CATÓLICOS EN MADRID – No perdamos la capacidad de maravillarnosSin Autor

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Hay algunos momentos en los que el mundo parece detenerse. Un “eclipse” es uno de ellos.

Durante unos minutos, miles de personas levantaron la cabeza y miraron al cielo.  Personas diferentes, con vidas distintas, preocupaciones, dudas….Por un momento, todos miramos en la misma dirección. Y eso es algo extraordinario.

Nuestros antepasados también levantaban la mirada cuando ocurría un eclipse. Para ellos, aquello podía resultar misterioso e incluso darles miedo porque no sabían exactamente qué estaba sucediendo y, muchas veces, lo interpretaban como una señal de los dioses o un acontecimiento extraordinario.

Nosotros sabemos qué es un “eclipse”, cómo se produce y cuándo va a suceder. Podemos calcularlo con una precisión increíble. Pero hay algo que no debemos perder nunca: la capacidad de asombrarnos.

Conocer cómo ocurre algo no significa que deje de ser maravilloso porque estamos ante algo que nos supera. Vivimos rodeados de imágenes. A veces tenemos tanta información que no nos sorprende nada. Estamos acostumbrados a que todo ocurra inmediatamente y a tener una explicación para casi todo. Por ello, necesitamos momentos que nos obliguen a detenernos.

El “eclipse” lo hizo. Nos obligó a levantar la mirada, guardar silencio, contemplar, reconocer que hay algo mucho más grande que nosotros. Y la belleza de la creación puede llevarnos hasta su Creador. San Juan Pablo II escribió una frase que parece escrita para este momento : “Ante las maravillas del universo, la única actitud apropiada es el asombro”.

Asombrarnos ante el cielo, ante una persona que queremos, ante una amistad verdadera, ante el perdón, ante la vida, ante el Creador…

Porque quizá el asombro sea una de las formas más sencillas de volver a mirar hacia Él. El cielo nos recuerda que somos pequeños dentro de un universo inmenso. Pero ser pequeños no significa ser insignificantes. Al contrario, hasta los cabellos de nuestra cabeza están contados. “Eres precioso a mis ojos, eres estimado, y yo te quiero” (Isaías 43,4).

No hace falta entenderlo todo, no hace falta tener todas las respuestas. A veces basta con dejarse sorprender. Y puede ser ese el verdadero reto: abrir bien los ojos, aprender a mirar con asombro para poder agradecer. Detrás hay un Creador que sigue diciéndonos, cada día: “Mira, estoy aquí”.

Marienma Posadas Ciriza

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