CATÓLICOS EN MADRID – Dios en mi día a día de vacacionesSin Autor

Comparte

El mes de agosto ha llegado: horarios más flexibles, más planes, viajes, amigos, familia, playa, montaña, tardes largas y momentos que durante el curso no siempre tenemos. A veces pensamos que las vacaciones son simplemente un tiempo para desconectar de todo… incluso de Dios. Pero quizá sean una oportunidad especial para descubrir que Él también está presente en lo cotidiano.

Dios no está solo en la iglesia, en una oración concreta o en los momentos “importantes”. Está también en una conversación sencilla, en una puesta de sol, en una risa con amigos, en un paseo tranquilo o en ese momento en el que agradeces estar vivo.

Jesús también invitaba a sus discípulos a descansar: «Venid vosotros solos a un lugar tranquilo a descansar un poco» (Mc 6,31). El descanso no es perder el tiempo; es reconocer que no somos máquinas y que necesitamos volver al centro.

Durante el curso podemos vivir corriendo: estudios, trabajo, actividades, compromisos… Las vacaciones pueden ser ese espacio para recuperar la calma y preguntarnos: ¿cómo está mi relación con Dios?

No hace falta hacer cosas enormes. A veces basta con empezar el día con un “gracias, Señor”, dedicar unos minutos a rezar, leer un Evangelio o recordar que Dios camina conmigo.

Quizá imaginamos que encontraremos a Dios en experiencias extraordinarias, pero muchas veces aparece en lo sencillo: En una paella familiar donde vuelves a sentirte acompañado, en una amistad que te encuentras cada año en agosto y que ayuda a crecer, en la naturaleza que nos recuerda la grandeza de la creación, en una conversación en un atardecer en la playa que llega justo cuando la necesitabas, en la paz de estar unos minutos en silencio al entrar en la ermita de tu pueblo.

Las vacaciones nos ofrecen más momentos para mirar alrededor y descubrir esos regalos que normalmente pasan desapercibidos.

A veces hacemos una especie de pausa espiritual: “Ya volveré a rezar cuando empiece el curso”. Pero Dios no se toma vacaciones de nosotros. Su amor no depende de nuestros horarios ni de nuestra rutina. Quizá este verano sea una buena ocasión para cambiar la pregunta. En vez de pensar: “¿Cuánto tiempo tengo para Dios?”, podemos preguntarnos: “¿Dónde puedo encontrar a Dios hoy?”

Porque Él no espera únicamente en los grandes momentos. Está en nuestro día a día.

Estas vacaciones pueden ser una oportunidad para agradecer más y quejarnos menos; cuidar nuestras amistades; dedicar tiempo a la oración; participar en la Misa aunque estemos fuera de casa; ayudar a alguien que lo necesite o vivir con más alegría y sencillez.

Al final, unas vacaciones con Dios no son unas vacaciones menos divertidas. Son unas vacaciones vividas con más profundidad, porque descubrimos que cada momento puede convertirse en un encuentro con Él.

Este verano, allá donde estés, recuerda: Dios también está ahí. En tu día a día, en tus planes, en tus descansos y en tu historia. Y quizá lo único que necesitamos es aprender a mirarlo.

Raúl M. Mir

La entrada Dios en mi día a día de vacaciones<br/><span class=”autorcontitulo”><span class=”sinautor”>Sin Autor</span></span> se publicó primero en Jóvenes Católicos.

————————————————————————————————————————————————————————————

El anterior contenido fue publicado en:

Leer más