Don Nicolás Prieto Álvarez es natural de San Román de Candamo, aunque se crió en Avilés. Pertenece al Opus Dei y lleva 20 años en Camerún. En una visita habitual a su tierra natal, nos cuenta cuál es su labor allí y cómo es la vida de los cristianos en Camerún.
¿Qué hace un sacerdote de Avilés en un país como Camerún?
En realidad yo nací en San Román de Candamo, pero luego efectivamente crecí en Avilés, estudié en el Instituto Carreño Miranda y por cosas de la vida, me fui a estudiar a la Universidad de Navarra porque en esos años de juventud también me hice miembro del Opus Dei. Estudié en Pamplona Filosofía y luego trabajé unos cuantos años como profesor de Enseñanza Media. Después, un poco mayor, con más de 40 años, me ordené sacerdote.
Estuve unos años en Roma terminando el doctorado y en el año 2006, cuando estaba todavía haciendo mis prácticas, mi primer tiempo después de la ordenación en Valladolid, me preguntaron si quería irme a Camerún. Resulta que había un sacerdote que estaba allí, de Sevilla, pero que tenía que volverse porque tenía algún problema de salud y me preguntaron si me veía con fuerzas, porque efectivamente irse a África no es como irse a Logroño. Me fui para allá, así son las cosas de la vida. Yo, cuando me ordené, pues como todos los sacerdotes, estamos para servir donde el Señor nos ha llamado, en la diócesis o en la prelatura del Opus Dei en mi caso, pero también dispuestos a ir a donde haga falta, donde el Señor quiera. Y así llegué a en Camerún en el 2006, hace ya 20 años. Precisamente el día de la Santina del 2006 celebré mi primera misa en Camerún.
Usted pertenece al Opus Dei, lo acaba de comentar. ¿Cómo es el centro donde vive?
Es muy diverso. Camerún es ya de por sí un país de mucha diversidad, porque hay un buen número de cristianos, pero también hay musulmanes. Además hay tribus muy distintas: tenemos pigmeos o gente del norte que tiene un color muy oscuro, muy delgados; otros que son bantúes, etc. También hay distintas lenguas.
Por otro lado, hay un pequeño número de europeos. Pocos. Algún libanés y ahora también hay muchos chinos que van allí a trabajar en empresas chinas que se asientan allí. Yo estoy en un centro que está al lado de la universidad. Podemos decir que a la puerta del campus de la Universidad de Yaoundé, la capital. Mi trabajo es hacer un poco de capellanía para los jóvenes católicos o no católicos que quieren profundizar en la fe o mejorar su vida o, en fin, sus virtudes. Ahora mismo en Camerún los jóvenes tienen el problema de la inserción profesional. Cursan sus estudios pero luego, ¿qué? Tienen dificultades para encontrar un buen empleo.
Por otro lado también acompaño a algunos jóvenes en la preparación del matrimonio. Y este año, además, también he empezado a sustituir a otro sacerdote asturiano que estaba allí desde hacía 28 años, pero que ha tenido que regresar y yo le sustituyo en el Seminario Mayor de Yaoundé. Allí hago la dirección espiritual. En fin, y como todos los sacerdotes también procuro ayudar a otros hermanos sacerdotes de las diócesis vecinas. Al cabo de los años ya tengo bastantes amigos. Estoy pensando por ejemplo en un chico que conocí estudiando Física en la Universidad y que ahora es el Canciller de una diócesis vecina. Seguimos teniendo mucha relación.
Ya que colabora con el Seminario, le pregunto: ¿tiene muchas vocaciones Camerún?
Sí, sí. La verdad es que, gracias a Dios, es una cosa impresionante porque el Evangelio llegó hace un poco más de un siglo, a finales del siglo XIX, es decir hace ahora unos 130 años o 140 años. Y ahora mismo, por ejemplo, en el Seminario donde estoy hay 250 seminaristas. En realidad proceden de ocho diócesis, las de la Provincia. Cada año se ordenan unos 40. Y, en realidad, no pueden formar a más porque les faltan medios, porque incluso la familia, aunque sea modesta, tiene que aportar algo.
También hay muchas conversiones. Hay algunas parroquias, sobre todo de las grandes ciudades, como Yaoundé o Duala, que tienen, a lo mejor, una población de 20.000 habitantes, con mucha juventud y que pueden tener a lo mejor 800 o 1.000 jóvenes y adultos en catequesis. Y cada año se bautizan alrededor de 200 personas, entre ellos muchos bebés pero también jóvenes, adultos e incluso personas mayores. Hay un gran fervor. La gente, por ejemplo, tiene mucha devoción a la Virgen, le gusta mucho hacer novenas y ayunar. Allí el ayuno se lo toman muy en serio. Sin comer ni beber agua hasta la tarde, hasta que cae el sol a las seis y media.
Y eso que es un país de mucha diversidad, con católicos pero también protestantes y musulmanes. ¿Cómo es la convivencia entre gente de diferentes religiones?
Pues en estos últimos años, como la gente ya sabrá, en África existe todo este problema de grupos islamistas, que a veces son realmente violentos. De Nigeria pasa, por ejemplo, Boko Haram, un grupo que efectivamente han llevado a cabo bastantes atentados. Pero la tradición de Camerún es curiosa, porque el primer presidente era musulmán, pero quiso que hubiera católicos, protestantes, etc. De hecho, cada religión tiene fiestas oficiales. En Camerún se celebra la Ascensión del Señor, pero también la Navidad o el Viernes Santo, por ejemplo. Los musulmanes tienen también sus fiestas: la fiesta del fin del Ramadán, la fiesta del Cordero etc.
