Me alegró mucho leer estas palabras que el Señor dirigió a Grabielle Bossis:
«El momento presente. Pon en él toda tu atención de amor. Ten toda tu vida la devoción del momento presente. Nada del pasado. Nada del porvenir, sino el momento presente de amor».
Cada momento es un tesoro, y si no lo vivimos para Dios, lo perdemos. Pero eso implica confiar totalmente en Él, dejar en sus manos el ayer y el mañana.
Cada momento es único. No volverá. Sería una pena perder la oportunidad de amar al Señor y a los demás ahora.
Otra mujer, Chiara Lubich, en Ser tu palabra, nos habla también de la importancia del momento presente:
«La Escritura enseña a hacer bien las pequeñas cosas: esta es precisamente la característica de quien no hace otra cosa con todo el corazón, que lo que Dios le pide en el momento presente. Si uno vive en el presente, Dios vive en él y si Dios está en él, en él está la caridad. Quien vive el presente es paciente, perseverante, manso, pobre de todo, puro; es misericordioso porque posee el amor en su expresión más elevada y genuina; ama verdaderamente a Dios con todo el corazón, con toda el alma, con todas las fuerzas; está iluminado interiormente, es guiado por el Espíritu Santo y por consiguiente no juzga, no piensa mal, ama al prójimo como a sí mismo, tiene la fuerza de la locura evangélica de poner la otra mejilla, de caminar dos millas…
(…) Quien vive el presente está en el Cristo Verdad. Y eso sacia, sacia al alma que siempre anhela poseer todo en cada momento de su vida».
Señor, a veces la mente se me va y me pongo tontamente a pensar en el futuro o en el pasado. Ayúdame a volver a donde estoy, al trabajo que tengo entre manos, a la persona con la que hablo, a Ti, a quien estoy hablando en la oración, en la santa Misa o por la calle.
Un poema de la escritora Helen Mallicoat nos enseña que Dios nos espera en el momento presente:
«Estaba lamentándome del pasado y temiendo el futuro… De repente “mi Señor” estaba hablando: “Mi nombre es Yo Soy”.
Hizo una pausa. Esperé. Él continuó:
“Cuando vives en el pasado, con sus errores y pesares, es difícil. Yo no estoy allí. Mi nombre no es Yo fui. Cuando vives en el futuro, con sus problemas y temores, es difícil. Yo no estoy allí. Mi nombre no es Yo seré. Cuando vives en este momento, no es difícil. Yo estoy aquí. Mi nombre es Yo Soy”».
Ángel Custodio, tú estás siempre a mi lado, y tienes como misión conseguir que yo me enamore totalmente de Dios. Dame un toque cuando me haya ido del presente y esté viajando con la imaginación por mundos inexistentes.
Del libro «Dios te quiere, y tú no lo sabes» de Tomás Trigo (cap. 27)
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