A lo largo del fin de semana, numerosos autobuses salían de distintos lugares de la diócesis para acudir hasta Madrid y participar allí de los diferentes actos programados el sábado y el domingo en el marco de la visita apostólica del Papa León XVI a España. Parroquias, colegios, cofradías y movimientos en Asturias se organizaron para acudir según sus propias necesidades y circunstancias, pero además, en la diócesis la Delegación de Pastoral Juvenil fletó tres autobuses, Pastoral Universitaria también organizó su propio viaje y además se facilitó un autobús para personas que quisieran acudir exclusivamente a la eucaristía del Corpus, el domingo, viajando el sábado durante toda la noche.
Nada más llegar el Pontífice se encontró, en una ceremonia de bienvenida en el Palacio Real, con autoridades, sociedad civil y cuerpo diplomático, donde ofreció su primer discurso. Junto con otros Obispos, estaba presente el Arzobispo de Oviedo, Mons. Jesús Sanz, que recordó, tras este acto, que el Papa no venía a nuestro país «como un mandatario a una cumbre de políticos, sino como él mismo ha dicho, para confirmar, alentar e inspirar una renovada fidelidad de los creyentes al Evangelio, pero también para facilitar y acompañar la reconciliación y cooperación profunda entre las distintas fuerzas de nuestra Nación. Por eso ha revalidado también el Papa que no es la cultura del enfrentamiento, sino la del encuentro, lo que genera una sólida convivencia próspera y estable. Y ha recordado cómo la verdad es siempre mas grande que nosotros, hasta el punto de sorprendernos y atraernos a una reconciliación purificada, capaz de entablar un diálogo con los otros y con Dios», explicaba.
Esperando al comienzo de la Eucaristía
El grupo de Pastoral Juvenil llegado desde Asturias, un total de 160 jóvenes, iba a pernoctar en un pabellón de la Casa de Campo cedido por la Comunidad de Madrid, pero gracias a la generosidad de la parroquia de San Leopoldo, fue posible dejar las mochilas, descansar y celebrar la eucaristía todos juntos antes de partir hacia la Vigilia. Allí se pudo escuchar un mensaje del Arzobispo de Oviedo a los jóvenes, ante la imposibilidad de llegar a la parroquia debido a la gran afluencia de personas y los cortes de tráfico en toda la ciudad: «El lema de esta visita del Santo Padre nos invita a «alzar la mirada» al cielo –les dijo–, y motivos para alzar la mirada todos tenemos, cuando vemos en el escenario nacional o internacional tantos desaguisados; necesitamos que alguien nos pueda dar motivos para la esperanza. Vale la pena mirar al papa León XVI porque él como sucesor de Pedro, discípulo de Cristo, nos permite levantar la mirada hacia Jesús, hacia la Palabra del Evangelio, para poder escribir el trozo de historia que se nos ha asignado a cada cual. Me alegra de que, en un número tan numeroso, hayáis podido venir desde Asturias, con la fatiga que supone siempre este tipo de encuentros, pero el resultado es maravilloso, el encuentro con Jesucristo, con su Palabra, con su perdón en el Sacramento, con la Adoración en la Eucaristía. También un encuentro con la Iglesia universal, con tantos jóvenes como vosotros que compartís los retos que os desafían como también las certezas que os dan esperanza en vuestro caminar en la vida. Os mando un fortísimo abrazo y mi bendición más fraterna, me gustaría hacerlo en persona, sé que va a ser difícil».
Por la tarde León XIV acudía al barrio de Lucero, en Madrid, para visitar CEDIA 24 horas, un proyecto de Cáritas Madrid que atiende a personas sin hogar, y a continuación, acudía hasta la Plaza de Lima para presidir la Vigilia con los jóvenes. Hasta 600.000 personas estuvieron presentes en ese encuentro que recordó inevitablemente a una Jornada Mundial de la Juventud. Son muchos los detalles que se podrían destacar de estos días: el increíble despliegue de seguridad y de voluntarios, la impresionante cobertura periodística detallada al minuto especialmente a través de las redes sociales, pero también el despliegue de creatividad en cada acto y la generosidad de artistas, cantantes, creadores de todo tipo, que han hecho que cada acto del Pontífice se superara a sí mismo en un derroche de oración, de fe, de belleza, de entretenimiento incluso.
En la Vigilia la música tuvo un papel muy importante de acompañamiento en cada momento de la celebración. Junto a ello, y antes de que llegara el Pontífice y preparando el terreno para los cientos de miles de personas que llevaban horas esperando, los testimonios personales como el de Claudia, una joven recién bautizada, o como el de Javier, un misionero digital de 33 años que trabaja en comunicación y colabora con la Delegación de Jóvenes. El último testimonio fue el de Antonio, sacerdote de 34 años ordenado recientemente.