Además, existe el fenómeno de que haya familias con miembros católicos y musulmanes por ejemplo.Y mucha gente que se convierte, que se bautiza etc. Algo que viene entre otras cosas de los colegios, porque allí los colegios católicos tienen mucho prestigio, son de los mejores, allí estudia mucha gente y siempre hay personas que se animan libremente a bautizarse. Lo he vivido personalmente porque también he sido capellán de un colegio. En general, en Camerún hay un deseo de crecer en la fe y de comunicarla a los demás con naturalidad. Esto la gente lo acepta, no suele haber problemas.
¿Y cómo fue la visita del Papa al país, hace unos meses?
Fue un momento realmente bonito y emocionante. Creo que para el Papa también. Él venía de Argelia, que es un país de gran mayoría musulmana, con una pequeña comunidad cristiana. Y cuando llegó a Camerún se encontró con el calor, el cariño, el entusiasmo, la devoción y el fervor del pueblo. Y es que las misas allí son impresionantes porque la gente está verdaderamente en silencio. Además participan, cantan en las lenguas tradicionales, se cuida mucho la liturgia y el Papa mismo les felicitó.
De los mensajes que haya podido dejar el papa estos días allí, ¿hay algo que le haya llegado especialmente?
Bueno, allí está el problema de que el país está dividido en dos zonas. La más grande es de habla francesa. Son ocho regiones. Y hay dos regiones que son de habla inglesa. Desde hace diez años, desde 2016, en esta zona ha habido un grupo separatista que ha sido en momentos muy violento. A cambio ha habido una represión, por parte del ejército, a veces muy exagerada. La gente lo reconoce y por tanto muchos han huido. El Papa vino para justamente hacer una llamada a la paz, al perdón, a la reconciliación.
Hace poco, el Presidente del país se presentó a unas nuevas elecciones. Tiene ¡93 años! Nada menos. Después de 43 años en el poder, todavía se ha presentado para 7 más. En este sentido ha habido mucha controversia porque no está claro que las elecciones hayan sido limpias. Parece que es problable que haya habido bastante fraude y quizás haya ganado en realidad un candidato de la oposición. Algunos grupos protestaron contra la visita el Papa porque lo veían como si estuviera apoyando al presidente actual, que es católico, que estudió incluso en el seminario menor, cuando era joven.
Pero bueno, el Papa fue a Camerún justamente para hacer ese llamado a la paz, a la justicia. Ha hablado también con mucha fuerza a las autoridades y a todos de evitar la corrupción, que es un problema muy enraizado. Los negocios, la administración pública, en fin, las mordidas, estas cosas que hacen mucho daño porque ahora mismo, por ejemplo, hay bastantes jóvenes cameruneses, a veces muy brillantes, que han hecho estudios superiores, que son funcionarios, incluso tienen un puesto de trabajo, que emigran, se van a Canadá sobre todo, a Francia o Alemania, porque tienen mejores oportunidades.
También el Papa se ha dirigido a ellos y les ha animado a que se queden en el país, porque les necesitan. Fue muy bonito, por ejemplo, el encuentro que tuvo con la juventud en la Universidad Católica, que celebra sus 35 años de vida y que ha formado muchos de los líderes del país. Es una universidad realmente muy prestigiosa. Ell papa habló allí a los profesores y a las autoridades de coherencia, de dar ejemplo de que, lo que enseñen, lo vivan, para que la fe realmente se haga vida en el trabajo, en la vida familiar.
Ya para terminar, ¿cómo es el Opus Dei en Camerún? ¿Cómo se integra en la vida de la gente y cómo la gente lo acoge?
El Opus Dei llegó en el año 88 del pasado siglo. El entonces Arzobispo de Yaoundé, que se llamaba Mons. Jean Zoa, había participado en el Concilio Vaticano II y había conocido al beato Álvaro del Portillo. A partir de ahí pidió al Nuncio de Su Santidad en Camerún que vinieran, porque creía que podían aportar a la Evangelización del país. Los primeros numerarios y sacerdotes llegaron de varios países: España, Italia, México, Brasil. Y la verdad es que nos acogieron muy bien. Efectivamente, ahora mismo la mayor parte de los miembros del Opus Dei de Camerún son africanos, son cameruneses, y yo diría que se ha enraizado bien, porque sobre todo los jóvenes y también los adultos, aprecian esa idea de ser un cristiano, no solamente de misa de domingo, sino de toda la semana, de 24 horas al día, de vivir realmente la búsqueda de la santidad en tu trabajo de todos los días, en la vida familiar, etc.
La familia africana ha sufrido en los últimos tiempos, porque la sociedad, como en Occidente, tiende a ser más individualista, y entonces el mensaje del Opus Dei de buscar una perfección cristiana en medio de la calle, en tu vida, en el pueblo o en la ciudad, les gusta mucho, y la gente se entusiasma, realmente.
El mío es un trabajo muy bonito, sobre todo con la juventud, para que descubran que la vida cristiana realmente ayuda a África, porque también hay una idea que a veces no sois conscientes, quizás aquí en Europa, que hay africanos que ven la Iglesia, ven el cristianismo como un instrumento de opresión de Europa, con todo el tema de la esclavitud y las colonias etc. Sin embargo, la Iglesia siempre ha querido, desde el principio, inculturarse, mostrar que el Evangelio, Cristo, viene para todos y nos ayuda justamente a la reconciliación y a la paz. Que no hay razas, que todos somos hijos de Dios y eso la gente lo aprecia.
The post Nicolás Prieto, sacerdote asturiano en Camerún: «En el país hay un gran fervor religioso» appeared first on Arzobispado Oviedo.
————————————————————————————————————————————————————————————
El anterior contenido fue publicado en: