CATÓLICOS DE ASTURIAS – Mons. Braulio Sáez OCD, Obispo emérito de Oruro, predicador de la Novena a la Virgen del Carmen en San Nicolás (Avilés)

Comparte

Carmelita, natural de Burgos, Mons. Braulio Sáez García, Obispo emérito de Oruro (Bolivia) vive desde hace un tiempo en la comunidad carmelita de Nuestra Señora de Begoña (Gijón). Estos días ha predicado en la Novena a la Virgen del Carmen en la parroquia de San Nicolás de Bari (Avilés), y hablamos con él sobre esta advocación, su devoción, las tradiciones y su experiencia como misionero durante más de 50 años.

Habrá mucha gente que no conozca cuál es la relación entre la orden carmelitana y la Virgen del Carmen
Pues es una historia muy interesante que nos retrotrae a la figura de Elías y después al Monte Carmelo y después a Santa Teresa de Jesús, a san Juan de la Cruz… Es mucho para resumir en pocas palabras. La devoción a la Virgen del Carmen nace de los carmelitas, que a su vez nacieron en el Monte Carmelo (Tierra Santa) a finales del siglo XII. Fueron cruzados que acudieron a Tierra Santa y que, después de luchas que tuvieron allí, decidieron quedarse en el Monte Carmelo, imitando la vida de los profetas y optando por una vida de austeridad, encerramiento, contemplación… Una vida eremítica y sobre todo, amparados por la figura de la Virgen María, puesto que, de ahí viene la figura de la Virgen del Monte Carmelo. Ya el propio Monte Carmelo tiene una historia muy antigua porque era donde se reunían los profetas con Elías para mantener la alianza del Pueblo de Dios en medio de un pueblo pagano que se había pervertido.

Junto con esta devoción hay también tradiciones muy antiguas que hoy siguen en vigor, como la imposición del Escapulario. ¿Cuál su historia?
Aquí nos trasladamos a Europa, donde san Simón Stock recibe una gracia muy especial de parte de la Virgen. El Carmelo estaba viviendo muchas dificultades y problemas con las otras órdenes religiosas que había en Europa. Que viniera desde Oriente una nueva orden religiosa era complejo y no bien recibido porque les quitaba la «clientela», dicho así vulgarmente. San Simón Stock invocó a la Virgen y la Virgen le respondió que le daba una «prenda» como señal de protección y del amor que tenía hacia los carmelitas. Y le entregó el escapulario, con una serie de privilegios. «En la vida protejo, en la muerte ayudo y del purgatorio salvo». Tres privilegios importantes que posteriormente se completaron con el «privilegio sabatino», con Juan XXII, que recibió también de parte de la Virgen un mensaje diciéndole que las almas que llevaran el escapulario iban a ser liberadas del purgatorio el sábado siguiente después de su muerte.

Usted está vinculado al Carmelo desde niño, ¿por qué precisamente esta orden?
Estoy vinculado desde los 12 años, que entré en el Seminario. Y lo hice porque tenía un hermano carmelita, porque mi madre tenía un profundo amor al Carmelo y porque, en definitiva, lo mamé desde la más tierna infancia.

Ha sido misionero durante 53 años, con casi 40 años de Obispo, siempre en Latinoamérica. Cuéntenos cómo fue su historia desde que se ordenó, con 26 años, hasta que, al poco, le piden ir a Hispanoamérica como misionero.
En realidad yo siempre tuve la iniciativa y la inquietud de ser misionero, para llevar la palabra de Dios y anunciar el Evangelio a la gente que no lo conocía. Y justamente en la vida religiosa una de las cualidades y las capacidades que tenemos que tener siempre es la disponibilidad a lo que mande el superior. Y fue precisamente mi superior el que me invitó a irme al poco tiempo de la ordenación. Me ordené un 25 de marzo y en enero ya me pidieron que me fuera a América. Salimos exactamente el día primero de enero en 1970 para allá con el provincial para recorrer distintos países y después para quedarme en Montevideo.