La llegada del Pontífice en el Papamóvil fue apoteósica. Todo el mundo corrió hacia las vallas para poder saludarle, para poder conseguir un instante de mirada cruzada que permanecería para siempre. Allí les habló a los jóvenes de los santos, desde luego de San Agustín pero también de San Juan Crisóstomo, de quien dijo que le impresionaron «sus catequesis, sus sermones, sus homilías y sus escritos que unen el amor por la verdad y la rectitud de su vida. Pero también tenía mucha valentía. No tenía miedo de hablar delante del Emperador, de decir cosas a favor de la justicia y no sólo para complacer al otro. Era un hombre de palabra», y dejó también una de las primeras frases que, a buen seguro, formará parte del elenco de ellas que se recordarán para siempre de este viaje: «No tengáis miedo jamás de pensar en una vocación a la vida sacerdotal, a la vida religiosa o a otros servicios en la Iglesia!». Mencionó también a otros santos españoles como Santo Tomás de Villanueva, agustino, y Santo Toribio de Mogrovejo, misionero en Perú en el siglo XVI.
Colas interminables para entrar en los recintos
León XIV les dijo en esa Vigilia a los jóvenes que «para reconocer la voz de Dios, puede ayudarnos ante todo el silencio», recordando que es frecuente ir con auriculares, con música y «no sabemos estar en silencio». Sin embargo, «es en esta experiencia de silencio donde Dios puede hablarnos o donde podemos discernir la voz de Dios. Cuando buscamos el silencio, decidimos qué no escuchar y de qué ruidos no dejarnos distraer. Al liberarnos del estruendo de mil voces, reconocemos que algunas engañan nuestros deseos, otras nos compran sin alimentarnos, otras hablan por interés. En el silencio comprendemos que las ideologías pasan, mientras la verdad permanece». «Aquí quisiera –dijo– subrayar la importancia de buscar la verdad, porque muchas voces, muchas cosas en las redes nos engañan y nos cuentan mentiras. ¡Buscad siempre la verdad! ¡Dios es verdad! ¡Si te lleva lejos de Dios, no es verdad! ¡No lo olvidéis!».
Les habló a los jóvenes de la importancia de la oración, de «expresar lo que sentís en el corazón» y también de escuchar la Palabra, así como de la Adoración Eucarística, para «liberar el corazón y estar nosotros mismos ante el Señor, dialogando con Él, de modo que se haga elocuente en su amor, hecho alimento para toda la humanidad».
Mons. Sanz, en la procesión del Corpus
Precisamente fue el momento de la Adoración al Santísimo uno de los más impresionantes del encuentro, si no el que más. La imagen de 600.000 personas, la mayor parte jóvenes, en silencio y de rodillas a lo largo de todo el Paseo de la Castellana ha dado la vuelta al mundo. «Sólo Jesús puede conseguir esto», decían las imágenes que se compartían en las redes sociales y en internet en tiempo real y en días posteriores.
La joven Elena López, de Oviedo, formaba parte del grupo que acudió a Madrid con Pastoral Juvenil. «Decidí venir para compartir este momento tan importante de la visita del Santo Padre a España con otros jóvenes asturianos como yo, de parroquias y movimientos» explica, y Ana, su hermana, reconoce que «es un momento muy importante para España ya que el Papa no venía desde hace muchos años y es una persona muy importante para los cristianos».
Nicolás y Nuria son un joven matrimonio de la parroquia de San Nicolás, en Avilés. Asistieron a la Vigilia con un grupo de chicos y chicas recién confirmados. «Creemos que es importante que tengan esta experiencia, que nosotros tuvimos en la JMJ de 2011, en Madrid, donde pudimos ver al Papa Benedicto XVI. Ahora podrán compartir esta vivencia con cientos de miles de jóvenes de otros lugares de España, con León XIV en la Castellana. Es una experiencia inolvidable para ellos y tienen que aprovecharla al máximo», dijeron. Al máximo la aprovechó Álvaro, de la parroquia San Vicente de Paúl, en Gijón. «Vine para ver al Papa y disfrutar del ambiente y de la fe con la gente que hay».
Al día siguiente la mañana comenzaba muy temprano con la afluencia masiva de personas al recinto de Cibeles donde se iba a celebrar la Eucaristía y procesión del Corpus Christi. Era la primera vez en que un Papa celebraba esta solemnidad fuera de Italia y una de las escasas veces que lo hacía más allá de los muros del Vaticano. Sol de justicia y fresco a la sombra. Miles de policías intentando controlar a las masas de visitantes y voluntarios a mansalva repartiendo botellas de agua.
