La vocación desarma el cálculo y desborda el egoísmo
Por: Eloy Asenjo Carpintero
Cuando Dios nos rompe los esquemas
Vivimos con frecuencia condicionados por la lógica del cálculo: queremos medir qué ganamos, qué merecemos y qué beneficio obtenemos de cada esfuerzo. Sin embargo, cuando Dios irrumpe en escena, desmonta nuestros moldes. Como nos recordaba el Papa León XIV en el último Ángelus a propósito de la parábola de los obreros de la viña, los planes y pensamientos de Dios superan con creces nuestros esquemas (cf. Is 55,8).
Frente a una mentalidad humana basada en méritos y cuentas pendientes, el amor divino actúa con una generosidad desbordante. Cuando esa mirada de amor interrumpe nuestras dinámicas, el egoísmo, las envidias y las rivalidades se desvanecen para dar paso a la gratitud y a la alegría compartida.
¿Una carga o una condena de la que huir?
Cuando se plantea una entrega vocacional profunda —ya sea al sacerdocio, a la vida consagrada, al celibato apostólico—, a menudo se percibe desde fuera como un peso gravoso. Se suele mirar el compromiso radical como un sacrificio gris, una privación de la libertad o una renuncia a la propia felicidad, imaginando la llamada de Dios como una carga difícil de sostener.
La vocación: una caricia en toda regla
Sin embargo, la experiencia real de la fe transforma por completo esta perspectiva: la vocación no es una mochila de piedras ni un peaje agotador, sino una caricia de Dios.
Es el toque tierno y providente con el que el Creador elige a una persona para hacerla colaboradora directa en su obra. Lejos de apagar la vida o aislarla, esta llamada actúa como un abrazo que colma el corazón. Lo más hermoso es que esa gracia no se queda en un plano individual; por un desborde natural, esa caricia alcanza, reconforta y llena de alegría a todos los que rodean a esa persona: a la familia, a los amigos y a la comunidad entera.
El gozo de servir sin egoísmo
Aceptar este don nos descubre que trabajar por el Reino de la justicia y de la paz no restringe la libertad, sino que la eleva a su máxima expresión. Donde Dios irrumpe de este modo, el egoísmo se disuelve y la entrega cotidiana deja de ser un esfuerzo para convertirse en puro sentido y plenitud.
Al final, responder a su llamada no es otra cosa que abandonarse con confianza en Alguien que nos conoce por dentro y busca lo mejor para nosotros, ofreciéndonos una felicidad auténtica que el mundo no puede arrebatar.
Eloy Asenjo Carpintero

(Madrid, 1965) es Licenciado en Ciencias Físicas por la Universidad Autónoma de Madrid (1988) y docente de Enseñanzas Medias en las áreas de Matemáticas, Física e Informática. Con experiencia como consultor en e-learning e implantación de tecnologías educativas, actualmente imparte clases en el Colegio María Teresa de Alcobendas y desarrolla recursos didácticos interactivos para la enseñanza de las ciencias en Secundaria y Bachillerato.
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