Visibilizar la salud mental sin estigmas
Por: Eloy Asenjo Carpintero
¿A qué altar estamos sacrificando nuestra paz? Vivimos corriendo detrás de un ritmo imposible, exigiéndonos ser siempre los mejores, los más exitosos, los que nunca fallan y los que tienen una sonrisa perfecta en las redes. Pero, seamos sinceros, ¿cuántas veces por dentro nos estamos rompiendo?
La salud mental sigue siendo el gran tabú del que nadie habla. Una herida invisible que devora a muchísimos jóvenes en silencio, cargada de vergüenza y miedo al qué dirán. Cómo nos estremeció escuchar en el testimonio de Carmina en Montjuïc, cuando se abrió por completo ante el Papa para confesar que había luchado durante años en solitario contra la depresión hasta intentar acabar con todo una noche de viernes, nos damos cuenta de lo frágiles que somos y de cómo el dolor, cuando se calla, puede volverse una oscuridad asfixiante. Por eso mismo, esta es precisamente la intención que el Papa nos propone para este mes de octubre: rezar y trabajar por la pastoral de la salud mental, sacando a la luz esta realidad que tantas vidas desgasta.
Ya es hora de romper este estigma, entre nosotros y en nuestros grupos. No podemos mirar hacia otro lado ni juzgar a quien lo pasa mal. Jesús no nos quiere encerrados en nuestras movidas ni disimulando que todo va bien. Por eso, la Iglesia y cada uno de nosotros tenemos que ser un lugar seguro, un espacio donde se pueda llorar, dudar y respirar sin miedo a que nos pongan etiquetas.
Ahí es donde tú y yo tenemos una misión brutal: hacernos cercanos, mirar a los ojos a quien sufre y llevarle la mirada amorosísima de Jesús. Una mirada que te llama por tu nombre, te quita los complejos, te devuelve la dignidad y te recuerda que nunca estás solo.
Cuando la noche se cierra y parece que nada vale la pena, es normal sentir que Dios nos ha abandonado. Pero mira la cruz: Jesús no es un espectador lejano que nos mira desde arriba. Él cargó con nuestra misma angustia, con nuestras lágrimas y con nuestra más profunda soledad. Dios no quiere que sufras; camina contigo en el barro y se queda a tu lado incluso cuando parece que hay un silencio total.
Por eso, si estás atravesando ese túnel donde no se ve ninguna luz y todo parece un callejón sin salida, grítale a Dios, apóyate en los tuyos y no intentes pasarlo tú solo. A veces, la única salida es obedecer a ciegas, dar un pasito más en la oscuridad agarrado de su mano y confiar, aunque no sientas nada. Ábrete a quien te tiende la mano con discreción: déjate rescatar, porque con Él, la vida —por muy rota que parezca— siempre, siempre renace.
Eloy Asenjo Carpintero

(Madrid, 1965) es Licenciado en Ciencias Físicas por la Universidad Autónoma de Madrid (1988) y docente de Enseñanzas Medias en las áreas de Matemáticas, Física e Informática. Con experiencia como consultor en e-learning e implantación de tecnologías educativas, actualmente imparte clases en el Colegio María Teresa de Alcobendas y desarrolla recursos didácticos interactivos para la enseñanza de las ciencias en Secundaria y Bachillerato.
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