los tiempos. Se trata del tratado Sobre la Consideración, que constituye su testamento espiritual y doctrinal, pues fue el último que escribió. Dirigido al Papa Eugenio III, destaca por la claridad de sus ideas y la facilidad de convergencia de los recursos literarios que ha utilizado a lo largo de sus obras, cuya altura y belleza quedan justificadas también por la importancia del destinatario a quien se le remite. Precisamente trata sobre el ejercicio de la consideración, tanto en uno mismo, en los demás y en Dios. En la consideración de Dios, san Bernardo expresa que «Dios no es afectado, es la afección» (Cons 5, 17). Es una afirmación que en sí misma contiene la verdadera fuerza del afecto, que es tan urgente recuperar para los tiempos de hoy. El final del tratado tiene un claro sabor agustiniano y propone directamente una tarea: «Y sea ya éste el final del libro, pero no el de nuestra búsqueda» (Cons 5, 32). En definitiva, el mensaje de san Bernardo hoy sería una invitación a la rebelión de la interioridad. Nos pediría que usemos la consideración como un espejo para mirar nuestra verdad, que permitamos que la afección rompa la coraza de nuestra indiferencia y que jamás demos por concluida la búsqueda de aquello que verdaderamente puede saciar el deseo humano.
- Después de convivir tantos años con sus escritos, ¿qué frase de san Bernardo le acompaña especialmente?
Si tuviese que elegir una frase de san Bernardo, más que un lema, sería un párrafo que siempre me llamó la atención desde el primer momento que lo leí, por su densidad, juego de palabras e imágenes que utiliza, por su carácter pedagógico, y su vínculo con la humanidad de Cristo y el Sacramento de la Eucaristía. Se trata del Sermón de la Circuncisión: «Para que nos demos cuenta de que no hemos recibido el espíritu de este mundo, sino el espíritu que procede de Dios, y conozcáis todo lo que Dios ha hecho, os ruego que no os volváis como caballos y mulos, sino más bien como esa piadosa bestia de carga que dice: Yo he sido como un animal ante ti y estaré siempre contigo. Estos asnillos conocen a su amo y el pesebre de su señor, donde encuentran heno exquisito, el mismo pan de los ángeles. Es el pan vivo que debía sustentar al hombre; pero como el hombre se ha vuelto un asno, el pan se ha convertido en heno para que coma de él y viva.” (Cir 3,2).
- ¿Por qué merece la pena leer a san Bernardo en el siglo XXI?
Todos los años, aparecen tesis doctorales, libros, biografías, nuevos estudios o artículos sobre sus tratados, y revisión o nuevas traducciones. Esto predica de la especial actualidad que encierran los escritos de san Bernardo. La belleza del uso del leguaje en san Bernardo es una respuesta a la frialdad y la degradación del lenguaje hoy en día. Se dice, de san Bernardo y de los monjes de la teología monástica, que renunciaron a todo menos que al escribir bien. No es raro que lo llamaran el «Doctor Melifluo», que significa que sus palabras eran dulces y fluidas como la miel. Sus comentarios al libro del Cantar de los Cantares son de lo mejor que se ha escrito nunca sobre el amor y la espiritualidad. Leerlo es un auténtico disfrute: utiliza comparaciones preciosas que tienen tanta fuerza que todavía hoy son capaces de conmover y elevar la sensibilidad de cualquier lector. Leer a san Bernardo hoy es una forma de rebelarse contra la superficialidad y recuperar la humanidad. Sus escritos no separan del mundo real; al contrario, ayudan a mirarlo con más claridad. Suponen una invitación a volver al corazón, a las preguntas que realmente subyacen detrás de todo el ruido y las prisas de la vida actual, que son las mismas dudas y los deseos del corazón que tenían los monjes en su monasterio hace ochocientos años.
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