CATÓLICOS EN MADRID – Reflexiones acerca de Víctor, un nuevo sacerdoteSin Autor

Comparte

He tenido la fortuna de poder acompañar a Víctor Torre de Silva en su ordenación sacerdotal, que tuvo lugar en Roma el pasado 23 de mayo. Sin duda, ha sido toda una oportunidad de presenciar la determinación de un joven enamorado de Cristo, que ha entregado sus manos, su cabeza, su corazón… su vida entera, para ponerla al servicio de la Iglesia. Y he comenzado por nombrar sus manos, a las que añado su voz, porque son las manos y las palabras del sacerdote las únicas que actualizan la promesa de Jesús de permanecer a nuestro lado («Sabed que yo estoy con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo» (Mt. 28, 16-20), pero no de un modo simbólico, ni siquiera de un recuerdo fervoroso, sino de una forma real, como indica la lámpara encendida junto a los sagrarios que contienen lel cuerpo y la sangre de Cristo.

Durante la ceremonia, me conmovió no solo la belleza del rito sino la presencia de los padres de Víctor. Palpé la emoción que les embargaba por saberse instrumentos indispensables en la elección que el Cielo ha hecho de su hijo. Forman un matrimonio alegre, divertido, normal (con la fuerza que guarda este adjetivo), que ha transmitido la fe a los suyos en un ambiente acogedor, alegre, divertido, normalísimo (insisto), en el que el amor a Dios empapa el jaleo habitual de una familia numerosa.

Todo aquel que va a ser revestido como sacerdote es consciente de todo lo que pierde, pero también de todo lo que gana, una fortuna que lleva un nombre tan necesario: servicio. Porque el buen cura es aquel que abandona todo (sus fuerzas, sus planes, sus metas) por servir a los demás y por vivir un paso por detrás, renunciando a todo protagonismo. Víctor, que es un hombre cabal, de una inteligencia llamativa, más que capaz para culminar una magnífica carrera profesional, una vez acabó la ceremonia y salió en procesión, revestido con los ropajes propios de la celebración de la misa, por detrás del obispo que le había impuesto las manos, mostraba en su rostro una felicidad sin límites, pues acababa de recibir la Gracia necesaria para olvidarse de sí mismo para abrazar las necesidades de los fieles.

Me quedo con una petición sencilla que realizó al día siguiente, como colofón de su primera Eucaristía: «los sacerdotes necesitamos de oración, mucha oración por vuestra parte», nos dijo con una sonrisa amable. «Por eso os pido que elevéis, al menos, un Avemaría cada día para que la Virgen me ayude a convertirme en un sacerdote que aspire a la santidad».

Miguel Aranguren

La entrada Reflexiones acerca de Víctor, un nuevo sacerdote<br/><span class=”autorcontitulo”><span class=”sinautor”>Sin Autor</span></span> se publicó primero en Jóvenes Católicos.

————————————————————————————————————————————————————————————

El anterior contenido fue publicado en:

Leer más