Adoración al Santísimo en la Vigilia
El Papa comenzó su homilía destacando cómo la Eucaristía «está en el corazón de vuestra fe y de vuestro pueblo». De hecho, en Madrid y en tantos otros lugares de España el Corpus Christi «no es una fiesta más del calendario litúrgico, sino un volver a las raíces de la fe para renovar el amor y la fidelidad a Dios». Recordó también el Pontífice que «las solemnes procesiones de este día han plasmado durante siglos la piedad, el arte, la música, la arquitectura y la vida del pueblo español» y añadió que «todavía hoy, expresan y manifiestan el sentimiento espiritual de este país también a través de la belleza y la elegancia de las alfombras florales, de los altares en las calles, del cuidado de las custodias y de los expositores, de los cantos y de los ornamentos».
El Papa León insistió en el significado profundo de la procesión del Corpus, donde el Señor «dice que Él no permanece encerrado en el templo, sino que sale a nuestro encuentro. Jesús camina por las calles, atraviesa las plazas, visita nuestros barrios, habita los lugares de nuestra vida cotidiana. Él es el Dios cercano que camina con su pueblo, el Señor de la historia, consuelo de los débiles, luz para las familias, esperanza para los enfermos, paz para quien sufre. El Cristo que pasa por las calles en la custodia es el mismo que se identifica con los pobres, los abatidos, los que están solos y desamparados. No es casual que aquí, en España, la Iglesia haya unido durante años la solemnidad del Corpus Christi con el Día de la Caridad». Por ese motivo, explicó, «la memoria histórica de las procesiones del Corpus Christi no se deja aprisionar por un recuerdo nostálgico; se convierte, en cambio, en una invitación para el hoy, para nuestra vida personal, para nuestras relaciones, para la sociedad, para la construcción del futuro».
Y dejó una «encomienda» bien clara para nuestro país, para la España «de hoy y de mañana»: «Que la religiosidad que desde hace siglos anima este país no sea un museo del pasado que visitar, sino una escuela de fe de la que beber también hoy. Una escuela que nos enseña a arrodillarnos ante Dios y ante el prójimo, porque nadie puede arrodillarse ante el Señor y despreciar al hermano; una escuela que nos enseña la gratitud del amor que se hace don, para que circule entre nosotros y rompa las cadenas de todo egoísmo; una escuela de la que aprendemos que Dios es presencia real y que también nosotros estamos llamados a estar presentes en las situaciones y en los desafíos de la sociedad, a no huir, a comprometernos personalmente en la construcción del bien común».
«Ha estado sublime», decía Alberto, joven seminarista diocesano natural de Langreo, al finalizar la Eucaristía. «El Santo Padre nos ha recordado que la eucaristía tiene que ser el centro de la vida cristiana. Me ha gustado especialmente que nos haya animado a todos los españoles a vivir con orgullo nuestras tradiciones en estas fechas y siempre. Eso sí, mucha gente y mucho calor pero todo vivido con alegría».
María, joven de Oviedo que acudió a Madrid con Pastoral Juvenil se lleva de estos días «un gran sentimiento de Iglesia universal, de ser todos uno. La Vigilia me ha tocado el corazón de formas que no podría explicar, ese silencio entre tantas personas, creo que sólo el Señor es capaz de conseguir algo así y fue impresionante escuchar a todos esos jóvenes alabando y cantando a una sola voz. Creo que se vienen cosas grandes para la Iglesia y que España tiene mucho que decir». Lucía, de Gijón, afirmaba que «la Iglesia está viva, y los jóvenes no somos católicos porque ahora sea la moda: no es verdad y en la Vigilia pudo comprobarse».
Celebración de la Eucaristía en San Leopoldo (Madrid)
Mercedes es una de las personas que llegó a Madrid en el autobús que facilitó la diócesis para viajar el sábado por la noche y llegar temprano para la Misa del Corpus. «Ha sido una experiencia muy enriquecedora; agotadora también, pero enriquecedora porque ves la universalidad, el catolicismo, la diversidad de gente, el entusiasmo y la alegría de todo el mundo y, aunque realmente no vas a ver al Papa porque no lo vimos más que en una pantalla pero el vivir en comunidad y el asistir a la Misa y escuchar su homilía fue precioso, una experiencia que merece la pena».
La mayor parte de los asturianos participantes en estos actos de la visita del Pontífice a Madrid concretamente regresó el domingo por la tarde para continuar con sus obligaciones ya a partir del lunes. De nuevo las rutinas de cada día, pero marcadas por unas vivencias impactantes tanto por la presencia del sucesor de Pedro en nuestra tierra como por el mensaje que vino a dejarnos. «He venido a celebrar la fe y anunciar el mensaje de Jesucristo», dijo en cuanto pisó territorio español. «Al mismo tiempo, vengo a saludar a toda la sociedad, porque la Iglesia tiene un mensaje para todos». Así está siendo y así quedará en la memoria de los españoles.
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