¿Cuál fue su primera misión allí?
Trabajar en la parroquia con los jóvenes y con la gente de las comunidades. Entonces estaban muy de moda las comunidades eclesiales de base que se organizaban en la parroquia y con una metodología muy particular que era «ver, juzgar y actuar». Trabajamos mucho con los jóvenes organizando grupos de reflexión y campamentos de profundización, algo que les encantaba y ellos tenían la inquietud de saber más.
Eran años muy difíciles, muy difíciles porque las dictaduras en América Latina se instituyeron y se formaron muy fuertes y el único espacio que había para dialogar, para charlar y para conquistar a los jóvenes era la parroquia y ahí tuvimos muchísimos grupos de jóvenes.

Después de Uruguay vino otro destino: Bolivia, que sería una realidad muy diferente.
Sí, totalmente distinta, porque era el mundo aymara, quechua… Es una zona que tiene como 16 culturas distintas y me mandaron a Cochabamba de formador de los jóvenes aspirantes para ser religiosos carmelitas. Estuve con ellos tres años y después ya me nombraron Obispo. Primero viví en Cochabamba, luego en La Paz y después en Oruro, a 3.800 metros de altura. Después de 11 años en el altiplano y tres infartos, mi último destino fue Santa Cruz.

¿Cómo era la vida de la diócesis allí?
Muy sencilla: la gente era muy sencilla, mineros, campesinos y la gran mayoría quechuas y aymaras. Era una vida totalmente distinta, con idiomas y culturas muy diferentes y antiguas.

¿Cómo vivían su fe? ¿Eran católicos?
Católicos, animistas, con mucha variedad pero gente muy, muy religiosa e involucrada en la Iglesia.

¿Salían vocaciones de aquellas poblaciones?
Sí, había bastantes vocaciones, al principio no tantas como en España hace años, pero sí que había vocaciones. De hecho yo comencé con un grupo de once chicos en el Seminario y hoy bastantes de ellos están ordenados.

¿En todos esos años que estuvo en Bolivia, cómo encontró y cómo dejó el país?
Yo creo que socialmente igual, no ha crecido mucho. Yo tengo que reconocer que me costó mucho integrarme en aquella cultura, pero después realmente me adapté muy bien a la cultura aymara y a la cultura quechua y del altiplano en general. Con sus costumbres. La gente me quería muchísimo. Y es que me gustaba comer con ellos, charlar, dormir con ellos y frecuentar sus mismos ambientes. La gente entendió que yo estaba cerca de ellos aunque no hablara su mismo idioma.

En Hispanoamérica sucede que los territorios de misión son muy extensos.
Sí, el territorio de Oruro era de 53.000 kilómetros cuadrados. Más que cinco veces la provincia de Burgos y no sé cuántas veces Asturias. Pero yo tenía coche y conducía yo mismo, no tenía chófer. Iba de una a otra comunidad, puedo decir que visité unas 500 comunidades.

¿Fue duro abandonar Bolivia?
Me costó mucho, fui muy feliz allí.

Una vez en España, ¿cómo se ha encontrado su país natal?
Pues me siento fuera de mi ambiente, como pez fuera del agua. Me fui de aquí en el año 70 y ahora veo que ha cambiado muchísimo la sociedad. Diría que es totalmente diferente.

¿Qué podríamos aprender de esas gentes más sencillas con las que ha convivido tantísimo tiempo?
La simplicidad, el saber esperar y el saber que uno tiene que vivir cada día con alegría, con ilusión, con esperanza, con generosidad y saber compartir.

The post Mons. Braulio Sáez OCD, Obispo emérito de Oruro, predicador de la Novena a la Virgen del Carmen en San Nicolás (Avilés) appeared first on Arzobispado Oviedo.

————————————————————————————————————————————————————————————

El anterior contenido fue publicado en:

Leer más