Adriana es novicia, de las últimas hermanas en llegar a la comunidad. Tiene 43 años y hace tres años decidió cambiar la bata de médico- era oncóloga en un hospital de Valencia- por el hábito de clarisa. La hermana, que vivía la fe en la parroquia San Agustín de Valencia, tomó una decisión que no fue fácil y que le llevó a apostar por una vida más recogida y de oración y sobre todo una decisión que supuso un sí definitivo al Señor.
– ¿Cómo surgió la vocación a la vida contemplativa?
– Desde hace mucho tiempo, varios años, Jesús salió a mi encuentro en mi labor como médico viviendo situaciones muy difíciles con pacientes, sobre todo los que están en el final de la vida, y siempre había una pregunta que me resonaba en mi trabajo, ¿y se puede hacer algo más? Y siempre se puede hacer algo más. Y después de un largo tiempo de acompañamiento, también con un sacerdote que el Señor me puso en el camino, pude empezar a discernir y a caminar.
Siempre había como una inquietud en mi corazón que no me dejaba tranquila, había un deseo de entrega mayor, de no quedarme simplemente en mi entrega en la medicina, sino en vivir una vida escondida solo para Él, pero también ofrecida por todos los demás, por las personas que amamos y las que no conocemos, sobre todo los que más necesitan porque nosotros somos muy limitados, no podemos hacer nada sin el Señor. Y en esa debilidad, en esa fragilidad, el Señor salía a mi encuentro con más fuerza y me pedía más. Entonces pues al final di el paso confiando -a veces es la confianza ciega- con miedo pero con amor, solamente por amor y dejándolo todo, y dejándolo todo porque en verdad es suyo, Él me lo dio, todo lo que he podido hacer ha sido obra suya.
– Al final esa llamada le trajo aquí a la Puridad, con las clarisas. ¿Ha sido una decisión fácil?
– Sí, el Señor me trajo aquí y puedo decir que en medio de que no es una vida fácil, es una vida en la que te sientes feliz, una felicidad que no es del mundo, es diferente, es más sólida, es más fuerte y que te hace avanzar, superar todo. A veces te caes, a veces estás más débil, pero el Señor te levanta. Y también doy gracias a Dios por las hermanas, la madre, que son una ayuda para caminar. Y ahora en este tiempo, si pudiera resumirlo sería de dar gracias al Señor de corazón por todo y que me ayude, que su misericordia y su gracia me sigan acompañando porque este sí para mí es para toda la vida, quiero que sea hasta el final, hasta que ya el Señor me llame y quiero vivirlo en mi entrega, en el servicio, en lo que pueda hacer aquí, aunque nadie lo vea.
Soy consciente de que fuera a lo mejor se ven más frutos, pero esos frutos quedan escondidos para nosotras, pero otros los recibirán, yo tengo esa esperanza y esa confianza, entonces le pido al Señor que nos ayude y que seamos dóciles a lo que Él quiera de nosotras, a lo que quiera de mí.
– ¿Qué momento fue decisivo para tomar la decisión de ser religiosa?
– Mi encuentro más fuerte aquí, que fue un poco casualidad, pero casualidad encaminada por el Señor, fue la Semana Santa de hace tres años que viví aquí, que venía de un momento muy difícil por la pérdida de mi madre, y bueno, pues Jesús me trajo aquí y a partir de esta experiencia, en esos ratos que pasé en este lugar me empecé a acercar a la comunidad. Y luego paso a paso entré aquí y aquí estoy.
Es verdad que yo interiormente, si se puede decir así, porque no hay palabras para expresarlo, sentí esa entrega, ese deseo en verdad a los 18-19 años. El Señor me protegió, porque fui caminando, sabía que era lo que tenía que hacer, yo fui estudiando, fui trabajando, pero yo sabía que en ese momento tenía que seguir ahí. Pero después ya, desde hace ya varios años, esa inquietud no cesaba y fue cuando ya, acompañada, pude finalmente ver claramente que el Señor me pedía más.
– ¿Cómo recibieron la familia, los amigos y los compañeros del hospital la noticia?
– Hay dos amigas muy cercanas que ya intuían algo, en el trabajo no lo entienden del todo, pero te quieren y te respetan la decisión y si eres feliz pues adelante. Desde fuera es difícil de entender, no es la lógica del mundo, pero el amor de Jesús está por encima de todo eso. Entonces te da la fuerza para dejar todos los condicionantes y todo lo que te pueda frenar. Al final avanzas y caminas y confías.
Gracias a todo lo que he vivido ahí estoy aquí, aunque yo llevaba ya consagrada personalmente al Señor mucho tiempo, pero este paso de una entrega mayor ha sido ahora.
– ¿Qué es la oración para ti?
– La oración es la que te da la fuerza para seguir y la que también puede ayudar a otros a llegar a Jesús, que es lo importante. No nuestra vida, nuestra vida al final somos como instrumentos, pero algo pequeño. Si es hecho con amor el Señor lo ve. Yo antes también quería ayudar y llevar el amor y llevar los cuidados, claro que sí, pero ahora lo llevo de otra forma, porque lo hace a través de mí, a través de todas nosotras.
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