CATÓLICOS EN SEVILLA –
Celebrando el próximo 17 de julio la fiesta de las Santas Justa y Rufina traemos hoy a nuestra sección esta hermosa pintura de las mártires alfareras que forma parte de la extensa colección pictórica perteneciente a la Catedral de Sevilla y que muestra una interesante vista de nuestra ciudad.
Formando pareja con otra pintura de similares características que representa a San Isidoro y San Leandro, esta pintura se encuentra actualmente en la Sacristía de la Capilla de la Antigua. Es obra atribuible al pintor sevillano de origen flamenco Ignacio de Ries (1616- h. 1670), que fue discípulo de Zurbarán, con quien se debió formar y colaboró en su taller, y debieron ser realizadas entre 1650 y 1655.
En esta pintura se nos muestra a las Santas Justa y Rufina en su iconografía usual, es decir, con la Giralda entre ellas, si bien en esta ocasión se muestra también tanto la Catedral como su entorno urbano, representado al estilo de ciudad ideal. Como curiosidad, la Giralda se muestra sin las varas de azucenas en las jarras, como sucede estos días, ya que las flores de bronce fueron colocadas en 1751, aproximadamente un siglo después de que esta pintura fuera realizada. Bajo la Giralda distinguimos el Corral de los Olmos, del cual podemos entrever el chapitel de su torre, así como la primitiva Puerta de los Palos, así llamada por estar realizada con gruesos maderos y que se abría en uno de los arcos que unían la Giralda con el Palacio Arzobispal. El Corral de los Olmos, sede de los Cabildos secular y eclesiástico de la ciudad, fue derribado en la segunda mitad del siglo XVIII. Tras su desaparición, el nombre de Puerta de los Palos pasará a la puerta de la Catedral que estaba más cercana a ella, la de la Adoración de los Reyes.
Tras la Puerta de los Palos, se alza el ábside de la Capilla Real y su cúpula. Al otro lado de la Giralda distinguimos la fachada de la Catedral que da a la actual calle Cardenal Amigo Vallejo, con la Puerta del Lagarto, tras la cual emergen las naves de la Catedral gótica.
Ante esta visión de la ciudad, en el exterior, las santas hermanas aparecen bajo un cielo cubierto de nubes y sosteniendo en sus manos las palmas alusivas a su martirio y los cacharros de cerámica propios de su condición de alfareras.
El rígido esquema compositivo de la obra queda aliviado por la diferencia en el atuendo que visten cada una de las mártires trianeras, vestiduras que sobresalen por su sofisticación y elegancia y que se enriquecen con diversas joyas.
Como señalaba el recordado catedrático Enrique Valdivieso, en esta obra se advierte la influencia de dos grandes maestros de la pintura sevillana, vinculándose así dos generaciones y dos estilos sucesivos en el tiempo. Por un lado, la pintura nos muestra la gravedad y el estatismo de Zurbarán, mientras que igualmente, descubrimos en ella la amabilidad expresiva propia de Murillo.
Antonio R. Babío, delegado diocesano de Patrimonio Cultural
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