CATÓLICOS EN SALAMANCA – Jesús Obrero estrena un centro parroquial abierto al barrio

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La remodelación ha transformado por completo los antiguos locales para hacerlos más accesibles, eficientes y acogedores. Un espacio renovado que ya acoge la intensa vida pastoral y social de una de las parroquias con mayor actividad

 

SERVICIO DIOCESANO DE COMUNICACIÓN

Hay lugares que hablan de quienes los habitan. El centro parroquial de Jesús Obrero, en el barrio de Pizarrales, es uno de ellos. Cada semana, sus salas se llenan de niños que se preparan para la Primera Comunión, jóvenes de Confirmación, voluntarios de Cáritas, grupos de formación, personas mayores, miembros de Fe y Luz, catequistas, familias y vecinos que encuentran aquí un espacio de encuentro, escucha y acompañamiento.

El párroco de Pizarrales, Fernando García Gutiérrez

Después de meses de obras, y una inversión de más de 300.000 euros, este edificio comienza una nueva etapa. La remodelación ha permitido adaptar unas instalaciones que acusaban el paso del tiempo y que ya no respondían a las necesidades de una comunidad parroquial muy viva. Hoy, el nuevo centro ofrece espacios más amplios, accesibles y confortables, pensados para seguir impulsando la misión de la parroquia y fortaleciendo su vínculo con el barrio.

“La vida de la parroquia transcurre aquí de forma maravillosa”, resume el párroco de Jesús Obrero, Fernando García Gutiérrez, mientras recorre unas instalaciones que ya vuelven a estar llenas de actividad. “Las personas mayores tenían dificultades para acceder y, además, en invierno los locales eran muy fríos, y era muy difícil mantener una temperatura adecuada, y ahora, todo eso ha cambiado”.

Una casa que no deja de abrir sus puertas

La agenda semanal del centro parroquial refleja el pulso de la comunidad. Cada día se celebra la eucaristía en la nueva capilla, que se ha convertido en el corazón del edificio. Los lunes y martes se reúnen los grupos de Pastoral de la Salud, cuyos voluntarios visitan previamente a enfermos y personas mayores antes de compartir formación y revisar su labor. También tienen su espacio la Lectio Divina, un grupo de autoayuda para mayores, la formación de adultos y las reuniones del Consejo Pastoral.

Los miércoles las salas se llenan con los niños de catequesis; los viernes son los miembros de la Hermandad del Silencio quienes utilizan las instalaciones, mientras que los sábados toman el relevo los grupos Junior. A ello se suman las reuniones de Fe y Luz, la atención semanal de Cáritas y el despacho parroquial, además de distintos encuentros de comunidades del barrio.

“El centro parroquial tiene mucha vida y más que tiene que tener”, afirma el párroco. “Las comunidades de vecinos también nos piden utilizar estos espacios para sus reuniones, y siempre han sentido que esta es su casa”.

Una reforma pensada para las personas

La intervención ha supuesto una transformación integral del edificio. Fernando Delgado, arquitecto técnico de la Diócesis de Salamanca, explica que uno de los principales retos era resolver los problemas de accesibilidad y confort que presentaban los antiguos locales.

El arquitecto técnico de la diócesis, Fernando Delgado.

Para ello se ha creado un nuevo acceso junto a la iglesia, sustituyendo la antigua entrada por un itinerario completamente accesible mediante rampas que permiten el paso de personas con movilidad reducida, sillas de ruedas o carritos infantiles. También se han adaptado los aseos y reorganizado los recorridos interiores.

Otro de los grandes cambios ha sido la rehabilitación energética del edificio. Se ha mejorado el aislamiento para acabar con las humedades y con el intenso frío que sufrían las instalaciones durante el invierno. Además, el nuevo sistema de climatización permite calentar únicamente las salas que se están utilizando, mejorando el confort y reduciendo el consumo energético.

La distribución interior también se ha renovado, manteniendo la funcionalidad del edificio, pero creando espacios más versátiles para responder a la diversidad de actividades que acoge la parroquia.

La capilla, el corazón del centro parroquial

Si hay un lugar que simboliza el espíritu de la reforma es la nueva capilla. Situada en el centro del edificio, ha sido concebida como un espacio de oración abierto a toda la comunidad. “Queremos que este sea un lugar donde las personas puedan encontrarse con el Señor”, explica Fernando García Gutiérrez. Allí se celebra la eucaristía diaria, los niños rezan antes de comenzar la catequesis y numerosos grupos encuentran un ambiente de silencio y recogimiento.

Tres nuevas vidrieras representan el Bautismo, la Confirmación y la Eucaristía, los sacramentos de la iniciación cristiana, acompañadas por las imágenes de Cristo y la Virgen, creando un espacio sencillo y luminoso que invita a la oración.

Cada rincón del centro parroquial recuerda también la historia y las raíces de la comunidad. Las distintas salas llevan el nombre de figuras especialmente vinculadas a la vida de la Iglesia y de la parroquia: Santa Teresa de Jesús, patrona de la diócesis; la Virgen del Carmen y el Sagrado Corazón de Jesús, titulares del templo; Santa Joaquina de Vedruna, en homenaje a las Carmelitas de la Caridad presentes en el barrio desde sus inicios; Santa Bonifacia Rodríguez, referente del mundo obrero, y San Juan Bosco, como reconocimiento a la presencia salesiana.

El edificio incorpora además un despacho concebido como espacio de acogida y trabajo compartido, un pequeño office para convivencias y encuentros, así como salas polivalentes capaces de adaptarse a grupos muy diversos.

“Ha sido una bendición”

La transformación ha sido recibida con enorme ilusión por quienes llevan años formando parte de la comunidad parroquial. Justo Mira de Cabo, miembro de la comunidad, catequista de Confirmación, coordinador del grupo de monaguillos y secretario del Consejo Pastoral, reconoce que volver a disfrutar de estas instalaciones supone un motivo de alegría.

Justo Mira de Cabo

“Esta siempre ha sido nuestra casa, pero era una casa antigua, y ahora es un espacio bonito, limpio, práctico y totalmente accesible. Lo necesitábamos. Ha sido una bendición para esta nueva etapa de evangelización”, afirma, al tiempo que agradece el apoyo de la diócesis para hacer posible esta actuación.

También Iván, catequista, integrante de Fe y Luz y miembro de la junta de la Hermandad del Silencio, mira al futuro con esperanza. Para él, los nuevos espacios ayudarán a que más niños, jóvenes y familias se acerquen a la parroquia y encuentren en ella un lugar donde crecer en la fe y formar parte de la comunidad.

Iván es catequista y miembro de Fe y Luz

Mirando al futuro del barrio

Más allá de la mejora del edificio, la comunidad de Jesús Obrero entiende esta reforma como una apuesta por el futuro de Pizarrales. El barrio sigue creciendo y recibiendo nuevas familias, mientras la parroquia continúa siendo un referente por su labor pastoral y social. Fernando García Gutiérrez está convencido de que estos nuevos locales permitirán responder mejor a esa realidad.

“Los que ya forman parte de la comunidad siempre tiran del carro, pero quienes llegan necesitan encontrar espacios acogedores, preparados para los tiempos de hoy, y queremos que estos locales sigan siendo un lugar abierto para impulsar la vida del barrio, acompañar a las familias y anunciar el Evangelio“.

Porque, más allá de unas paredes renovadas, el nuevo centro parroquial de Jesús Obrero nace con el mismo propósito que ha guiado a la parroquia desde sus orígenes: ser una casa abierta donde la fe se vive en comunidad y donde siempre hay sitio para quien cruza la puerta.

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