Este domingo, 31 de mayo y solemnidad de la Santísima Trinidad, la Iglesia celebra la Jornada Pro Orantibus, este año con el lema «Vida Contemplativa: ¿Por quién eres?». Una fecha marcada en el calendario para volver la mirada hacia nuestras comunidades religiosas de clausura. En nuestra diócesis son nueve en total y todas ellas femeninas. Sobre cómo viven su fe, su vocación o las dificultades a las que se enfrentan en su día a día hablamos con el Delegado episcopal de Vida Consagrada, el sacerdote D. Manuel Ángel Acebal.
Aunque gracias a la película «Los Domingos» la vida contemplativa ha vuelto, por un tiempo, al debate público, lo cierto es que los religiosos de clausura tienen una vocación muy poco comprendida y desde luego, menos conocida. Usted que trata a las religiosas de clausura con frecuencia, ¿qué cree que les pasa por la cabeza cuando entienden que Dios les pide ingresar en un monasterio o convento?
La vocación a la vida consagrada y en especial, a la vida contemplativa, tiene como referente siempre a Dios, que es un misterio. En general, la vocación es siempre un poco misteriosa. Yo creo que ni ellas mismas saben explicar racionalmente ese misterio de su vocación. Se sienten atraídas y, sobre todo, han descubierto que Dios es esa perla escondida de la que habla el Evangelio y p0r la que merece la pena venderlo todo, dejarlo todo, por seguirla.
Después, los caminos para descubrir la vocación pueden ser múltiples: desde un contacto con religiosas contemplativas o, en el caso de monasterios masculinos, con monjes; otras veces puede ser a través de lecturas o incluso de la conversación con alguna persona que esté cerca de las comunidades contemplativas. Los caminos concretos para llegar a la vocación son múltiples. En todo caso el lema de este año de la jornada Pro Orantibus que fundó el Papa Pío XII en el año 1953 –ya llovió un poco–, es muy sugerente: «Vida contemplativa, ¿por quién eres?». Y la respuesta apunta a ese origen, a ese fundamento y a ese centro de la vida que es Dios como misterio absoluto al que merece la pena seguir.
Recuérdenos los monasterios que tenemos en la diócesis y dónde están.
Son nueve: ocho monasterios autónomos y uno afiliado. En Oviedo están las Benedictinas, en el centro de la ciudad; están las Carmelitas en la zona de Toleo, en el monte Naranco; las Pasionistas; las Agustinas Recoletas al otro lado del monte Naranco y después están las Salesas, en medio de la falda del Naranco, subiendo hacia los monumentos. Después, en Villaviciosa hay un monasterio de monjas Clarisas. En Gijón hay dos: uno de Carmelitas Descalzas y otro de Agustinas Recoletas y por último está el monasterio de Dominicas en Cangas de Narcea.
El monasterio que es afiliado está en Gijón y es el de las Agustinas Recoletas. La diferencia que hay entre monasterios autónomos o sui iuris –que es la manera tradicional de conocerlos– y los afiliados sería la siguiente: esta figura de la filiación surgió a raíz de la publicación de dos documentos importantes del Papa Francisco. Uno es la Constitución de Vultum Dei Quaerere y otro la aplicación, que es Cor Orans. Había monasterios que, al reducirse enormemente el número de miembros o, que por la avanzada edad de los mismos, no podían desarrollar una vida plenamente autónoma, por lo que se creó esta figura de la filiación. De esta manera, se «vinculan» a otro monasterio, aunque siguen viviendo en el propio. La superiora, por ejemplo, ya no puede ser elegida por ellos directamente sino que la nombra el monasterio afiliante y les prestan ayuda, a veces incluso religiosos, para que puedan llevar una vida autónoma. La educación ya no se hace en el monasterio afiliado sino en el afiliante y otra serie de aspectos que ya no pueden desarrollar autónomamente sino bajo la dirección y el apoyo de otro monasterio.
Muchas personas se preguntarán de qué viven estas religiosas dentro del convento.
