CATÓLICOS EN MADRID – Como aquella vez, la llamadaSin Autor

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Son muchos los factores que se acomunan para explicar la severa estadística de la carencia de vocaciones si la comparamos con otros tiempos pasados no tan lejanos. La crisis demográfica influye, sin duda, en la disminución de seminaristas. También el ambiente de secularización que impone un declive en los valores cristianos que en otras épocas permeaban la sociedad y las mismas familias. Los ataques que sufrimos los cristianos ridiculizando y focalizando injustamente sólo sobre la Iglesia lo que son lacras de la entera sociedad. También nuestra incoherencia cristiana frente a Jesús y su Evangelio y el testimonio de los santos a través de dos mil años de historia. Todos esos factores influyen en la realidad vocacional de nuestros días, dibujando un mapa más descolorido y menos habitado al compararlo con cuanto se vislumbraba unas cuantas décadas atrás.

Pero dicho esto, hay un punto de inflexión en Asturias. Cuando llegué a esta bella tierra en 2010 teníamos en nuestro Seminario ocho seminaristas. Preciosas vocaciones siendo hoy excelentes sacerdotes. En este momento contamos con cuarenta y dos jóvenes que se forman en nuestro Seminario. Y además de los 63 que he podido ordenar en todos estos años, puedo decir con inmenso agradecimiento que en este domingo de Pentecostés ordenaré a 11 seminaristas: cuatro diáconos y siete presbíteros. Todo un regalo para nuestra Archidiócesis y la Iglesia universal, por el que no ceso de dar gracias al buen Dios.

Es un misterio muy grato el saberte llamado por el Señor a la vocación del ministerio sacerdotal. No hay nada de conquista ni de merecimiento por parte nuestra. Sólo cabe la admiración agradecida por una tamaña gracia que nos deja siempre asombrados por haber sido tan bendecidos. El hecho de que Dios quiera poner en tu boca su Palabra de verdad y bondad para contar la Buena Noticia con tus labios, o que quiera poner en tus pequeñas manos sus dones y regalos para gratuitamente repartirlos contigo, no deja de ser admirable donde lo haya. Portavoces de su Palabra y portadores de su Gracia, esta es la llamada impresionante misteriosamente recibida.

Estos jóvenes que se inician en el ministerio tendrán que anunciar la Verdad en medio de un mundo que hace de la mentira su manera de abusar en el poder. Tendrán que izar la bandera de la Paz cuando tantas trincheras de violencia nos acosan en las guerras entre pueblos y en las domésticas. Tendrán que cantar la Bondad en contraste con la maldad perversa que campea por sus fueros. Y tendrán que proclamar la Belleza cuando lo zafio desparrama con su mal gusto tantas cosas feas. Y frente a la insidia que enfrenta y divide, serán heraldos de la Fraternidad que nos hermana contra viento y marea.

Por eso irán contracorriente siendo ante tantos un signo de contradicción amable y profética, capaz de anunciar la esperanza que nos salva y bendice, denunciando los desmanes malditos que nos desesperan. No lo tendrán fácil, pero sus vidas abrirán caminos que tienen meta, y curarán heridas que otros desangran, acercarán el pan tierno que quita las hambres con el Cuerpo de Cristo y escanciarán el vino convertido en la Sangre de Jesús que nos llena de santa alegría. Derramarán el agua bautismal a los nuevos cristianos que se inician con fe en los senderos de las bienaventuranzas. Podrán perdonar los pecados que nos enfrentan con los hermanos y nos extravían de Dios, y pondrán el bálsamo de la unción a los enfermos y ancianos que rematan sus vidas en la confianza.

Toda una vida hecha ministerio, sin horarios ni intereses mundanos que sirve a los hermanos con la entrega de la caridad más hermosa y alaba al Señor con el cántico de la gratitud más bella y sonora. Este es el regalo que Dios nos hace con estas nuevas vocaciones tan inmerecidamente regaladas por su Providencia. Que María las proteja y acompañe. Nosotros, conmovidos, damos las gracias.

+ Fr. Jesús Sanz Montes, ofm
Arzobispo de Oviedo

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