Pentecostés no es solo el recuerdo de algo que pasó una vez en Jerusalén.
Es la certeza de que la Iglesia no vive de sus fuerzas, sino del aliento de Dios.
1️⃣🔥 Los apóstoles estaban reunidos.
No estaban dispersos, cada uno con su ocurrencia espiritual.
El Espíritu Santo desciende sobre una Iglesia reunida, orante, obediente.
La gracia no nos aísla. Nos introduce en la comunión.
2️⃣🌬️ “Se produjo desde el cielo un estruendo, como de viento”.
El Espíritu no nace de nuestras estrategias.
Viene de lo alto.
La Iglesia no se renueva por activismo pastoral, sino cuando se deja visitar por Dios.
Y eso exige oración.
3️⃣🕊️ “Empezaron a hablar en otras lenguas”.
Pentecostés no crea confusión.
La sana.
En Babel, el pecado dispersa.
En Pentecostés, el Espíritu une sin destruir la diversidad.
Cada uno escucha “las grandezas de Dios” en su propia lengua.
4️⃣📖 Evangelizar no es hablar para lucirse.
No es imponer un lenguaje incomprensible.
Es anunciar a Cristo de tal modo que el otro pueda oír, entender y descubrir que Dios también le habla a él.
5️⃣🙏 El salmo lo dice con una belleza enorme:
“Envía tu Espíritu, Señor, y repuebla la faz de la tierra”.
Cuando falta el Espíritu, todo se seca.
La fe se vuelve costumbre.
La moral se vuelve peso.
El alma se queda sin aliento.
6️⃣💧 Pero cuando Dios envía su Espíritu, todo vuelve a vivir.
La gracia levanta.
El perdón limpia.
La oración se enciende.
La esperanza reaparece.
El corazón cansado descubre que todavía puede amar.
7️⃣⛪ San Pablo recuerda algo decisivo:
“Nadie puede decir: Jesús es Señor, sino por el Espíritu Santo”.
La fe no es solo una idea correcta.
Es una gracia.
Creer, adorar y confesar a Cristo como Señor es obra del Espíritu en nosotros.
8️⃣🧩 También dice san Pablo que hay diversidad de carismas, ministerios y actuaciones, pero un mismo Espíritu.
La Iglesia no es uniformidad.
Pero tampoco es caos.
Cada don recibido es para el bien común.
El carisma que no edifica se convierte en vanidad espiritual.
9️⃣🚪 En el Evangelio, los discípulos están encerrados “por miedo”.
También nosotros podemos vivir encerrados: por heridas, cansancio, pecado, prudencias excesivas o tristezas viejas.
Y Cristo entra igualmente.
Las puertas cerradas no detienen al Resucitado.
🔟❤️ Jesús se pone en medio y dice:
“Paz a vosotros”.
La paz cristiana no nace de que todo esté controlado.
Nace de que Cristo está en medio.
Y para demostrarlo, enseña las manos y el costado.
La paz viene del Crucificado resucitado.
1️⃣1️⃣🌿 Después sopla sobre ellos:
“Recibid el Espíritu Santo”.
Como en la creación, Dios vuelve a dar aliento.
Pentecostés es una nueva creación.
El hombre viejo, encerrado y temeroso, puede ser recreado por la gracia.
No nos salvamos a pulso. Nos salva Dios.
1️⃣2️⃣✝️ Y ese Espíritu se manifiesta de un modo muy concreto:
“A quienes les perdonéis los pecados, les quedan perdonados”.
Pentecostés tiene mucho que ver con el perdón.
La Iglesia nace misionera, sí.
Pero también nace como lugar donde Cristo sigue perdonando.
1️⃣3️⃣🕯️ Por eso no basta pedir al Espíritu entusiasmo.
Hay que pedirle conversión.
Que sane lo enfermo.
Que lave las manchas.
Que doble lo rígido.
Que caliente lo frío.
Que guíe lo torcido.
Lo dice la Secuencia. Y lo dice mejor que muchos tratados.
1️⃣4️⃣🔥 Hoy la Iglesia vuelve a suplicar:
Ven, Espíritu Santo.
Ven a nuestras parroquias.
Ven a nuestros cansancios.
Ven a nuestras divisiones.
Ven, sobre todo, a lo que en nosotros todavía no se deja tocar por Cristo.
1️⃣5️⃣🙏 Pentecostés no termina cuando acaba la Misa.
Empieza cuando salimos enviados.
“Como el Padre me ha enviado, así también os envío yo”.
El Espíritu no se recibe para guardarlo en una vitrina piadosa.
Se recibe para vivir como testigos del Resucitado.
Ven, Espíritu Santo.
Llena los corazones de tus fieles.
Y enciende en ellos la llama de tu amor.
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