La forma de sostenimiento ha cambiado mucho porque ha cambiado la sociedad. Las formas tradicionales de sostenerse hoy han desaparecido. Hace algunos años ibas a comprar el periódico un domingo y te «endilgaban» uno o dos fascículos. Luego aquellos fascículos había que encuadernarlos y había varios monasterios, por ejemplo, que se dedicaban a la encuadernación. Hoy esto ya no es rentable, ha desaparecido. La inmensa mayoría de los conventos en nuestra diócesis viven de la repostería o de la confección de ornamentos religiosos, bordados etc. Algunas tienen también alquilada alguna parte del monasterio que no utilizan y que no les perturba el que pueda ser utilizarlo y luego, a veces también reciben donativos. Es verdad que las monjas contemplativas son sumamente austeras, no gastan en muchas cosas que en la vida ordinaria a nosotros nos parecen imprescindibles. Pero tienen que vivir igualmente. A veces el Banco de Alimentos les puede dar algún producto también para la alimentación, pero luego hay muchos gastos que tienen y que son imprescindibles. Por ejemplo, si hay que retejar el monasterio porque se les cae. Y como están afiliadas, las que están en activo tienen que pagar a la Seguridad Social, porque ellas cotizan, son autónomas, algo que es muy desconocido. Y es que la gente se piensa que es como si estuvieran todo el día levitando. Y no, ellas, todas, de alguna manera cumplen el lema de los Benedictinos: Ora et labora. Tienen unas horas al día que dedican, no sólo al trabajo cotidiano de preparar la comida, atender la lavandería o hacer la limpieza, sino también elaborar esos productos que luego pueden vender para tener unos recursos.
Religiosas Benedictinas de San Pelayo (Oviedo)
¿Cómo siguen las vocaciones?
Pues desde hace unos cuantos años toda la vida consagrada, pero en especial yo pienso que los contemplativos, están pasando un invierno vocacional, tienen poco y por tanto va disminuyendo el número prácticamente en casi todos los monasterios por fallecimiento de las personas y falta de reemplazo. En estos momentos en Asturias el conjunto de las religiosas contemplativas está en torno a 100 personas. Dividido entre nueve, quiere decir que son comunidades muy pequeñas.
¿Cuáles serían los principales problemas o escollos a los que tienen que hacer frente los monasterios en general?
Yo diría que tres en estos momentos. Uno es la escasez de vocaciones, porque claro si se hacen mayores y si son un número muy pequeño, la comunidad humanamente se empobrece. Eso significa que no pueden desarrollar muchas actividades o ciertas labores que antes, cuando eran comunidades numerosas, podían llevar a cabo. Otro es el de la formación. Aunque vivan en clausura no están fuera del mundo. Tienen que saber moverse, están afiliadas a la Seguridad Social y tienen que saber manejarse entre esos ámbitos. También saber comunicarse con el exterior, hay muchísimos detalles que tienen que conocer y después está la vida misma espiritual. Entran chicas que vienen con estudios universitarios o incluso de otros países. Realidades muy diferentes y por ello la formación es fundamental. Y luego está también el sostenimiento económico. Prácticamente todas se han pasado todas a la repostería o al bordado y confección de ornamentos. Ya como decía antes, algunas también tienen alguna parte del monasterio alquilada y es una renta que reciben, pero eso es muy precario también. De hecho, aquí había uno monasterio que tenía una parte alquilada a la Universidad para la Escuela de Turismo, pero la llevaron después a Mieres y se quedaron sin aquella renta mensual que era muy buena para ellas.
En vista de todas estas dificultades, ¿qué podemos hacer los fieles para ayudar a estas religiosas contemplativas?
Yo pienso que una de las razones de la existencia de estas jornadas es precisamente la de visibilizar la Vida Consagrada, porque, como decía San Agustín, lo que se desconoce no se ama, no se puede optar por ello.
Quizás las mojas tendrían que hacer un poco de revisión y, sin privar de ese clima de recogimiento y de silencio tan propio de su vida, tendrían que abrirse un poco más para darse a conocer.
Nosotros hemos de apoyarlas y sostenerlas en la medida en nos sea posible. Al conocerlas de cerca, a veces uno se lleva sorpresas. Yo suelo decir que, para mí, el descubrimiento de la vida contemplativa se produjo ya a los 26 años. No conocía nada sobre ellas. Recién ordenado sacerdote, fui destinado un verano a Villaviciosa y allí bajaba a comer y a cenar con las monjas Clarisas. A partir de allí surgió una amistad y un aprecio que perdura hasta el día de hoy. Yo me tuve que recomponer, cambiar la apreciación que tenía de los contemplativos. La tranquilidad, la paz, la alegría interior que tienen es muy desconocida. Por eso, tenemos que hacer un esfuerzo por conocerlas un poco más y apoyarlas también. Yo diría, por ejemplo, que ya que ellas son reposteras, cuando hagas una fiesta o tengas algo especial en casa, en vez de ir a comprar un dulce a otro sitio, cómpraselo a ellas y así las ayudas.
The post «La vocación a la vida contemplativa es, aún hoy, una gran desconocida» appeared first on Arzobispado Oviedo.
————————————————————————————————————————————————————————————
El anterior contenido fue publicado en: