Ante las gradas abarrotadas del Estadio de Francia, donde ochenta mil voces jóvenes vibraron de fe y esperanza, el Papa León XIV planteó el gran interrogante del presente: ¿qué es la verdadera emancipación hoy? Frente a la tentación de decretar la muerte de Dios, el Pontífice advirtió que es el propio hombre quien se pierde cuando prescinde de su Creador, quedando expuesto a una soledad aterradora en la era de los algoritmos y el espejismo digital.
El Papa recogió las angustias de una juventud abrumada por la precariedad del futuro, la fragilidad de los afectos y el vértigo de las crisis globales. Sin embargo, no ofreció recetas abstractas, sino un camino claro: la verdadera libertad no consiste en acumular aprobaciones efímeras, sino en cultivar una relación viva con Cristo. Decir «gracias» y abrazar el bien con valentía es la clave para transformar la vulnerabilidad en un testimonio luminoso. Lejos de oponerse a los valores universales, el mensaje cristiano llena de contenido la igualdad y la fraternidad, promoviendo el respeto sagrado hacia otras tradiciones y el perdón como motor de paz frente a los poderes que dividen.
«Es el hombre quien se extravía cuando afirma que Dios ha muerto: si Dios no está con él, el hombre ya no tiene salvación y pierde el sentido de su existencia, que queda reducida a un callejón sin salida o a la nada. Experimenta exactamente lo contrario quien dice: «Para mí la vida es Cristo». En Cristo, de hecho, sabemos que Dios nunca es indiferente al hombre».
«Cultivar un vínculo fraternal con quienes no comparten nuestra fe contribuye así a la construcción de la sociedad.»
«La experiencia de la fragilidad, de cualquier fragilidad, se convierte, para un discípulo de Cristo, en una ocasión para ser su testigo. Quien sigue a Jesús en el camino del servicio humilde y gratuito se libera de la angustia y redescubre un nuevo entusiasmo, al experimentar la alegría y paz interiores; (…) arraigadas en la certeza de la fe de la que damos testimonio juntos como Iglesia.»
«Queridos jóvenes, mientras disciernen su vocación, estén seguros de que el Señor no les habla de manera confusa, sino que se dirige a cada uno por su nombre y los invita a seguirlo porque los ama. Acogiendo su Evangelio con la mente clara y el corazón puro, entenderán cómo Jesús los llama a servir.»
«No basta con evitar el mal: hay que elegir el bien. No se trata de un principio abstracto, ni de una afirmación obvia: elegir el bien es la acción propia de la libertad, y al llevarla a cabo, la libertad misma se realiza, se corrige y madura. trata siempre de un don de vida: pleno, fiel, rebosante de amor. Para vencer la angustia o la incertidumbre, tengan el valor de decir una sola palabra, simple y hermosa: gracias. Gracias, Jesús, por tu amor.»
Inspirados por los santos de la historia gala y ante el destello del deporte, la música y las reliquias de la Pasión, los jóvenes fueron invitados a asumir la «fuerza de los justos». Una batalla pacífica, desarmada y guiada por el amor entregado, demostrando que la fe no ahoga la libertad, sino que la realiza plenamente al devolver al ser humano la alegría de su sentido supremo.
Fuente: Vatican News
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