CATÓLICOS EN FERROL – Gijón concede su Medalla de Oro a los Misioneros Claretianos

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Los Misioneros Claretianos recibieron ayer la Medalla de Oro de la Ciudad de Gijón en el transcurso del acto institucional celebrado en el Teatro Jovellanos con motivo de la festividad de san Pedro, patrón de la ciudad. Con esta distinción, recibida de manos de la alcaldesa Carmen Moriyón, que estuvo acompañada del portavoz del Foro, Jesús Martínez Salvador, el Ayuntamiento ha querido reconocer una presencia y una labor compartida con la sociedad gijonesa desde hace más de un siglo.

La comunidad claretiana estuvo representada en el acto por el P. Adolfo Lamata, superior mayor de esta provincia; el P. Arturo Muiño, superior de la comunidad, que estuvo acompañado por los religiosos que forman parte de esta; y, además, viajaron desde Madrid otros misioneros vinculados a Asturias, entre ellos los PP. Luisma Suárez, Basilio Álvarez y Simón Cortina. En el momento de la entrega, Moriyón destacó que la medalla de oro concedida “reconoce una trayectoria centenaria, pero, sobre todo, reconoce la huella de quienes entendieron que educar consiste en creer a las personas”.

“Reconocer a los claretianos es reconocer a una institución que ha sabido conjugar la fidelidad a su identidad con la capacidad de adaptarse a cada tiempo; que ha sido, a la vez, esa combinación tan gijonesa que fusiona tradición y vanguardia”, aseveró a renglón seguido. Además, el galardón a los claretianos lo hizo extensivo a “todos los religiosos, profesorado, trabajadores y familias que, generación tras generación, han hecho el Colegio Corazón de María una parte inseparable de la historia sentimental de Gijón”.

Caminar con el pueblo de Gijón

En nombre de los Misioneros Claretianos, el P. Adolfo Lamata expresó un agradecimiento profundo por una distinción que definió no solo como un honor, sino también como “un espejo de la historia compartida desde 1922 entre los claretianos y la sociedad gijonesa”. En sus palabras, recordó los tres grandes rostros de esa presencia en Gijón: la parroquia, el Colegio Corazón de María y el Santuario de Nuestra Señora de Contrueces, todos ellos expresión de una misma vocación: caminar con el pueblo de Gijón.

El superior mayor subrayó además que esta medalla pertenece, sobre todo, a los muchos misioneros que han formado parte de la comunidad a lo largo de más de cien años, así como a las familias, estudiantes, educadores, feligreses y a todas las personas que han hecho posible una presencia “abierta”, acogedora y comprometida con el bien común y con la vida de la ciudad.

Por su parte, el P. Arturo Muiño, superior de la comunidad claretiana de Gijón, redundaba en esta misma idea, señalando después del acto que este reconocimiento supone “un bello homenaje a una labor hecha durante muchos años por los claretianos que nos precedieron”. Recordó, además, a aquellos primeros misioneros que llegaron a la ciudad y desarrollaron su trabajo pastoral en el barrio de El Llano, en circunstancias sencillas y exigentes, entregados al anuncio del Evangelio y al servicio del pueblo.

El P. Muiño quiso insistir en que se trata de “un mérito de los claretianos” y destacó que el reconocimiento remite al testimonio acumulado de tantos hermanos que han dejado huella. Asimismo, valoró positivamente que la concesión de la medalla saliera adelante con un amplio respaldo institucional, hecho vivido por la comunidad como un motivo de gratitud. Al mismo tiempo, se agradece de manera especial la disponibilidad del P. Tomás Tobes, desplazado desde Oviedo a Gijón para presidir la eucaristía de las ocho de la tarde en la parroquia de la villa, haciendo posible así que sus hermanos de la comunidad de Gijón pudieran estar presentes en el Teatro Jovellanos para recibir este reconocimiento en nombre de tantos otros misioneros que, a lo largo del tiempo, han sostenido la misión en la ciudad.

Por tanto, la concesión de la Medalla de Oro de la Ciudad de Gijón reconoce así una trayectoria prolongada de servicio a través de la evangelización, la educación y la atención pastoral, encarnada en la vida cotidiana de la parroquia, del colegio y del santuario, y sostenida por generaciones de misioneros.

Los claretianos reciben esta distinción con gratitud y con el deseo de que sea también un estímulo para seguir sirviendo a Gijón con alegría, creatividad, cercanía y responsabilidad, fieles a una misión compartida con tantas personas a lo largo de estos más de cien años de historia.

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