(Crédito: ACN Internacional)
El doble terremoto que recientemente ha sacudido a Venezuela, dejando más de 3.000 fallecidos y miles de familias damnificadas, ha despertado una inmensa ola de fe y solidaridad en todo el país. Ante la catástrofe, la Iglesia se ha volcado por completo: Cáritas y las parroquias locales se han transformado en centros de ayuda atendidos por numerosos voluntarios, convirtiéndose en el corazón de la asistencia humanitaria y espiritual.
En medio de este doloroso escenario, la superiora general de las Pías Discípulas del Divino Maestro, la hermana Bernardita Meraz, junto a su consejera, decidieron aplazar su regreso a Roma para quedarse a acompañar al pueblo venezolano. Tras vivir el seísmo en Barquisimeto, se trasladaron a zonas críticas de Caracas. Allí, entre los escombros de edificios derrumbados, se han dedicado a escuchar, abrazar y rezar con la gente, llevando también comida, ropa y medallas de la Divina Pastora a los afectados y a los exhaustos rescatistas. La hermana Bernardita destaca conmovida la profunda resiliencia de los venezolanos, quienes no se quejan contra Dios, sino que se apoyan en la fe para salir adelante, cobijados en campamentos improvisados en las aceras.
La hermana Bernardita asegura que las personas afectadas “no se quejan contra Dios, sino que dicen: ‘Con Dios seguiremos adelante. Dios nos ayuda, la Virgen nos ayuda, la solidaridad de la Iglesia nos ayuda’”.
Para sostener esta incansable labor en las diócesis de Caracas y La Guaira, la fundación pontificia Ayuda a la Iglesia Necesitada (ACN) ha aprobado una ayuda de emergencia de 100.000 euros. Estos fondos están destinados a respaldar a los sacerdotes y religiosas que, a pesar de sufrir daños en sus propias estructuras, siguen siendo faros de esperanza, acogiendo a los desplazados y sanando los corazones heridos.
Fuente: Ayuda a la Iglesia Necesitada
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