Se casó, su marido enfermó y murió pocos meses después. En medio del dolor descubrió una verdad que cambió su historia: Dios no destruye nada.
Un testimonio de duelo, fe, misericordia y discernimiento para quien hoy necesita volver a confiar.
Durante años, intentó responder a Dios apoyándose sobre todo en sus propias fuerzas. Aquello le dejó heridas profundas y la sensación de haber fracasado.
Entonces conoció a Rubén. A través de su forma sencilla de amar y de confiar en el Señor, descubrió que Dios no la quería por lo que hiciera, sino porque era su hija.
Poco después de casarse, Rubén enfermó y murió. En medio de ese dolor, le dejó una frase que marcó su vida:
«El Señor no destruye nada. Va haciendo su propio camino».
La Oración de Misericordia, la dirección espiritual y el paso de los años le ayudaron a esperar sin precipitarse. Hoy vive un nuevo tiempo de discernimiento, con paz, confiando en que Dios tiene un plan precioso para cada uno.
¿Hay algo de tu historia que hoy no entiendes? Puedes escribir en los comentarios:
«Señor, ayúdame a confiar».
Parroquia Santo Domingo de la Calzada de Algete (Diócesis de Alcalá de Henares)
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