Más de 370 personas, mayores de 18 años, se darán cita este domingo en la Catedral para recibir alguno de los Sacramentos de la Iniciación Cristiana: en su mayor parte, la Confirmación, pero también 22 de ellos recibirán el Bautismo y la Primera Comunión.
Lucas García es uno de estos últimos. Es asturiano, tiene 27 años y, hasta hace relativamente poco, no había pisado jamás una iglesia. Por supuesto no estaba bautizado, no había ido nunca a catequesis ni a clase de Religión. Pero todo cambió el día en que Steven Betancurt, hoy sacerdote, entonces diácono, le invitó a él y a unos amigos a una consumición en el bar del Berrón en el que estaban viendo un partido de la Champions. «Fue el camarero el que nos avisó de que el «cura» nos quería invitar. No quisimos tomar nada más pero yo me acerqué a agradecérselo. Ahí fue cuando empezamos a hablar un poco. Yo de aquella no creía y recuerdo que se lo dije. Le dije «No creo en Dios pero respeto todas las creencias». Hablamos un rato de mí, de fútbol, pero de nada religioso», recuerda Lucas. Fue el comienzo de una amistad.
«En aquel momento, en realidad, aún no era sacerdote», reconoce Steven. «Estaba recién ordenado de diácono y estaba destinado al Berrón, con D. Manuel Alonso, a quien le había hablado de que sentía que tenía que hacer algo con los jóvenes. Él me dio carta blanca y yo, que iba con frecuencia a un bar cercano, me hice amigo del camarero y un día, cuando vi a estos chavales, se me ocurrió invitarles a una ronda. En principio no quería que se enteraran de que había sido yo pero el camarero se lo dijo». «Fue entonces cuando Lucas se acercó a mí –explica–. Fue sólo uno de todos ellos, pero a mí me impresionó porque justo hacía unos días que había manifestado la sensación de que el Señor me invitaba a encontrar unos jóvenes y empezar a hacer algo. Es una gran alegría porque el Señor siempre pone ese celo apostólico, ese ardor por compartir la fe que tenemos, que es preciosa y que no nos podemos guardar para nosotros solos».
Aquello sucedió en marzo del 2023. Meses más tarde, Lucas recibió otro impulso viendo un vídeo en YouTube sobre las evidencias científicas de la existencia de Dios. «Aquello me parecía muy interesante –afirma Lucas–. ¿Cómo iban a ser la ciencia y Dios compatibles? Sin embargo, las evidencias eran abrumadoras y me hicieron pensar que era más fácil y lógico creer en Dios que lo contrario. Fue a partir de ese momento cuando empecé a hablar con Steven e interesarme más por la fe. Empezaba a pasar de ser agnóstico a creyente».
«Yo soy una persona bastante lógica –afirma Lucas–. Pensaba mucho y cuando empecé a leer la Biblia, a ver la vida de Cristo, a conocer su historia, saber que murió crucificado, que resucitó, y sobre todo cuando Steven empezó a explicarme muchas cosas, entendí que todo tiene un razonamiento. Es más fácil cuando alguien te explica bien todo».
En un momento determinado Lucas le preguntó a Steven qué pasos tenía que dar, toda vez que parecía que empezaba a creer y a entender. «¿Quién mejor que un sacerdote para que me guiase? –explica–. Y él me me decía que, además de formarme, tenía que conocer mejor la Iglesia, tener una vida de oración y relacionarme con gente joven como yo. Me recomendó hacer un retiro de Effetá, y yo, como un soldado, obedecí. Aquello fue un punto de inflexión importante para mí».
A pesar de ser tachados con frecuencia de «emotivistas», para Steven los retiros de Effetá son toda «una oportunidad para los jóvenes de hoy», donde «tienen la oportunidad de poder pararse, algo que es muy difícil con el tipo de vida que llevan habitualmente. En ellos se encuentran con una Iglesia que les espera, que les acoge y que les da lo auténtico, que es Cristo mismo». «Si uno se queda con esas imágenes donde los jóvenes salen cantando y llorando en las redes sociales, es fácil pensar que son pura emoción. Pero hay una vivencia de fondo de un fin de semana intenso en que han visto algo auténtico, que es Cristo que ha muerto y resucitado por ellos y que les da vida eterna. Y que eso no es algo que está en su mente y nada más, sino que tiene que ver con su vida, en el bar, en el fútbol, ahí en su oposición, en el estudio, allí donde estén, comprenden que su vida tiene un sentido, un por qué y un para qué».
Lucas afirma convencido que él no llegó a la fe «por sentimiento». Pero también reconoce que «Muchos jóvenes estamos volviendo a la fe, no por una moda, sino por la forma de vida que tenemos, sin sentido ninguno. Parece que hacemos muchas cosas pero en realidad no hacemos nada. En redes sociales vivimos haciendo un scroll infinito, pero no profundizamos, como tampoco lo hacemos en las relaciones o en tantas otras cosas». «Al final–dice–, lo que te da a Dios es esa sensación de paz que no encuentras en otro sitio y esa idea de sentido, una respuesta a la pregunta de ¿para qué estamos aquí? y Si nos vamos a morir ¿de qué sirve estar aquí? Esas respuestas las encuentras en la religión y sobre todo la cristiana, que es la que pone más énfasis el amor, en darte a los demás, en sacrificarte y en perdonar también, que es importante».
Finalmente, tras un proceso de formación y maduración en la fe, el domingo será un día fundamental en la vida de Lucas. «Tengo ganas de que llegue, principalmente porque no puedo comulgar los domingos cuando voy a misa y eso es lo que peor llevo», reconoce.
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