Hace unos días, un amigo sacerdote me escribía un e-mail en el que me contaba la historia de un sacerdote de Tanzania que le estaba ayudando en su parroquia mientras realizaba una licenciatura en Teología Dogmática. En junio terminó sus estudios y, como tenía previsto y le comunicó, a comienzos de septiembre le esperaba su Obispo en su diócesis.
Mi amigo, esperaba, que al regresar a su parroquia a principios de este mes el sacerdote de Tanzania hubiera sacado su billete de avión y le comunicará el día que pensaba marcharse y, sin embargo, se encontró con una carta que le decía que a mediados de septiembre volvería a la parroquia porque había decidido no regresar a su país y quedarse a vivir en su diócesis. Este amigo mío se quedo muy sorprendido y esperó a que volviera para hablar con él.
Al regresar este sacerdote de Tanzania le contó que no sabía lo que era volver a un país pobre, sin recursos, sin nada. Mi amigo intentó convencerle que su diócesis y miles de feligreses le estaban esperando en su país, pero no cedía.
En estos días están viendo cómo solucionar esta papeleta.
Lo más sorprendente son las ultimas palabras que acompañan el e-mail: «no hemos enseñado a renunciar, a sacrificarnos y ver a Jesús que ha dado la vida para que la Iglesia tenga la suya. Hoy muchos jóvenes, sacerdotes y seculares, no saben renunciar por un amor como es el Amor de Dios»
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